Autor: Sopena Daganzo, Enrique. 
   Pasó el ciclón Fraga     
 
 Informaciones.    06/12/1975.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

PASO EL "CICLÓN FRAGA"

Por Enrique SOPENA

HA pasado por Barcelona, como ocurrió exactamente hace un año, el «ciclón

Fraga». La semana, desde el martes hasta ayer, ha estado notoriamente marcada

por la presencia del ex ministro de Información y Turismo y, hasta hace pocas

fechas, embajador en Gran Bretaña.

Esta vez habrá que añadir que junto a él han caminado muchas alternativas, que

de algún modo, han podido aprovechar su visita para exponer, limpiamente y sin

temores, puntos de discrepancia e incluso ¿e contraposición a las tesis

reformistas del presidente de GODSA.

Comenzó viajando a Tarragona para, entre otras derivaciones, conversar con el

arzobispo monseñor Pont 1 Gol, cuya linea es perfectamente homologable a la

sostenida por monseñor Tarancón o monseñor Jubany. Pero, sobre todo, el señor

Praga, en esta ocasión, ha querido realizar gestos muy concretos para romper

moldes y tradiciones de muchos años. Con independencia de algunos aspectos, no

del todo conseguidos a la hora de efectuar tales gestos, lo cierto es que el

líder del centrismo cenó con un grupo de obreros, visitó un barrio, dialogó con

asociaciones de vecinos y «aguantó» que la presentación de su nuevo libro fuere,

llevada a cabo por un hombre partidario de la ruptura, que, además, «contestó»

las tesis expuestas tantas veces por el propio señor Fraga Iribarne.

Tal vez el fallo más destacado estuviera en la cena con el «grupo de obreros».

La verdad es que a la mesa se sentaron pocos obreros y abundaron gentes medias,

partidarias de las teorías fraguistas. El acercamiento al mundo trabajador fue

en este sentido mas simbólico que real. El escenario del encuentro no fue

Sindicatos ni estaban presentes autoridades sindicalistas de ningún tipo.

En cambio, el Intercambio de pareceres con los representantes de los vecinos se

desarrolló entre claridades mutuas. Y pudo escuchar el señor Praga las

aspiraciones de un sector muy cualificado de la ciudadanía barcelonesa.

Aspiraciones que, a lo largo de la presentación del libro, escuchó también por

boca del abogado don Agustín de Semir, cristiano-socialista. Aspiraciones, en

definitiva, que estos días se prodigan aquí desde múltiples encrucijadas, a

partir de numerosas instancias. En primer lugar, el señor Praga Iribarne —y

sobre ello, como sobre algunas otras cosas, no mostró disconformidad básica

alguna oyó palabras favorables a la amnistía.

Ha sido buena parte de la opinión pública catalana la que ha podido pulsar

directamente ai señor Praga Iribarne, con motivo de los premios periodísticos

que llevan su nombre. El poder de convocatoria del es ministro se ha puesto

nuevamente de manifiesto. La cena de ayer demostró que cuando se opta por las

vías ¿el diálogo y de la reforma, las gentes —a pesar de que existan

discrepancias sustanciales en la forma de acceder a la democracia— están

dispuestas a no escurrir el bulto y participar en el agora común.

«Este espectáculo, a Praga no le favorece en estos días de ternas y de

ministrables», han susurrado labios tradicionales, poco propicios a. la dinámica

del cambio. Pero e] señor Fraga Iribarne ha jugado en Cataluña la baza del

cambio, apurando a] máximo las posibilidades de la situación y apurando también

al máximo la buena disposición de quienes se encuentran extramuros. Ha sido una

lección práctica de su tan cacareado centrismo, gradualmente liberalizador.

¿Ha conseguido el objetivo? ¿Ha convencido a tirios y troyanos? Es difícil

todavía entrar en balances, aunque muchos coinciden aquí que una virtud no se le

puede discutir ha contribuido a dinamizar el debate político, tratando de

conducirlo bastante más allá de los consabidos cenáculos aptos únicamente para

iniciados. La oposición ha encontrado en los días barceloneses del señor Praga

Iribarne tribuna receptiva para airear sus opiniones.

 

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