Cuatro ministros, colaboradores de ABC     
 
 ABC.    14/12/1975.  Página: 3-4. Páginas: 2. Párrafos: 18. 

ABC DOMINGO 14 DE DICIEMBRE DE 1975. PAG. 3.

CUATRO MINISTROS, COLABORADORES DE LA “TERCERA DE ABC”

Tribuna de pensamiento, las páginas de A B C han estado, histéricamente,

abiertas a cuantos se esforzaban por expresar las preocupaciones y esperanzas

del país y_ su papel de palestra de las ideas, de plataforma de testimonios de

calidad, se ha visto reforzado en los últimos meses, que para todos han sido de

prueba, como escenario vivo de la transición. Cuatro de los ministros que

componen el actual Gabinete, los señores Areilza, Garrguies, Fraga y Osorio, han

expuesto aquí, recientemente, su postura, sus proyectos y sus convicciones, si

bien los ´dos primeros fueran, desde hace arios, habituales y apreciados

colaboradores de estas páginas.

La trascendencia de las respectivas misiones que les han dado designadas en el

Gobierno, y la importancia intrínseca de sus opiniones, nos han inclinado a

ofrecer un breve bosquejo de cuánto han escrito y de cómo lo han hecho, en este

diario.

GARRIGUES: LA AGUDA PROFUNDIDAD

La dilatada trayectoria política, sembrada de grandes servicios a España, de don

Antonio Garrigues y Díaz-Gañabate, ha tenido, desde 1949, expresión puntual en

las páginas de este diarlo. Aquí quedaron, también, las señales da sus muchos

conocimientos. El actual ministro de Justi c i a afirmaba, el pasado 25 de

septiembre, en un artícuío que llevaba por título «Lo viejo y lo nuevo»: «Decir

que en España, después del hecho sucesorio, lo que Don Juan Carlos y sus

Gobiernos tienen que hacer es «franquismo» («después de Franco, ei franquismo»),

como pretender que producido ese hecho en la sucesión de un Régimen con

consistencia de cuarenta años, tanto las Instituciones como los hombres que han

participado en ellas deben ser erradicados; lo uno y to otro es contrario a las

mejores lecciones de fa Historia. Lo uno y lo otro es lo que debiera haberse

evitado en Portugal.»

Garrigues, que preconizaba la desaparición de) miedo como causa y motor deí

cambio que se avecina, que se hace además necesario, publicaba el 9 de

noviembre, cuando España sentía su corazón encogido, un esclarecedor y valiente

artículo titulado, sencillamente, «Don Juan Carlos», cuando el todavía Principe

de España había asumido de nuevo la Jefatura del Estado en virtud del articulo

11 de la Ley Orgánica.

«La unidad moral de todos los españoles que no sean sectarios —que no sigan

fanáticamente una Idea política— no puede venir de la dictadura militar ni dei

totalitarismo. Los que dicen "el Ejército al Poder" no piensan en te que dicen.

El Ejército tiene su propio poder, porque pierde el suj´o propio, que se

desvirtúa, se gasta y se desautoriza cuando se polátíza, y no sana nada.» «Si

España bajo Don Juan Carlos encuentra su forma política, tergamertta perdida, y

su fuerte vitalidad y dinamismo no se emplea más en banderías y querellas que

dividen y desgarran estéril, criminalmente, la Patria común. Sí desaparece para

siempre la tristeza del "ellos y nosotros", da la España y fa anti-España —la

tristeza de "la división y te discordia—, se pueden augurar para España tiempos

venturosos.»

Una España democrática, defendida contra el totalitarismo de derechas y do

Izquierdas, con sus límites claros y precisos, es la que don Antonio Garrigues

anunciaba como Ideal. «Mantener la unidad aflirnaba, representando a muchos

españolés— es la gran misión de Don Juan Canos como Rey de España.» Que la

guerra del 36 sea la ultima.

FRAGA: LA VALENTÍA Y EL RIESGO

Con un solo artículo anterior —en 1973, y sobre tema costumbrista—, don Manuel

Fraga Iribarne Inicia su fecunda y rica colaboración en A B C en este año, y más

concretamente, en mayo. En este mes, su trabajo «Un objetivo nacional» servía de

prólogo, «en corto y por derecho», concorde con su manera de ser, a la serie

programática sobre el cambio y las reformas.

Decía entonces el hoy vicepresidente y ministro de te Gobernación: «El primer

objetiva, y principal, es evitar cualquier tipo de situación que vuelva a

enfrentar a los hombres, a los grupos, a las regiones de España en

enfrentamientos fratricidas.» «Ello nos obliga a todos —continuaba— a renuncias

y sacrificios, como ocurre con todo entendimiento. Ello impone a tos hombres que

ejerzan la responsabilidad del Poder una enorme firmeza, una gran capacidad de

convocatoria, una gran disposición aü diálogo y una gran Imaginación. Y, por

supuesto, al que se empeñe, a pesar de todo, en romper, hay que ponerle (como

sea} en la imposibilidad da conseguirlo.»

