Autor: Camba, Julio. 
   Cabezas históricas     
 
 ABC.     Página: 45. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

CABEZAS HISTÓRICAS

¿Hasta qué punto puede un grande hombre considerarse dueño de su fisonomía? Es decir, ¿hasta dónde pueden introducir en ella modificaciones que la desvirtúen o le quiten carácter?

¿Le es lícito, por ejemplo, al grande hombre raparse la barba, teñirse "las canas u ocultar su calvicie con un bisoñe? ¿Y las enciclopedias que lo representan barbudo, canoso o calvo? ¿Qué se va a hacer con ellas?

Un día, el Emperador de Austria-Hungría, Francisco José, quiso quitarse las patillas, y no pudo. Cuando le comunicó su propósito al barbero, éste se desmayo de la emoción y, una vez repuesto, íué a consultar el caso con el archiduque Francisco Fernando. El archiduque, cuyo asesinato en Sarajevo •desencadenó poco después la primera guerra mundial, le dio la noticia a la, Corte, y se produjo un tremendo revuelo.

Hubo dama que no durmió en varias noches pensando en la tragedia que se avecinaba. Las patillas del Emperador, aquellas patillas adoptadas por casi todos los oficiales del Ejército, popularizadas por las fotografías, por las monedas y por los sellos de correos, interpretadas per los mejores caricaturistas del mundo y eternizadas por la escultura, aquellas patillas que tenían sesenta afica de historia, iban a desaparecer en un minuto.

—No. Nunca—clamaban los cortesanos— Austria es un país constitucional. El Emperador 8e dejará aconsejar.

Y alla fueron el archiduque y la archiduquesa, el gran mariscal, el gran maestre de ceremonias, el general ayudante de campo del Emperador, el gran chambelán y los grandes dignatario de la Corona; allá fueron todos ´en coro a implorar de Francisco José que no atentas,e a la integridad de sus patillas venerables.

Francisco José no accedía. Estaba harto de sus patillas.

—Las patillas, históricas o no—parece que.dijo—, son una cosa bástante sucia.

—Vuestra Majestad se hará cargo...

—Mi Majestad no se hará cargo de nada y va a quitarse las patillas ahora mismo, en un acto de independencia que nadie le discutiría al ultimo de sus subditos.

No se las quitó, sin embargo. No pudo quitárselas. La resistencia que encontró en la Corte y en . el pueblo, adonde comenzaban a llegar ya rumores de su propósito, era enorme, y Francisco José no tuvo más remedio que seguir pareciéndose a sí mismo hasta el fin de su vida.

Parecerse a sí mismo: he ahí el primer deber de todo grande hombre, porque ninguno de ellos es dueño, sino simple usufructuario de la cabeza con que adquirió la popularidad o conquistó la gloria. Las cabezas de los grandes hombres nos pertenecen, en realidad, a todos nosotros, y nosotros somos los únicos que no sólo tendríamos un perfecto derecho a modificarlas, sino que, €n caso de apuro, hasta podríamos coger alguna de ellas e ir a ver si la negociábamos por unas pesetillas en el Rastro.

Julio CAMBA.

 

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