Autor: Buil Giral, León J.. 
   El apoyo popular al poder político     
 
 Ya.     Página: 7,8. Páginas: 2. Párrafos: 6. 

El apoyo popular al poder político

UN nuevo Gobierno ha tomado sobre sí la pesada misión de dirigir al país. Hay

esperanza general y desencanto entre algunos sectores políticos que no se

sienten representados a tenor de su importancia numérica. Pero si cierto es que

las características del nuevo Gabinete, las más sobresalientes, son su

homogeneidad y la experiencia política de sus miembros—lo que puede traducirse

en una gestión coordinada y eficaz—, pudiera ocurrir que, de ser desatendidos

algunos presupuestos del buen gobernar, los resultados fueran homogéneos, pero

de signo contrario; o también, si favorables en su aspecto económico, adversos

en los social. En otras palabras: la preparación del individuo para una

actividad económica presupone una buena gestión en términos contables; pero si

no reparte equitativamente el saldo entre los empleados, equipo industrial y

accionistas, compromete gravemente el porvenir de la empresa. Es asi. Y para

prevenirlo hay que analizar, informar, consultar y recibir.

La confianza que ya tengan ganada los miembros del nuevo Gobierno, tanto por la

ejecutoria de quienes ya pertenecían al anterior como por el acostumbrado

acierto del Jefe del Estado al elegir sus colaboradores, tiene que afirmarse en

el conocimiento meticuloso de la realidad nacional y en el apoyo popular. Y éste

se les dará en la medida que los nuevos ministros sepan Interpretar los deseos

de sus conciudadanos. Esto, que resulta difícil siempre es particularmente

espinoso en España, donde las cámaras ven mermadas sus posibilidades de crítica

e iniciativa por las normas reguladoras de su funcionamiento; donde largos años

de semiautomatismo político han limado en muchos españoles sus inquietudes por

los problemas de gobierno; donde la opinión pública no ha dispuesto con la

abundancia necesaria de medios de expresión, y nuestro orgullo—el malo—no nos

deja muchas veces sugerir una solución o apuntar un problema por temor a vernos

desairados o confundidos. Sin embargo, será necesario contar con el apoyo

popular, y si ´éste no se manifiesta espontáneo, salir a buscarlo.

HOY es común declararse partidarios de un Ejecutivo fuerte y dinámico. Yo

también. Pero quienes tratan de buscar ejemplos en otras naciones no

totalitarias olvidan que en casi todas ellas la aparente omnipotencia del

Gobierno tiene limitaciones no siempre recogidas en la Constitución. Ninguna,

empero, alcanza la trascendencia de la opinión pública; nacida al amparo de las

libertades constitucionales, cultivada por las minorías o mayorías políticas y

por las personas y grupos para la exposición de sus aspiraciones, encuentra

acomodo en todos los medios de Información. No condena, pero Juzga; no tiene

poder concreto, pero mueve al poder en el sentido reclamado mayoritariamente. La

opinión pública es un instrumento útil para el Gobierno, y como tal es

respetada. Y hasta temida por aquellos que no Juegan limpio; por esta razón la

suprimen cuando pone en peligro su permanencia en el poder.

BAJO la actuación del ministro Fraga, el sentir popular ha cobrado cierta

Importancia; se le tiene en cuenta y en cierto modo influye en las decisiones

del Gobierno. La ley de Prensa e Imprenta, pese a sus imperfecciones, ha

supuesto un avance incalculable en el terreno de las libertades cívicas, al

hacer posible la manifestación de ideas, críticas (pocas) y soluciones. Pero

seria un grave error dejar las cosas como están; no es posible que la opinión

pública se manifieste con naturalidad mientras existan limitaciones como la

temible del "debido respeto...". La vaguedad de esta palabra, me recuerda una

de las anécdotas de un popular personaje que llegué a conocer en una ciudad de

provincias: cuando por contestar con palabras "no aptas" a quienes le llamaban

por su apodo, la primera autoridad asistente al acto le obligó a que pidiera

perdón respetuosamente al "respetable", cumplió fielmente el encargo,

diciendo: "Con el debido respeto, pido perdón por llamar h... p... a esos ...

que me insultaban." Y no le exigieron más explicaciones. Pero, orillando lo

anecdótico, es necesario definir el alcance de las palabras en las de expresión;

hay que imponer una seguridad jurídica total; que nadie pueda caer en lo

ilícito sin su consentimiento cabal y conocimiento perfecto de las •

••«•«moio.p de un acto. Si no se habilitan los medios para que se manifieste con

facilidad la opinión pública no puede obtenerse un reflejo fiel de ésta

a través de los medios de información, sean éstos directos (reuniones,

coloquios) o instrumentales (prensa, radio, televisión, etc.); sin la

colaboración y el calor de la gran masa popular es difícil gobernar con acierto,

porque en una nación civilizada el bien colectivo es el que determinan

libérrimamente sus ciudadanos y no el que pueda señalar una minoría dirigente ni

un partido político.

SI el nuevo Gobierno sabe aunar a sus altas notas personales la contribución de

los órganos legislativos y consultivos del Estado y acoge con espíritu abierto

(que servidores son, en suma, de la comunidad) los deseos e iniciativas de los

ciudadanos, y si acierta a pulsar a la opinión pública auténtica, podemos desde

ahora asegurar el éxito de la gestión gubernamental y la tranquilidad de los

gobernados.

León J. BUIL GIRAL

 

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