Autor: Escobar y Kirkpatrick, José Ignacio (MARQUÉS DE VALDEIGLESIAS). 
   La teoría monárquica del movimiento     
 
 ABC.    09/06/1961.  Página: 57. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

LA TEORIA MONARQUICA DEL MOVIMIENTO

En el discurso del Jefe del Estado al inaugurar la VII legislatura de las Cortes Españolas, todos los temas fundamentales de la política de nuestro tiempo fueron abordados con acierto y prudente mesura. En esta hora de retroceso continuo de Occidente ante el enemigo asiático, por él engendrado, amamantado y protegido en su crecimiento hasta convertirlo en una amenaza jamás conocida para la Humanidad, las palabras de Franco—respaldadas por su actuación durante un cuarto de siglo—ofrecen serio terna de meditación a quienes, bajo el efecto de tantos tópicos, falacias e inanidades´ que constituyen la diaria cantinela de tantos órganos de información • del mundo llamado libre, no hayan perdido del todo la facultad ,de razonar per cuenta propia.

La perfecta legitimidad do origen de nuestro régimen no podría ser puesta, en duda ni por los más rigurosos exégetas de los principios del Derecho público. El más tímido repato resultaría grotesco en la era colocada bajo el signo de Yalta, donde sólo tres hombres—de ingrato recuerdo—trazaron por sí la configuración política del mundo, y mediante una decisión trágica de su arbitraria voluntad entregaron a la esclavitud comunista a tantas naciones de ´noble abolengo cristiano. ¿Acaso la libre decisión de un, pueblo—refrendada con su sangre—de no someterse al comunismo resultará menos legítima que la de tres.hombres—refrendada con copas de vodka y sandwiches de caviar—de entregar centra sil voluntad al comunismo a millones ce seres humanos?

Sin embargo, cuando no ya "gentes de cortos alcances", sino tantos compañeros de viaje del comunismo, falsos intelectuales turbios y "tontos útiles" tratan insidiosamente de rebajar el valor de la gloriosa epopeya más reciente de nuestra Historia—como muy bien dijo Franco—, es bueno que so recuerde la verdadera significación de nuestra Cruzada, que no puede encuadrarse en los clásicos y angostos límites de las guerras civiles.

En cuanto a lo que podría denominarse "legitimidad de ejercicio", o justificación por sus obras del régimen nacido de la Victoria, las palabras del Generalísimo fueron también explícitas y categóricas.

Partiendo de cero, comenzando a edificar sobre el ancho solar en que había quedado convertida España, y sin ayuda exterior hasta hace muy pocos años, las realizaciones materiales son verdaderamente impresionantes. Mas no sólo a ellas se refirió Franco. El nuestro—dijo—es un régimen representativo, a través de cauces más adecuados que "el voto individualista e inorgánico que manipulan los partidos banderizos y trucan los complicados cubileteos electorales".

"En su forma concreta—sigo citando palabras literales—se estableció, conforme a las exigencias más populares de la doctrina del Movimiento, un sistema monárquico, que en virtud da la coyuntura y de la empresa acometida plasmó en -la figura jurídica e histórica del Caudillaje." Por otra parte, "el proceso fundacional de realización progresiva", y expresante se remacha que "la doctrina que fe de norma, orientación y fuerza mo- al régimen no puede ser el cauce.

e un republicanismo sin horizontes".

´´La República atea, antinacional, agria, sectaria, irresponsable y disolvente" quedó desde 1936 descartada, como asimismo "cualquier sistema liberal, cortesanía, ineficaz y parlamentario." "Los que simulando fervores institucionales intentan, precipitar, al margen de lo establecido, el curso normal, previsto y regulado de este proceso", "se mueven en el ámbito de una concepción personalista, descubriendo así una propensión a 3a infidelidad y a la deslealtad, los dos ´vicios más contrarios a los valores que caracterizaron siempre a los auténticos servidores de la Institución".

La doctrina monárquica que todas estas frases contienen es. innegable. No otra cosa han sostenido siempre diversos, ,y los más numerosos; sectores monárquicos, así como los teóricos tradiciónales. Repetidas veces ¿firmó, por ejemplo, "La Época"—durante los años de la República—que "ni ser amigo del Rey es lo mismo que ser monárquico, ni es sólo el procedimiento para designar la suprema magistratura del Estado lo que diferencia a la Monarquía de la República. Es el contenido de cada uno de estos regímenes lo que cuenta. Por eso, la Monarquía que cayó el 14 de abril tenía de tal poco más que el nombre, por lo que a nadie se le ocurriría pensar, después de la catástrofe, que las cosas habían de ser simplemente vueltas a colocar como estaban antes"

"¡Restauración, no; instauración, sí!" Fue "La Época" la primera en lanzar esta consigna, el 16 de junio de 1934. "No queremos restaurar la Monarquía volviéndola a poner exactamente como estaba el 12 de abril de 1931; o antes de las Cortes de Cádiz, o, durante los años de gloria del inmortal Carlos V", se escribió entonces. "Es preciso forja un Estado nuevo, utilizando todas las instituciones que en el correr de los tiempos han demostrado su idoneidad y aptitud para deparar un buen gobierno y una organización justa de la sociedad," Y unos días después—el 21 de junio—se añadió: "Al hablar de Monarquía no hacemos alarde de un lealismo personalista, ni de una cuestión previa. Lo ´sustancial- es la Institución y el conjunto de valores a cuya defensa está adscrita. Creemos que, en la hipótesis de triunfar los monárquicos, antes de que se instaurase la Monarquía, habrían de trazarse las líneas fundamentales del nuevo Estado y convocarse unas Cortes que representaran coa toda autenticidad, a la nación española ; y estas Cortes habrían de fijar—de acuerdo con nuestra Historia y con las necesidades de los tiempos—las leyes y preceptos fundamentales que, siguiendo tradición inveterada, el Rey ha, de jurar y conservar."

Al día siguiente de pronunciar él Generalísimo su trascendental discurso, se escribía en "Arriba": "Hay a quien.no le ha gustado. A los menos, los muy menos. Pertenecen a la clase de lon politicastros, de los que todavía se hacen trasnochadas ilusiones de restauraciones cortesanas, o a la de los compañeros de viaje, o los tontos útiles. Se trata de una clase a extinguir. En cambio a nosotros, los falangistas, sí ríos ha gustado, y; no nos mordemos la lengua para proclamarlo. Nos ha gustado todo, desde el principio, hasta el fin." Opino sinceramente que esos discrepantes del discurso deben ser, en efecto, tan pocos entre. los espinóles con sentido nacional que no valia la pena de. aludirlos.. Aun ampliando un poco la lista con alguna otra categoría, como la de quienes quisieran desvirtuar la esencia monárquica del Movimiento y torcer, su curso natural previsto por Franco, es posible que cupieran todos juntos en un autobús.

Somos todos los españoles del 18 de Julio los que estamos con el discurso de Franco y los que nos felicitarnos de que esa doctrina monárquica del Movimiento Nacional—a la que Franco ha dedicado párrafos tan terminantes .coincidiendo, como es lógico, con la que "desda siempre han enseñado los maestros del pensamiento tradicional y cristiano, y con la que han defendido los "auténticos servidores de la Institución"-- siga despertando esa adhesión . entusiasta que estuvo patente en las prolongadas ovaciones que resonaron durante el discurso.

El Marqués de VALDEIGLESIAS

 

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