Una explicación     
 
 Pueblo.    30/10/1969.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

UNA EXPLICACIÓN SOSPECHAMOS que el Jefe del Estado no hubiera precipitado la

crisis sin las

tormentas del otoño. Las conjeturas diferian el cambio de Gobierno hasta después

de la aprobacion de las leyes pendientes, algunas de ellas de superior

importancia, y que culminaban, casi enteramente, el proceso de desarrollo de la

Ley Orgánica del Estado de 1967. El relevo ministerial resultaba, en cualquier

fecha, necesario. La crisis se ha adelantado en función de que los

acontecimientos han extravasado todas las hipótesis. Estos acontecimientos han

sido, preferentemente, dos: el estallido económico y las vicisitudes políticas

del asunto Matesa; y el rumbo tomado por el proyecto de Ley Sindical en la

opinión y en su canalización parlamentaria.

En el primer caso, la polémica levantada extramuros del Gobierno, y la

controversia sostenida dentro de él, deterioraba una política económica de

conjunto, con una necesidad apremiante de remodelamiento para dejar congeladas

en el pasado las responsabilidades individuales. Aparece bien clara esta

situación en cuanto a que, en el mismo lindero de la crisis, el vicepresidente

del Gobierno ha remitido a las dos Cámaras de la nación el informe Matesa para

que sea examinado por las comisiones designadas al efecto, y, seguramente, con

amplia información pública. Estaba claro que el viejo Gobierno no podía

comparecer en las Cortes en medio de una agitación donde se mezclaban, por

partes iguales, los testimonios verdaderos y las descalificaciones políticas. El

asunto, a pesar del cambio, no va a remitir de interés; pero una nueva imagen

del Gobierno ofrecerá el distanciamiento necesario para ver las cosas como una

experiencia aleccionadora y con una óptica más cauterizadora que beligerante.

El otro acontecimiento es el del proyecto de Ley Sindical, cuyo plazo de

presentación de enmiendas acaba de terminar, y que, como se esperaba, el número

de éstas ha sido considerable. La ardua, tensa y prolongada elaboración de este

proyecto ofreció al país la noticia de fuertes diferencias de opinión en el seno

del Gobierno. Una vez hecho público el proyecto comenzaron a manifestarse las

diferencias de criterio a cargo del mundo representativo sindical, así como las

de otros sectores. La sensibilidad de una gran parte de los gobernantes muestra

su preocupación porque el Sindicalismo fuerza de encuadramiento obligatorio, y

de participación en la actividad política, social, económica y legislativa del

Régimen no debe desentenderse de la responsabilidad de los actos del Gobierno.

Se teme que un Sindicalismo como éste, sin parangón en el mundo libre, se

adjudique un aislamiento, en su autonomía, que pueda dificultar la acción de

gobernar, por su número y su fuerza en la calle y en el Estado. El artículo 30

del proyecto de Ley es la respuesta a esa preocupación: el Presidente del

Gobierno propondrá el nombramiento de Presidente de la Organización Sindical, y

éste designará a su ve? a lo que hoy llamamos la línea política o de dirección.

Por otro lado, el mundo sindical, y últimamente el de un grupo relevante de

Consejeros Nacionales, sostiene que los marcos de vinculación de este

Sindicalismo original español, con las responsabilidades acarreadas por su

participación en la estructura del Estado, debe tener menos rigidez salvando asi

mejor los principios de autonomía y de representatividad que los de su

adscripción a la esfera administrativa.

Alrededor de estas dos grandes cuestiones se había creado un clima de refriega y

de apasionamiento que era lógico que alcanzara su cénit en los próximos debates

de las Cortes. Por todo ello, también añadido por una etapa prolongada de poder,

la crisis política o el cambio de Gobierno se hizo inminente en los últimos

días; su chispazo fue la dimisión del Ministro de Hacienda.

Ahora lo más importante es ver la constitución del nuevo Gobierno, al hilo de

los nombres, para abocetar un semblante político de la nueva situación. A estas

alturas del Régimen, cuando ya campea por la política y la sociedad española un

pluralismo de opiniones y de intereses, el examen de los nombres concluye

forzosamente en una identificación política y de propósitos. El colega YA se

refería ayer a la necesidad de seguir constituyendo Gobiernos de concentración,

que es la tradición del Régimen, y no Gobiernos de monopolio. El examen de la

lista del nuevo Gobierno concluye en el testimonio de un Gobierno de

concentración, aunque aliviada ésta, eso sí, por una autoridad que emana más

poderosamente de Castellana, 3, de la Vicepresidencia del Gobierno. La variedad

resulta sometida, por primera vez, a la idea de componer un Gobierno no

convocado exclusivamente por una invocación de lealtades o servicios al Jefe del

Estado, sino por un propósito de constituir un programa sin disidentes, arbitrar

unas fórmulas con más acatamientos y obtener un equipo mejor coaligado.