En ocho «terceras, precedidas, a modo de Insistencia en el propósito, por los

artículos titulados

«Continuidad y reforma», «Cambio y reforma» y. «Llamada al optimismo», Fraga

daba a conocer, a España entera, sus reflexiones y sus propósitos sobra la

reforma religiosa, la militar, la de las autonomías, ta educativa, la económica,

la social, la Jurídica. y la política. Todo un universo programático que, al ser

conocido y comentado —la Prensa nacional reproduce con extensión y relieve sus

artículos— colabora, quizá decisivamente, a que, tanto ia dase política como el

pueblo español, los lectores de los, diarios, conozcan con mayor exactitud y

profundidad el pensamiento y ¡a figura del entonces embajador en Londres. Porque

es toda una campaña la que Fraga realizaba sí centrar con justeza y con

imaginación, sin olvidar en ningún momento la firmeza, transmitiendo a España

toda su confianza en el futuro y su decision de alcanzarlo, los problemas que

afectan a una serie de Instituciones y estamentos fundamentales.

Fraga, en suma, exponía un pían. Un ordenamiento hacía ta democracia, una

democracia fuerte y segura da sí y de eti destino. Y son muchos tos que es han

sentido y se sienten identificados con él y con sus reformas, porque

Identifican, de su mano, deficiencias y soluciones. Su ultimo artículo, por el

momento, aparecía precisamente ayer, en el quincuagésimo aniversario de la

muerte de Maura: «Don Antonio Mama y el no de los politicos». Y en él, como

recordarán nuestros gestores, decía, tras afirmar que Maura entendió que la

política nacional no podía se guir siendo una fantasmagoría de notables, garcas

y caciques, con el pueblo al margen: Acertó en plantear las dos grandes

cuestiones al respecto: la- reforma de la Administración local y una buena ley

electoral.» Hoy la cosas deben de haber cambiado sucientemente para que nuestros

políticos no hagan no, como entonces.

AREILZA: LA BRILLANTEZ Y LA CLARIDAD

Desde hace varios Ministros, don José María e Areilza honra como fIrma de

Indudable prestigio literario, y no veo político, las «terceras» de A B C.

Escritor dotado de un envidiable estilo, p e n etrado de perfección formal, don

José Maa de Areilza publicaba bajo e! título de la transición» (5-8-75) El

hondo . estudio sobre la «operación sucesión». «Para mi —afirmaba—,

como para muchos otros españoles, la soberanía decide en la nación, en la

colectividad. Es decir, que es a ella a la que corresponde, de una manera,

decidir su destino y su forma gobernarse. La democracia es el sistema a

organizar con la mayor libertad, con a mejor autenticidad posible, la

búsqueda de las tendencias dominantes en la sociedad para imponer un

rumbo témporal al Poder Ejecutivo, fiscalizado a su vez, por la

representatividad.»

Y también que «hay que lf en España decia un sistema de democracia política que

corresponda de alguna manera con el cambio social ya producido en extensos

sectotor de nuesíra población. Que esa adécuacion haya de realizarse de modo

gradual y evoolutivo, sin explosiones repentinas, es cosa de personalmente he

mantenido siempre, pero hay que aclarar bien los perfiles de lo que se trata de

conseguir, no vaya a ser que estemos hablando de cosas distintas», que «planear

a estas alturas un sistema intocables para el porvenir pertenece, a entender, a

(a ciencia-ficclón. Las geneslones pasan, y las circunstancias, tambien.

SI se quieren perpetuar valores e Ideales que parecen Importantes para el

mantenimiento de la cohesión social del país, no lo que la mejor forma de

hacerlo sea la de levantar más metros de parapeto y almee...»

.os últimos artículos del conde de Motrico, ´ministro de Asuntos Exteriores, los

más ¡entes, abordaban el gran tema de la con-jncla tras la transición. «Tierra

de nadie» «Tierra de todos» —aparecidos,. con un so de veiníe días, entre

septiembre y ocre, pasados— simbolizaban su postura, que te de muchos españoles

que rechazan los remos, la de una mayoría que «en cual-ter caso, quiere la paz y

no la vto´lenda; la iv¡v0ncia y no ©I enfrentamiento; el pro-»so social y la

reforma económica y no oí áncamiento y la injusticia, y que prefiere el diálogo

a la barbarle y´el avance nacía ia ilbertad y hacia la democracia en vez de(

retroceso hacia la caverna y hada la uniformidad obligatoria e Impuesta del

signo que fuere».

OSORIO: CAPACIDAD DE DIALOGO

Quizá la sup rema virtud política de Alfonso Osorio, articulis-, ta no

excesivamente prolífero, pero sf fiel, en estas páginas, sea la de su capacidad

de diálogo. Refiriéndose a las Asociaciones decía, en abril último: «Algunos se

empeñan en plantear programas en total discrepancia con la legitimidad vigente,

persigo)! e n d o una situación constituyente y buscando no la aceptación, sino

e* rechazo que les sirva como uoa especie >te Jordán puriticador de sus

recientes fidelidades. No se dan cuenta, por una parte, de que como en la

Oiposicion aJ sistema hay otras actitudes más antiguas, las suyas o son

oirevmstanci´almeTrte utilizadas o s61o son váHdas en su propio cerebro y

confunden a sus posibles gentes; y que, do oirá, contribuyen —y acaso esto si lo

perciben— a anular, aunque no en exclusiva, a personalidades señeras de nuestra

vida pública, sumiéndolas en ta iíidecisión o en el alejamiento.».

La postura de Osorio, que se define como moderador y de talante liberal, era —y

es— clara: «Es hora de empezar a poner en pie una nueva derecha reformista,

defensora tanto de la libertad y de la justicia como del principio de

autoridad.»

 

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