Autor: Ors, Emilia. 
   Las relaciones entre Cortes y Gobierno deben ser armónicas     
 
 Informaciones.    06/12/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 17. 

Las relaciones entre Cortes y Gobierno deben ser armónicas

(DON CARLOS OLLERO)

Don Carlos Ollero, catedrático de Derecho Político de la Universidad de Madrid,

es colega del nuevo presidente de las Cortes y un especialista en temas

constitucionales. Nuestra conversación sobre el tema de las Cortes y su eventual

reforma queda plasmada en la siguiente entrevista:

—La Presidencia de las Cortes, ¿debe ser un cargo representativo? ¿Qué sistema

de elección le parece más adecuado? -

—En una Cámara auténticamente democrática y representativa, el presidente debe

ser elegido por ella.

Para el caso de las Cortes Españolas, el procedimiento previsto me parece

técnicamente admisible por ser politicamente congruente.

—Según usted, ