Autor: Ysart, Federico. 
   Las 20 dimisiones     
 
 Cambio 16.    18/11/1974.  Página: 6-8,. Páginas: 3. Párrafos: 21. 

Las 20 dimisiones

"Tengo el convencimiento, a la vista de la evolución política general, que las

personas con antecedentes e ideas democráticas no vamos a contar el ambiente

imprescindible para realizar una tarea útil a la colectividad desde los puestos

análogos al que he venido ocupando." En estos términos dimitía a comienzos de la

pasada semana Miguel Boyer, jefe de estudios del Instituto Nacional de

Industria. Boyer no hacía otra cosa que seguir los pasos del presidente del INI,

Fernández Ordóñez. Y Fernández Ordóñez seguía el lunes 4 los de Barrera. Y

Barrera, el día 29 misino, los de Pío Cabanillas. ¿Y Pío?

En este país, que arrastra en su parla cotidiana expresiones tales como "le han

dimitido" por una especie de extraño pudor a conjugar las cosas por su nombre,

la ola de "dímisiones-verdad" que lo han trasteado desde el día 29 de octubre

han resultado algo verdaderamente insólito.

Insólito, naturalmente, para quienes siguieran mirándolo como la tierra de los

años 40; o como un cortijo; o como un "sembrao" de lealtades, así en plural.

Pero al cortijo le han salida aparceros, y de vez en cuando se oye hablar de la

lealtad en singular: la de Fernández Ordóñez a Barrera, o la de Marcelino Oreja

a España, a secas ("a esa cosa hermosa, noble y entrañable que se llama

España", como terminó sus palabras de despedida).

Crisis y bajón de Bolsa

Puede que en la estrategia de los promotores de la crisis estuvieran escritos

los ceses de cuantos fantasmagóricos enemigos infiltrados minaban día a día la

fuerza del Estado. Y el Ministerio de Información y Turismo (MIT) era en este

sentido un empezar y no terminar, Puede, incluso, que estuviera previsto un

desenmascaramiento general de esc "enemigo" presuponiendo en él la coherencia y

desinterés necesarios a la hora de las dimisiones. En este segundo caso las

presunciones resulta que no iban a ir descaminadas, pero en el primero las

presas levantaron vuelo antes de los escopetazos.

El presidente Arias se esforzó el mismo día 29 en contener las muestras de

coherencia dentro de esas otras lealtades. No consta que lo intentara de forma

concluyente en el caso de Barrera, su vicepresidente segundo. Si en el Consejo

Nacional alguien levantó la voz, seguramente fue el dimisionario.

Información y Turismo

Barrera de Irimo fue un ministro de Hacienda exigente desde los mismos días de

enero, cuando pidió manos libres para contratar su equipo. Siguió jugando fuerte

en la primavera, cuando el Gobierno no parecía resignado a plantear al país el

problema económico en su auténtica dimensión. También en las jornadas coruñesas,

cuando el fin de la interinidad era todavía un albur. Y por último, en la

preparación del programa de medidas económicas aprobado el 25 de octubre.

Los bulos, dueños de la situación durante quince días seguidos, sirvieron a los

descalificadores de la apertura para complicar en la operación hasta al mismo

Príncipe: "el Príncipe ha pedido a Barrera que no se marche"; "Barrera fue

llamado anoche a El Pardo"... Ni Arias, ni el Príncipe, ni nadie. Barrera de

Irimo se fue el primero. La Bolsa de Madrid bajó seis puntos en una semana.

"Piedras de escándalo"

Marcelino Oreja se enteró del cese de su ministro a media tarde del mismo lunes

28. En aquella hora, medio gobierno ignoraba la situación de Pío Cabanillas;

algunos ministros no se enteraron de su cese hasta la mañana del 29. En la tarde

y noche del 28 hubo intentos de suavizar la drástica decisión, pero sin

resultados positivos. Las esferas más aperturistas del Gobierno se movilizaron

después de cenar en esa dirección y prepararon el contraataque para el día

siguiente, pero las esperanzas eran escasas.

