Hacia el futuro     
 
 ABC.    18/01/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

ABC, VIERNES 18 DE ENERO DE 1974.

DIRECTOR: Torcuato LUCA de TENA DIRECTOR ADJUNTO: Pedro de LORENZO

SUBDIRECTORES: Jesús REVUELTA IMAZ

y Luis María ANSON REDACCIÓN, ADMINISTRACIÓN Y TALLERES: SERRANO, 61,

MADRID. APARTADO 43.

TELEFONOS. --- Redacción y Talleres: 2251714 y 2759408. Administración: 2255020

Editor. PRENSA ESPAÑOLA, S. A.

HACIA EL FUTURO

Se percibe una clara orientación de futuro a lo largo del importante discurso

del señor Utrera Molina en el Consejo Nacional. El contenido político esencial

de sus palabras mira hacia adelante; hacia el más inmediato mañana, desde una

doble consideración lógica impecable: sin negar el pasado que «ha de ser nuestro

arranque, nuestro arsenal y nuestra lección» -- pero afirmando la prevalencia

de! futuro—, porque «la vida es irreversible», es «una marcha hacia adelante»,

que no puede agotarse «en la servidumbre estéril de la repetición».

Algunos de los conceptos más sustantivos del discurso del ministro secretario

pueden parecer, leídos con apresuramiento y sin meditación, ideas ya antes

reiteradas, ya antes lanzadas incluso en e1 mismo marco cameral.

Nada, sin embargo, vuelve a ser lo mismo. Y no escapa la dialéctica política

a esta inexorable mutación por debajo y por encima, incluso, de identidades de

palabras o de analogías de conceptos.

Los principios político-legislativos, los llamados principios fundamentales —el

orden constitucional, por decirlo de manera aún más amplia— permanecen, son los

de ayer, las legítimas raíces que sustentan el sistema sobre un fecundo pasado.

Pero hay muchas razones, y no sólo las puramente cronológicas, para pensar que

las afirmaciones actuales, las de 1974, acerca de un movimiento «unitario en lo

esencial, pero no uniforme», medio para una participación de los españoles

«cordial, activa y operante, capaz de hacer más dinámico nuestro sistema

representativo», tienen un acento nuevo y encierran un nuevo proyecto político

con matices nuevos también.

No significa lo mismo hoy que ayer —reiteramos la creencia antes apuntada— un

movimiento liberado de «dogmatismos irrevocables», o «plural» o desentendido de

«inmovilismos».

Durante los pasados años, no pocos ciertamente, la máxima atención pública

estuvo centrada en preocupaciones económicas, concretas o generalizadas. Bajó

muchos grados, al tiempo y por natural compensación, la temperatura de la

preocupación puramente política. El fenómeno llegó a ser tan acusado que la

mayoría de los comentarios periodísticos en las secciones políticas anteriores

al trágico suceso del 20 de diciembre se centraban en la demanda, O el estímulo

al menos, de un desarrollo político que se pusiera a la par del desarrollo

económico.

Esta preocupación, que tiene extensa base popular, que no es sólo asunto de

grupos y no es desde luego maniobra de minorías, continua vigente. Y con más

urgida esperanza después de haberse superado, con perfecto orden comunitario y

funcionamiento perfecto de las instituciones, la difícil crisis que cerró la

formación del actual Gobierno.

Ocurre así una paradoja: cuando más propicio era el tiempo para el desarrollo

político, porque tenía expansión creciente la economía y avanzaba con despejado

horizonte, dominaba el signo económico las acciones y preocupaciones más

decisivas; y ahora, cuando se afrontan más dificultades económicas, bien que sus

causas no sean todas engendradas dentro del país, van a ganar importancia y a

ser más acuciantes las soluciones que se esperan en el plano político: en las

posibilidades ciertas de auténtica participación, de normal y ordenado

pluralismo, de contraste de pareceres, de representatividad, que están previstas

en textos constitucionales.

En este terreno se plantea al Gobierno una de las acciones y responsabilidades

más destacadas y decisivas de su gestión.

* * «

El discurso del señor Utrera Molina —su tónica y su tono, su marco y su

oportunidad— incitan a una serena confianza: «Venimos con el deseo ferviente de

sumar y no de restar; de dialogar y no disputar; de incluir y no de excluir.»

La actitud es, por lo tanto, no únicamente personal; es colegiada, solidaria,

programada. Es —o asi cabe interpretarla sin temor a errores— actitud de

Gobierno. Anuncio y propósito, que subrayamos apoyándolos sin reserva, y que

merecen, sin duda, la colaboración de todos porque todos quedamos incluidos en

la convocatoria «para el logro de una fraterna participación».

Aún ha sido al final de su discurso más explícito el ministro secretario:

«Venimos a tratar de conseguir que el pueblo español, en las diferentes

configuraciones, pueda sentirse dinámicamente inserto en un sistema político

moderno y eficaz, en el que la libertad y la autoridad encuentren ese punto

exacto de equilibrio que hace a los Estados moralmente lícitos e históricamente

creadores.»

En estas palabras se contiene —a lo que puede entenderse sin torcerlas— algo más

que un empeño honrado: algo muy próximo a un programa o a una entera empresa de

gran altura política.

 

< Volver