Un programa de régimen     
 
 ABC.    01/02/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

ABC. VIERNES 1 DE FEBRERO DE 1974.

UN PROGRAMA DE RÉGIMEN

La desorientación relativa con que se ha recibido en el extranjero la

designación del actual Gobierno se compensa desde dentro con una generalizada

esperanza política. Sin cumplir su primer mes, el Gobierno ha apuntado razones

que abonan la favorable expectativa. Lejos de marginar, y menos de combatir, a

los políticos que le han precedido en el uso legítimo del Poder, va situándoles

en posiciones relevantes de la Administración institucional. Deja adivinar, y a

veces adelanta ya en las páginas del Boletín diversas correcciones al rumbo

económico y educativo que se reconocen como certeras. Recaba y consigue

colaboraciones eminentes en diversos sectores de la vida pública. En el

delicadísimo terreno de la información desde el Poder parece definirse un

positivo cambio de actitudes. Los equipos recién estrenados reorganizan con brío

sus Departamentos, de los que parece emanar nueva energía tras etapas quizá

desaceleradas.

Se comentó con elogio el corte inicial a ciertos espectáculos, a veces ingratos,

en que habían degenerado algunas tomas de posesión. Consumados prácticamente los

relevos, es de esperar que ahora se preparen declaraciones de alto nivel,

centradas sobre la realidad, fuera de la emoción del nombramiento y el cese.

Tampoco sorprendería que la propia Presidencia del Gobierno, ante la buena

acogida de su primera declaración de urgencia, pueda meditar en estos días sobre

la exposición, más profunda y detallada, de un auténtico programa de Gobierno

donde se concreten ciertas directrices que entonces quedaron deliberadamente en

un plano genérico.

Si no fallan tales previsiones, el pueblo español afianzaría sobre bases más

sólidas su inicia] confianza en el Gobierno Arias. Gobierno que, en su

presidencia y en sus miembros, cuenta con personalidades capaces no sólo de

articular un convincente programa gubernamental, sino de adelantar algo todavía

más necesario y trascendente: un programa de régimen para el período de

indudable transición que en medio de una crisis mundial imprevisible y al

término de una fecunda etapa histórica está viviendo España. No es ningún

secreto que durante anteriores etapas se generó un peligroso clima de decepción

ante lo que el pueblo español, no solamente la mal llamada clase política ,

interpretaba como dilaciones y enmascaramientos frente a diversos problemas

acuciantes en torno a la participación.

En dichas etapas los problemas de la transición histórica se enfocaban casi

siempre a la contra y la espera; con lo que la iniciativa política, tan

brillantemente empuñada por el Régimen en 1966, se diluía en incertidumbre y

recelo. Por eso ahora el pueblo español, que oye demasiadas endechas a su

demostrada madurez política, aguarda, antes de reclamarlo, el reconocimiento

político efectivo de tal madurez.

Un largo camino acaba de quemarse en unas semanas; el ritmo político debe

atemperarse al nuevo ritmo histórico, mucho más acelerado ya, si no quiere

divorciarse del país real. El Gobierno ha adivinado, sin duda, que no se esperan

de él soluciones políticas coyunturales, contentamientos efímeros, concesiones

simbólicas ni menos cortinas de humo o anécdotas verbales. Se confía, sí, en

conocer el trazado de la próxima etapa; pero más que un tramo lo que se pide es

un horizonte. Un proyecto sugestivo de vida en común , en indelebre frase

orteguiana. No simplemente el perfeccionamiento ineludible de los mecanismos

sucesorios, ni sólo el reflote urgentísimo de los proyectos asociativos. El

pueblo español, mucho más consciente de su pasado de lo que querían hacerle

creer quienes en el fondo no tenían fe en él, pide a su Gobierno, en este

interesantísimo trance de confianza mutua, una profunda lealtad al futuro.

 

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