Cuando el jueves anterior día 26 Pío Cabanillas llegaba de su viaje por Oriente

Medio, y se dirigió directamente a la Presidencia acompañado en el coche por

Marcelino Oreja, quedó enterado de la ristra de rumores que se abatían sobre su

persona. Y, según fuentes fidedignas, entró en la reunión del gabinete con el

ánimo de estar ya cesado. El presidente Arias se encontraba sin embargo en

aquellos momentos despachando en El Pardo, y de allí surgió ¡a decisión.

Hasta entonces, todo eran rumores. Durante el fin de semana posterior, Arias se

reservó el dato, pero la fortaleza del equipo del MIT estaba ya quebrada. Oreja,

Rosón y De la Cierva eran apuntados como las piedras de escándalo de la política

de Pío. ¿Qué decisión cabría esperar de ellos el mismo lunes 28?

Si en el caso del equipo de Barrera en Hacienda la decisión política de su

titular era intransferible, el cese de Cabanillas en el MIT suponía el final de

una política, y los servidores políticos de esa política sólo quisieron tomar un

camino coherente: quitarse de en medio; no a otra cosa pueden reducirse sus

dimisiones. Ni Pío Cabanillas ni ningún otro ministro en esa circunstancia pudo

ni hubiera podido pedir continuidad a sus hombres, y convertir sus dimisiones en

actos protocolarios. Y así, desde su primera entrevista, el jueves día 31,

Marcelino Oreja puso la Subsecretaría de Información y Turismo a disposición de

León Herrera. Este comprendió, y comenzó a buscar sustituto.

Los "Tácitos"

La misma noche del día 29 se reunió la permanente de los "Tácitos".

Y en el calor de la derrota adoptaron dos acuerdos más tarde revisados: dimitir

de todo cargo oficial relevante y no aceptar cuantos les pudieran ser ofrecidos.

Volvieron a reunirse el día 30, y el 31 publicaban en "Ya" un pequeño manifiesto

más prudente, pese a lo cual se llevaron la reprimenda de la prensa oficial: la

postura de los "Tácitos" fue tachada de ridicula, irresponsable, precipitada...,

porque todo iba a seguir igual.

La avalancha de posibles dimisiones puso en marcha, ahora sí, los esfuerzos más

heroicos para tratar de salvar la imagen. El equipo aperturista de la

Presidencia, salvado de la crisis pero evidentemente en precario, fue convencido

de que se había perdido una batalla, pero nada más. Romay, Jáudenes, Cisneros,

etc., y hasta el mismo ministro, Antonio Carro, según fuentes "de dentro",

pospusieron su decisión hasta el momento en que nadie pudiera hablarles de que

aún quedaban ¡batallas por ganar. En suma: hasta ver cómo salían las

asociaciones.

En esa situación quedaban englobados igualment hombres como Landelino Lavilla,

un "Tácito" en la Subsecretaría de Industria, o Sánchez Terán, en la de Obras

Públicas. En el "ABC" del día 2 se pedía a los jóvenes democristianos que no

siguieran la senda de don Blas: "Ayudar y urgir, esa es la pauta para quienes,

como "Tácito" y tantos otros, quieren un país más habitable. No exiliarse, ni

siquiera por inacción", escribía Ruiz Gallardón.

¿Hacienda?

León Herrera comenzó la semana del día 4 llamando uno a uno a los directores

generales de la casa. En algún caso la cordialidad en el recibimiento fue

correspondida hacia la persona de un viejo amigo, no a la figura del sucesor de

Cabanillas. Y así fueron presentando su dimisión, uno a uno, en una impetuosa

cascada, Ricardo de la Cierva, Juan José Rosón, Ignacio Aguirre, Alejandro Royo-

Villanova, Fernando Castedo, Osear García Siso, Rogelio Diez, M. Fraile, José

Luis Fernández García y, en términos menos drásticos, al parecer, Jiménez

Quilez.

