Autor: Contreras, Lorenzo. 
 Don Torcuato Fernández-Miranda:. 
 El servicio al Rey, una empresa de esperanza y de futuro  :   
 El martes podría haber decisión sobre la presidencia del Gobierno. 
 Informaciones.    04/12/1975.  Página: 1, última. Páginas: 2. Párrafos: 12. 

Director: JESÚS DE LA SERNA

DON TORCUATO FERNANDEZ-MIRANDA: «EL SERVICIO AL REY, UNA EMPRESA DE

ESPERANZA Y DE FUTURO»

EL MARTES PODRÍA HABER DECISIÓN SOBRE LA PRESIDENCIA DEL GOBIERNO

MADRID, 4. (INFORMACIONES, por Lorenzo CONTRERAS.)—Desde las diecisiete horas de

ayer, don Torcuato Fernández - Miranda es presidente de las Cortes. Tras jurar

el cargo en La Zarzuela, frente a un retrato de don Alfonso XIII, el señor

Fernández-Miranda dijo en el salón de conferencias de las Cortes: "El servicio a

la Patria y al Rey son una empresa de esperanza y de futuro."

Hablaba, don Torcuato cumpliendo con el viejo rito de las transmisiones de

poder. Tras invocar el automatismo establecido por la Ley Orgánica del Estado,

añadió: "Este acto tenía que haberse reducido al hecho ele que yo tomara

posesión simbólica de esta casa con la entrada en el despacho de la Presidencia

(...), pero en vista de que el hábito y costumbre no es fácil de cambiar, yo voy

a pronunciar unas palabras que solamente pueden ser la expresión sintética de

unos sentimientos." Y prometió: "Las palabras para las ideas y la acción vendrán

después."

El señor Fernández-Miranda rindió homenaje a su antecesor, el señor Rodríguez de

Valcárcel, a Franco, al almirante Carrero y al presidente Arias Navarro. Las

alusiones fueron hechas con este mismo orden. En todos los casos hubo aplausos

encendidos.

A) Aludir a Carrero, el señor Fernández-Miranda pareció ofrecer un anticipo de

su futura actitud política.

B) El almirante sirvió a Franco y fue considerado por un periódico, como ayer

recordó el nuevo titular de las Cortes, "caballero de la lealtad". El señor

Fernández-Miranda daba a entender que también serán sólidas sus lealtades al

Rey. Y aclaró: "Soy un hombre de bien. El pasado no me ata. Pero si soy fiel a

lo que el pasado me ha condicionado." Y un poco después recalcaría: "Me siento

total y absolutamente responsable de todo mi pasado. Soy fiel a él, pero no me

ata."

La alusión de Fernández-Miranda al almirante presentaba una variante con

respecto a los usos del elogio en la trayectoria del Régimen. «Se podrá —dijo—

estar de acuerdo con él o no. Eso es secundario.» Pero ocurre que para el nuevo

presidente de las Cortes la distinción es esencial. Porgue en dicha matizaoión

estará la clave de su nueva dialéctica.

ÉL ACTO

El señor Fernández-Miranda tomó posesión de su cargo rodeado de reporteros

gráficos, de cámaras de televisión, de funcionarios del palacio legislativo, de

cronistas, de algunos procuradores y, por supuesto, de miembros del Gobierno con

el presidente Arias a la cabeza. La «estrella» de la reunión era, oficialmente,

don Torcuato, pero el «imán político» que atraía más miradas y suscitaba mayor

número de comentarios era el jefe del Gobierno. Relajado, tranquilo, sin el

sello preocupado de su estampa habitual, don Carlos Arias asistía al espectáculo

—uno más— de las tomas de posesión, que esta vez brindaba la particularidad del

silencio del saliente. En efecto, don Alejandro Rodríguez de Valcáreel, hasta el

pasado 27 de noviembre titular de las Cortes, no pronuncia «ninguna alocución de

despedida. Estaba ligeramente sonriente. Detrás de Valcáreel, de Fernández-

Miranda, de Arias Navarro, el ministro secretario, señor Solís, también mostraba

una cierta iluminación enigmática en su faz.

LOS PROTAGONISTAS

Los protagonistas de la historia palpitante del Régimen estaban allí, en las

Cortes. Para el periodista era una «El servicio al Rey, una empresa de esperanza

y de futuro» tentación imposible preguntarle a don Iñigo Oriol, consejero del

Reino, sobre unas particularidades de la histórica sesión de las seis horas y

media; por ejemplo, sobre el procedimiento acordado para elegir la terna previa

a la designación del futuro presidente del Gobierno.

ARIAS

En los medios politicos no se agota la curiosidad por saber qué ha ocurrido para

que el señor Arias, presunto viajero particular por el mundo después de entregar

su dimisión al Rey, esté ahora en trance de cancelar sus billetes y permanecer

en su despacho oficial «sine die»; o para que los ministros —muchos de ellos,

tras despedirse de sus subordinados y colaboradores, hayan retornado a sus

Departamentos con cierta moral de continuación. Nadie sabe nada con plena

certeza, pero casi todo el mundillo político cree poseer alguna explicación

aproximada. Incluso se habla de una comida celebrada dentro de las pasadas

cuarenta y ocho horas. Una comida en un restaurante madrileño, con los señores

Arias, Carro, Cabello, Suárez. García Hernández y Solís de comensales. Aquella

misma tarde, el presidente Arias estuvo en La Zarzuela. Después, la expectativa

de cambio inmediato en la cúspide del Gobierno se paralizó. Como por arte de

magia, muchos comentarios abundaron en la suposición de que el próximo martes

podría ser un día clave en esta historia de altas decisiones.

El señor Fernández-Miranda terminó su improvisado discurso de ayer con tres

gritos: «¡Viva España! ¡Viva el Rey! y ¡Arriba España!»

 

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