Autor: Kindelán Duany, Alfredo. 
   Ensayo sobre las formas de gobierno     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 10. 

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FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA

ENSAYO SOBRE LAS FORMAS DE GOBIERNO

SERIA abusar, al par, de la benevolencía de ABC y de la atención de mis lectores que yo siguiera disertando sobre el tema ya tratado en artículos anteriores. No intenté un trabajo exhaustivo (cursi, palabra hoy de moda). Dejé a propósito en la era mucho grano y mucha mies en el sembrado para que otros lo recojan y espiguen.

Entre ello dejé un asunto importante: el arraigo popular a la Monarquía, que obedece, sobre todo, a que Reyes y pueblo recorrieron, cogidos de la mano veinte siglos de Historia, identificándose y prestándose mutua ayuda. E] pueblo ama a la Realeza por apsgo a la tradición, al abolengo y a lo que sobresale de la vulgaridad de la vida cotidiana. No ignora, que las dinastías han sido estirpes selectas que han producido ejemplares superdotados.

La Genética ha progresado mucho estos últimos años gracias a Mendelss Caros y otros investigadores, los cuales han formulado leyes relativas al genotipo y a la influencia de factores preponderantes y del medio en sus constantes e invariantes. El pueblo, naturalmente,, nada sabe de ello; pero entiende de la cría de ganado, de palomas, gallinas y perros y sabe que las razas pueden afinarse y perfeccionarse por cruces sabiamente combinados.

En un grado social algo más elevado, las personas que hayan leído historias y visitado Museos saben de qué sorprendente manera conservan las familias y las dinastías ciertos rasgos fisonómicos y ciertas cualidades morales, entre éstas las dotes de mando y las aptitudes militares o navales. De los dos hijos que tuvo Bárbara Blom berg—bellisima mujer—, uno—el de CarlosV—-heredó todas las excepcionales condiciones de su padre; fue don Juan de Austria. En cambio, el que tuvo de su esposo Piramo, llamado Conrado, fue un ser tan adocenado, que su hermanastro no pudo hacer de él ni un militar ni un clérigo. Carlos V tuvo otra hija natural, Margarita, quien no sólo heredó las cualidades buenas de su padre, sino que las transmitió íntegras a su hijo Alejandro de Farnesio.

A los regímenes les sostienen: el asentimiento popular y las Fuerzas armadas —Ejército y Policía—. Pocas veces las Fuerzas armadas discrepan de la opinión pública, siempre que ésta no se halle dividida o exarcebada. Si el pueblo ha deseado y votado en referéndum la Monarquía, el Ejército la ha apoyado muy gustoso, ya que todo ejército propende a esa forma por naturaleza, aun en las Repúblicas. Las tropas sostienen a un Gobierno monárquico lo mismo en España que en Italia, Portugal o Francia.

No hay motivo para creer que la clase aristocrática aquejada de atonía, de falta de fe, de cohesión y de entusiasmo, tenga en un régimen monárquico actual la influencia de que gozó en pasadas épocas. Desde hace siglo y medio, la Monarquía constitucional española apenas tuvo ministros aristócratas de abolengo.

Los que desempeñaron esos cargos no llegaron a •una docena, y no por ser nobles, sino por especiales aptitudes.

La Monarquía, cúspide, símbolo y representación de la Nacionalidad, ha de honrar a ésta con ornato y lujo. No cabe duda de que el prestigio fulgurante del Rey Sol, Luis XIV, se reflejaba en su pueblo, como en el siglo XV (a. de J. C.) el de Eknaton y su bellísima espesa Nofreta, sobre el Imperio egipcio. Los buenos católicos sentimos mucho orgullo por la suntuosidad y grandiosidad del Vaticano, y los no católicos tienen que pensar cuan grande y respetable ha de ser una religión que cuenta con tal morada para alojamiento de su Jefe supremo.

Debemos querer, los que amamos a España y nos enorgullecemos de ser españoles, que nuestros soberanos vivan con gran decoro en el suntuoso palacio dé sus mayores; pomposamente; con Alabarderos, clases de etiqueta. Escolta Real y carrozas de gran lujo, para poder recibir dignamente a los soberanos extranjeros y visitantes distinguidos y obsequiarles con espléndidas fiestas. ¿ Conformes ? Puedo asegurar de que no se trata de reproducir los aspectos que caracterizaron a la suspendida el año 1931, ni de volver al sistema exageradamente parlamentario apoyado en principios anticientíficos, inuto de las esenciales características de la forma monárquica es la continuidad; por ello viene incorporando a su programa y a sus instituciones cuanto bueno se realiza en estos veinte años.

No desdeña ninguna clase social, aunque no dé preferencia a ninguna; ni tampoco busca el apoyo de una aristocracia, pues aunque parezca paradójico, son las Repúblicas las que necesitan de esa clase para subsistir; por eso se improvisan una cuando la de la sangre se les muestra esquiva. Lo que en las Monarquías es ornato, en las Repúblicas es necesidad.

He de hacer una última observación: el entusiasmo monárquico suele adoptar formas serenas y respetuosas. Al Rey de Dinamarca, como la Reina de Inglaterra, son saludados por sus pueblos, cuando se cruzan con ellos, con cariño y reverencia.

A. KINDELAN

 

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