Desde un periódico serio como quiere ser éste, respetuoso con la autoridad y no

siempre de acuerdo con ella, no se deben ofrecer juicios aprioristicos globales,

por determinadas preponderancias, descalificaciones prematuras o elogios

indecorosos. Un Gobierno nuevo abre siempre una expectación nacional. Nuestra

actitud no es otra que la de esta expectación. Confiamos en que la libertad que

hemos disfrutado hasta la fecha, encuadrada en el acatamiento de la Ley de

Prensa, nos permita en el desarrollo de los hechos prestar el servicio recto o

inteligente de la colaboración, mediante el aplauso o la disconformidad, según

nuestro punto de vista. PUEBLO quiere y debe seguir siendo un periódico de

opinión social ,y no un diario gubernamental, de avisos y de criterios

manufacturados. A este fin hemos de reseñar estas apreciaciones iniciales de

pura y veloz observación.

Alcanza el primer plano de la predilección, en este nuevo Gobierno, el

Desarrollo Económico-Social. Se mantiene al frente de este organismo Laureano

López Rodó, cuyos tres subcomisarios, señores Mortes, López de Letona y Allende,

se hacen cargo de los Ministerios de la Vivienda, de Industria y de Agricultura.

Una fulgurante carrera política es la del nuevo ministro de Hacienda, señor

Monreal, que ha tenido sus raices en la propia Presidencia del Gobierno, y,

dentro de ella, en las actividades del Desarrollo; pero su verdadera plataforma

de lanzamiento fue la Subsecretaría de Obras Públicas, como colaborador

predilecto de Silva Muñoz, el Ministro Eficacia , como fue definido por

nosotros. El nuevo Ministro de Comercio, señor Fontana Codina, presidía un

organismo bilateral de dependencias con Comercio y Agricultura, como es la

Comisaria General de Abastecimientos y Transportes. El bloque de lo que llamamos

Ministerios Económicos tiene, por lo que se ve, una misma raíz, y por ello es de

esperar la óptima soldadura que se deseaba.

A las áreas políticas se ha llevado un hombre del Consejo Nacional del

Movimiento, brillantísimo parlamentarlo, catedrático de la Universidad de

Madrid. Su perfil intelectual resiste a los encuadramientos parciales de

factores ideológicos secundarios. Carece de marchamo o de credenciales

históricas definitorias, pero posee, como resulta lógico por su profesión, una

gran sagacidad creadora, y es, lógicamente, poroso a las corrientes de la época.

El Movimiento, a través de sus hombres más representativos, le daría el

espaldarazo político hacia las altas cotas, en el célebre banquete del Mindanao.

Entonces decíamos: El Movimiento no es lo suficientemente fuerte para hacer sólo

la política; ni es tan débil para que se pueda hacer sin él. Si su poder de

convicción ante una Cámara fuera parecido al que ha de ejercer en la mesa de los

Consejos de Ministros, debe constituir necesariamente una esperanza. Al

Ministerio de la Gobernación llega un hombre que, procedente de las ramas

jurídicas del Ejército, acostumbra a mezclar bien así lo ha hecho en su última

gestión de Barcelona afabilidad y modos civiles, con cierta firmeza que le viene

de su formación jurídica y castrense.

Al frente de la Información aparece un hombre singular, con una larga historia

de dina mismo, de penetración y de experiencia políticas; que, por otro lado, ha

recibido el baño necesario de información universal, mediante sus largos

servicios de embajador, últimamente en un escenario tan sugestivo y esclarecedor

como el de Italia. El señor Sánchez Bella no es cuadriculable políticamente.

Tiene más realismo que prejuicios. Es una poderosa mente política asistida por

la seguridad y el tesón.

Una de las novedades en la composición de este Gobierno ha sido llevar a la

dirección de nuestra política exterior a Gregorio López Bravo, pero lo que no

resulta injustificado es el nombramiento. Gregorio López Bravo se sabe muy bien

la papeleta económico-social española que es indispensable conocer en este

tiempo, no solamente a nivel de un ministro de Asuntos Exteriores, sino de

embajadores, porque viene siendo triste el suceso de que por la formación y la

desaclimatación de muchos de nuestros representantes en el exterior, se ofrece a

veces una imagen retórica y de escaso valor de nuestro país. Al lado de esta

formación básica de López Bravo, se ve asistido por una curiosidad intelectual

vigilante, y tiene una buena fachada personal, con disposición dialogante, amén

del conocimiento de los intereses mundiales que se debaten.

