Autor: Casas Pérez, José de las. 
   Leyenda y realidad del burócrata     
 
 ABC.    21/05/1959.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LEYENDA Y REALIDAD DEL BURÓCRATA

Burocracia: "Influencia excesiva de los empleados públicos en el gobierno del Estado". Los tratadistas, y los académicos, no dicen "participación numérica excesiva", sino "influencia excesiva". Esa "influencia" habrá que entenderla en el sentido de "poder" sobre las resoluciones administrativas. Uno, demasiado vacío, o poco afortunado, no podría precisar cuantío, realmente, en nuestras latitudes, ese "poder" ha existido. Dejemos aparte la cuestión numérica, que nadie achaca a la propia burocracia. Aparte también los textos de filósofos, tratadistas, sociólogos y juristas, terribles definidores de teorías complicadas y poco gratas, sobre burocracia.

En lenguaje llano, de uso corriente, el vocablo sirve para señalar un peso físico sobre los presupuestos de cualquier Estado, y no la vigencia de una fuerza moral, laboriosa, necesaria y creadora. Valgan los adjetivos, a pesar de que en ellos pueda filtrarse una cierta dosis de interés recóndito. Anden o no por el camino de la burocracia mi vocación y mi gusto, soy un burócrata, o sea, "un pobre diablo". Mis padres, maestros de escuela, también lo fueron. Tales circunstancias, que pueden apasionar el juicio, me permiten decir que, en mi hogar de niño, hogar de empleados públicos, formaron apretado cañamazo una larga sucesión de agobios, penas y limitaciones. Si aquello, .tan lejano, constituyera una singularidad, no la traería a cuento. Serán muchos lectores, mayores de cincuenta años, lús que piensen, sin embargo, que el drama oscuro de mi.hogar ha tenido su réplica en millares de hogares. La categoría dramática no se contrae por el hecho de que "Pérez o Gutiérrez" y las "niñas de Pérez o Gutiérrez" constituyeran el eje de viejas crónicas festivas, sobradas de ingenio y faltas de caridad. La memoria, la justicia y el corazón me piden escribir sobre la burocracia unas palabras nada sabias, sino cordiales, diáfanas y nobles. Escribir, brevemente, sobre una parte de ese conglomerado humano, que se integra en la clase media española, que es la fuente de nuestros más altos valores científicos, castrenses, literarios y políticos.

Que unas lecturas o unos estudios, "para oposiciones", no nos induzcan al error de pensar.que el burócrata influye, de modo principal, y menos aún decisivo, en las resoluciones administrativas. Eso no sería completamente cierto. Más equivocado y falso resultará aceptar un tópico que a tantas mentes ha extraviado. Aludo al que asegura que el burócrata cobra, y no trabaja. Los casos de despreocupación y de ocio, frecuentes en todas las colectividades, se han generalizado despiadadamente al referirse a los empleados públicos. La propia excelsitud del general Primo de Rivera, para cuya memoria y cuya obra todos los homenajes son pocos, incurrió, durante los primeros meses de su mando, ´en ese pequeño error.

Luego, aunque sin decirlo, rectificó. Lo cierto es que por cada mal ejemplo de un burócrata tenemos en la administración cien paradigmas de abnegación y sacrificio. De eso no se sabe mucho en la calle. El léxico burocrático, tan inclinado a retorcer la sintaxis y a prodigar el gerundio, repite, sin embargo, dos frases de gustoso sabor castellano. Son éstas: "V. E., no obstante, resolverá." "Dios guarde a V. E. muchos años."

Eso no es sólo cortesía y literatura. El sentimiento humilde y reverencial de unas almas está ahí, en unas cuantas palabras, que a fuer de rituales y repetidas, casi no se leen. Pero "la Superioridad", un concepto físico y tangible, a los ojos del burócrata se hace mítico. El se halla seguro de que su destino no radica en mandar, sino en proponer y siempre en obedecer al que manda. Muy equivocado estará el que suponga, en deducciones superficiales, que los burócratas se encuentran faltos de ideas, huérfanos de formación espiritual, sin otras preocupaciones que las del escalafón. No es eso. La copiosa literatura que convirtió en personaje de saínete al "hombre de los manguitos"; el periodismo que se gozó en las peripecias del balduque, ha cometido, a lo largo de los años, libre de contradictores, una monstruosa injusticia. El burócrata es un hombre—discurro en términos generales—cabal, leal, modesto y capaz. Su afán de hacer y obedecer es auténtico, y a veces, conmovedor. Se me figura a mí que ha llegado la hora de hacerle justicia. Justicia, que no parezca favor. Me parece a mí que es bueno buscar un claro en las Prensas para decir a una generación que, sin mengua de preocupaciones más altas, coja unas hojas de laurel para esos pobres héroes anónimos, que han trabajado y han sufrido, abejas de los despachos y de las covachuelas, que no le exigen a la vida sus deliciosos venenos ni placeres, ni honores, ni riquezas ; que no piden y que no esperan; que están cristiana y resignadamente en sus puestos, con la diáfana fidelidad, que constituye el inútil y glorioso patrimonio de las ignoradas familias ce "Pérez o Gutiérrez". José DE LAS CASAS PÉREZ.

 

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