Autor: Soto, Antonio. 
 La Coruña. 
 As Encrobas, última hora del conflicto     
 
 Arriba.    19/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

La Coruña

AS ENCROBAS, ULTIMA HORA DEL CONFLICTO.

LA CORUÑA. (Por teléfono; de nuestro enviado especial, Antonio Soto.)—Paros,

manifestaciones, encierros y comunicados da todo tipo son estos días las

constantes de una Galicia que tiene los ojos vueltos hacia AS Encrobas y

Meirama, en donde un problema inicialmente socio-económico se ha convelido en

bandera de reivindicaciones y. protestas.

En las últimas jornadas, Orense y La Coruña han sido escenarios de diversas

manifestaciones callejeras, en el curso de las cuajes se han producido

apedreamientos y practicado diversas detenciones. En varios centros

universitarios de Santiago y en la Universidad Laboral coruñesa se llevaron a

cabo encierros de protesta por parte de los alumnos, y las sentadas, paros y

desalojos han sido numerosos en diversos centros educativos de la región

gallega. A todo esto hay que unir la distribución de miles de octavillas en las

que se pide solidaridad con los expropiados y la aparición de pintadas de

protesta, especialmente en los edificios —algunos apedreados— relacionados con

FENOSA. Junto a ello, comunicados, decenas de comunicados de todo tipo que,

firmados por diferentes grupos políticos, fuerzas sindicales, asociaciones de

vecinos y culturales e Incluso grupos de sacerdotes, hacen pública su

solidaridad con los afectados.

Ante este ambiente, sumamente caldeado, .no es extraño que la inquietud y el

temor estén presentes en los medios más moderados ante lo que pueda ocurrir el

próximo lunes, día en el que se procederá a la ocupación por parte de Lignitos

de Meirama de veinticinco nuevas fincas.

«Tenemos miedo de que pueda ocurrir alguna barbaridad. La actuación Incontrolada

de cualquier exaltado puede ser la chispa que desencadena un Incidente mucho más

grave que el del pasado viernes», nos señalaban diversos vecinos de la zona

afectada.

El «negocio del siglo»

Así las cosas, planteado el conflicto de Meirama como una disputa entre el campo

y la industria, entre la necesidad de explotación de una importante riqueza y el

apago a su tierra de los paisanos, un hecho, en el que quizá radique la clave

del problema, ha pasado inadvertido, sin que nadie, incluidos los medios de

comunicación, le hayan prestado atención alguna.

Se trata del verdadero «negocio del siglo». Un negocio que, si bienes legal y

por tanto lícito, viene a poner en duda el acierto de algunas leyes que parecen

estar reclamando una urgente revisión.

Como adelantábamos en la crónica de ayer, Epifanio Campos, un leonés afincado en

Galicia, explotaba una concesión de caolín y arcilla en la zona de Meirama

cuando casualmente encontró lignito. Realizados los oportunos estudios para

valorar la riqueza del nuevo filón, el citado industrial, tras unas

negociaciones fallidas con ENDESA, que parece sólo ofreció 150 millones por la

explotación, vendió el yacimiento a FENOSA, percibiendo por la transación 900

millones de pesetas en efectivo y otros doscientos millones más en acciones de

la nueva empresa. De esta forma, total-mente-legal, un señor que no poseía ni un

sólo metro de tierra se hacía con una fabulosa fortuna simplemente por el hecho

de un descubrimiento casual en terrenos que no eran suyos.

Por otra parte, los aproximadamentes ochocientos propietarios de las 6.500

parcelas que cubren el yacimiento, van a percibir unos mil cien millones dé

pesetas, o al menos esta es la cantidad destinada, actualmente por la "empresa

para la compra de terrenos.

Ante esta situación, una pregunta, surge inmediata: ¿Es adecuada la actual ley

de Minas? ¿Puede un señor, por el simple hecho de denunciar un yacimiento,

cobrar más de mil millones de pesetas? ¿Han de recibir los propietarios de la

tierra tan sólo el equivalente del valor de ésta, renunciando obligatoriamente a

participación alguna en la riqueza del subsuelo?

Aquí puede estar —creemos que está— el quid del problema. Mil millones para un

afortunado, y mil millones para ochocientos propietarios. De distribuirse más

racionalmente estos dos mil millones largos de pesetas muy posiblemente hoy

Mairama y As Encrobas no serían noticia. O serían, simplemente, una alegre

noticia, por cuanto dos pequeñas parroquias de un perdido valle gallego iban a

proporcionar un cuatro por ciento de la electricidad que actualmente se produce

en nuestro país.

Por todo ello, estimamos que no dejaba de tener una considerable razón el

paisano que, sin plantearse temas jurídicos sobre la propiedad, y con un

razonamiento elemental pero cargado de lógica, nos decía ayer tarde: Si la

tierra es nuestra, ¿por qué lo que hay bajo ella no es también nuestro?

 

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