Al Ministerio de Trabajo va otro hombre del Consejo Nacional del Movimiento. El

primer secretario de la Alta Cámara. Es un universitario meritorio que procede

de abajo a arriba, desde una modesta extracción social hasta la solemnidad de un

Ministerio. Ya estuvo una temporada en Previsión, al lado de Labadíe. Donde va

ahora es una herencia difícil, por el alto lugar que puso Girón al Departamento,

y donde últimamente Romeo había sido intrépido y creador.

Por último, nos vamos a referir al ministro de la Organización Sindical, que por

primera vez se alcanza este rango, ya que su antecesor, José Solis, era

ministro, no por su calidad de máximo dirigente de la Organización Sindical,

sino como secretario general del Movimiento. Enrique Garcia del Ramal es un

miembro de la Organización Sindical de larga historia, actividades y servicios.

Presidió en una época el poderoso Sindicato del Metal, y de allí salió para

dirigir empresas; no se ha desvinculado del mundo sindical a través de la vía

representativa, y es en estos momentos procurador en Cortes en representación de

las actividades económicas de su sector. Es un gran dialéctico y un especialista

riguroso de los temas económico-sociales. Es natural que este periódico exprese

sus mejores deseos de acierto a Enrique García del Ramal en esta nueva etapa del

Sindicalismo. Creemos que la España de la producción y del trabajo constituye la

parte más amplia, numerosa y decisiva de la población española. Deseamos, por

ello, que se la interprete bien, que se la sirva, y que se la disipen

urgentemente todas las nebulosas que tiene en estos momentos históricos, por la

propia refriega a que está sometida, y porque su carta magna figura en estos

momentos en la nómina de grandes cuestiones a debatir en las Cortes. El

Sindicalismo ha contado siempre con dirigentes sindicales de cuya mente se ha

apoderado en seguida un ambiente interior de gran solidaridad, fidelidades y

compromisos. La difícil etapa fundacional de Gerardo Salvador Merino; la que

echó a andar el dispositivo representativo, encabezada por Fermín Sanz Orrio; y,

últimamente, el logro de una espléndida madurez representativa, amorosamente y

eficazmente cuidada, por José Solís. El nuevo Ministro sabe esta historia

perfectamente, y llega en un momento en que tendrá que proyectar su

experimentada personalidad en la trascendental tarea de colocar en su sitio

definitivo al Sindicalismo, que, por una parte, mantiene sus exigencias de

reivindicación o de gestión económico-social, y por otra, ha alcanzado

constitucionalmente los beneficios de la participación. Estamos seguros que

asumirá estas altas funciones, o entrará en ellas, con respeto y comprensión.

Los ministros que se mantienen donde estaban con la excepción de López Rodó ya

mencionada son Federico Silva, cuya eficacia de gran asentimiento y adhesión

nacionales le ha revalidado necesariamente, justamente; José Luís Villar Palasí,

con su trascendental Ley de Educación bajo el brazo, y Antonio Oriol, cuyo

apellido y su significación política en los tiempos fundacionales de) Estado, le

han ratificado en su lugar, abierto también a expectaciones y creaciones

próximas e importantes en las áreas de la Justicia y del Derecho.

La provisión de las carteras de las Fuerzas Armadas carecen de otra

significación que las puramente técnicas, o de relevancia en las Armas

respectivas. Son personalidades respetables no sometidas a los vientos de la

política.

Respecto a la ratificación del vicepresidente, almirante Carrero Blanco,

recordaremos lo que se dijo aquí no hace mucho tiempo: Mientras algunos

políticos de estos últimos años lucían el esplendor de sus días de alza o de

éxito, el almirante Carrero Blanco parecía como si vegetara burocráticamente en

ese palacio, de corte restauracionista, de la Castellana. Algunos, torpemente,

creían que era una pieza técnica en el aparato presidencial cuando era, de

verdad, un político con estrategia naval, que es la más difícil y brillante,

porque está obligada a ocultarse en el océano, y a aparecer de improviso, y ser

contundente

De todo ello se deduce que este Gobierno aparece más conjuntado en bloque. En

las áreas económicas, es una pina; en las políticas, el diálogo Movimiento-

Gobernación va a ser más franco en el cometido común del gobierno de las

provincias. La política exterior no va a producir distanciamientos entre el

palacio de Santa Cruz y la vicepresidencia. Únicamente este Gobierno debe hacer

un reparto generoso de confianza entre la propia clase política, en ciertos

sectores afectada o recelosa. Es éste un momento de la historia contemporánea

española, acaso el más necesitado de sumar voluntades para la gran empresa de la

continuidad.

 

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