Autor: Medina González, Guillermo. 
   El primer Gobierno del Rey     
 
 Informaciones.    06/12/1975.  Página: 1. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

INFORMACIONES POLÍTICAS

Revista semanal de Politica Nacional y Extranjera

NUM. 32

Sábado 6 de diciembre de 1975

El primer Gobierno del Rey

Por Guillermo MEDINA DON Carlos Arias Navarro presidirá el Gobierno hasta el fin

su mandato de cinco años. El primer Gobierno del Rey empalma en la cúspide con

el último de Franco. Un hombre escogido por éste va a presidir el Consejo de

ministros que tendrá que enfrentar el período crítico y difícil de la

transición. Al no aceptar el Rey la dimisión de don Carlos Arias, éste pasa a

convertirse, técnica y políticamente, en el primer presidente del Consejo de Su

Majestad. Hechos sencillos con valor y consecuencias para la Historia.

Trascendente decisión del Rey, que pone fin a una semana tensa.

El ritmo de los cambios es pausado. Habrá frustración entre quienes consideraban

condición «sine qua non» los nombres y las caras nuevas. Pero si la política es,

el arte de lo posible, la opción real indica que lo que significa el señor Arias

es, en estos momentos, el mayor cambio posible sin ruptura del sistema

institucional. Hay quienes piensan que don Juan Carlos pudo ir mas lejos, pero

otros replicarán que el paso habrá sido dado de acuerdo con la información de

que disponía. La realidad ha dejado ver esta semana que los sectores más

conservadores, cautelosos y desconfiados hacia el cambio controlan en parte

determinados centros de poder institucional que se manifiestan decisivos.

La dificultad de cambiar contando con quienes no quieren cambiar es evidente.

Don Carlos Arias representa en esta coyuntura la opción posibilista, y va a

contar con un reducido espacio de maniobra para ensanchar su base política, y la

credibilidad del primer trecho reformista, que es por donde habrá de avanzar.

Arias presidente, ¿para hacer qué y con quiénes? ¿El crédito Inicial que el país

otorgó a la Monarquía se va a ver reflejado en la composición del Gobierno y en

un programa político claro, liberal y sujeto a calendarlo? ¿Va a haber prorroga

de la tregua política por parte de los sectores más impacientes?

¿Coincide Arias con las significativas expresiones de «lealtad al futuro» y de

no estar catado por el pasado» de Fernández-Miranda?

Honestamente, sólo acertamos a formular Interrogantes. En esta coyuntura sólo es

posible analizar con la lógica y con la razón, a sabiendas de que lo racional

nunca se realiza plenamente. La lógica señalaría que la continuidad de Arias no

tiene porqué Indicar necesariamente abdicación en el contenido del mensaje de la

Corona. Los más esperanzados advierten que el Carlos Arias del 12 de febrero

tropezó con un contexto, desfavorable e insalvable, que no existe más; que ese

condicionamiento no jugará hoy como freno, sino como estímulo hacia una política

reformista que supere la propia formulación del 12 de febrero.

Pero esta posibilidad no puede ocultar que hay aún una derecha liberal y

democratizadora que todavía no se reconoce en el Poder establecido.

Dos temas-test 11 a m a n la atención del observador: la proyectada reforma, que

ha quedado sobre la mesa del Consejo de ministros, de la estructura de los

Ministerios y las próximas elecciones locales.

El simple cambio de nomenclatura de los Ministerios no nos homologa a Europa, ni

dará por si solo una nueva imagen del futuro Gobierno. Desde hace años en la

Presidencia del Gobierno trabaja un Gabinete de la Reforma Administrativa, que

ha estudiado numerosas hipótesis. Pero el eje principal de la reforma gira en

torno a si se mantendrá el actual Ministerio de la Presidencia o bien si será

sustituido por un ministro secretario de Gobierno que comprenda varias

Secretarlas de Estado; en el terreno político, la opción se plantea en cuanto al

futuro de la S. G. del Movlmien to. Descartada, al parecer, l£ creación de

una S. G. de Gobier no, el resto de la reforma ad ministrativa —posible creador

de Ministerios de Sanidad Transporte y Turismo y otro posibles— carece de

envergadura política, y sería un test negativo que en su día se pretenda

hacerla pasar por una espect a c u 1 a r y trascendente operación de

cambio político. Por el contrario, su presentación, debate y ejecución de la

reforma administrativa deberían ser un buen motivo para ofrecer al país un

nuevo talante democrático.

En cuanto a las próximas elecciones municipales y provinciales, que se piensa

tendrán lugar en enero, salta a la vista que los beneficiarios serán los grupos

ya organizados, sea clandestinamente o con asociaciones reconocidas y en marcha.

La prudencia aconsejaría esperar a un planteamiento más abierto y liberal de las

asociaciones y a la sustitución de unos procedimientos electorales hasta el

momento

restrictivos, como ha demostrado el bajo Índice de participación electoral.

 

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