En algunos casos, Herrera prometió nuevas acomodaciones dentro de la misma

categoría, pero sin resultado. Tal vez el caso de Manuel Jiménez Quilez revista

caracteres diferenciales como para resultar una excepción. El director general

de Coordinación Informativa fue compañero del actual ministro en el ministerio

Fraga. Si León Herrera se presentó el viernes 8 a los periodistas como

continuador de la política Fraga ("y de la de Pío Cabanillas, a quien tengo el

honor y el dolor de suceder"), nada más natural que quiera por todos los medios

conservar tan siquiera una señal evidente de su cordón umbilical. Y Quilez salió

el fin de semana último para Londres a charlar con el embajador.

De TV. E. al I. N. I.

TV. E. fue, desde comienzo de la apertura, uno de los pretextos esgrimidos por

los sectores más conservadores: desde el nombramiento de Juan Luis Cebrián para

la jefatura de los servicios informativos de la primera cadena hasta los

recientísimos de otros periodistas de talante abierto, pasando por las

deslumbrantes apariciones de Rocío Jurado, todo ponía en movimiento las plumas

de la prensa "azul" para pedir la llegada del fuego purificador. Naturalmente,

las dimisiones de Fernando Gutiérrez director de TV. E. y de Juan Luis Cebrián

fueron automáticas. Incluso este último no volvió por el despacho a partir del

día 5. Los directores generales del ministerio se comprometieron a seguir en sus

puestos hasta el día 22.

Si en el MIT algún director-funcionario puso sordina a su dimisión, en Hacienda

todos funcionarios de alguno de los cuerpos especiales de la casa se cortó

radicalmente la marea de la solidaridad. Fuentes de la casa afirman que Cabello

de Alba comenzó pidiendo a los dos subsecretarios que continuaran en sus puestos

por el momento. Sin embargo, el miércoles, día 6, López Muñiz saludaba en el

despacho de su ministro a su sucesor, Benzo, y Fernández Bugallal haría lo mismo

con José Luis Cerón. No tuvieron ocasión de dimitir.

Desde aquí a un mes, es más que probable que la misma suerte corran buena parte

de los directores generales de Hacienda, y que el peso del equipo vuelva de los

inspectores del Timbre a Jos abogados del Estado.

Pero, de momento, su carácter de funcionarios "militarizó" el

cambio.

El INI, sin embargo, resultó incontrolable. Francisco Fernández Ordóñez presentó

su solidaridad con la decisión de Barrera el mismo día 29. Como deshojando una

margarita, los rumores sobre la firmeza de su postura supervivieron durante seis

días, hasta que, tras el fin de semana, F. Ordóñez anunció su definitivo adiós.

Y, con él, Pérez Escolar (presidente de Entasa y de la comisión de Financiación

del IV Plan de Desarrollo), Miguel Boyer, Carlos Solchaga y Carlos Bustelo,

director de estudios, subdirector y subdirector financiero, respectivamente.

"Como para no tener en cuenta al INI como carácter de palanca política del

Gobierno", decía un funcionario.

Decir hasta luego

La crisis del 29 de octubre (día a apuntar como crítico en los anales de la

francología) ha evidenciado una situación nueva en las cosas del gobierno del

país. Lo nuevo, según los expertos ha resultado comprobar que es posible

dimitir; que, de una forma u otra, veinte hombres han podido decir hasta luego,

y aquí no ha pasado nada. No se les ha creado un nuevo ministerio, como tuvo que

afrontar Arrese, ni se han visto obligado; a atrancar las puertas de sus casas

como hicieron metafóricamente, claro está Lora Tamayo o Espinos: San Martín años

más tarde. Eso, y e sentido de servicio a una política indeclinable.

FEDERICO YSART

INI

TVE

N.º 157/18-11-7

6/CAMBIO16

 

< Volver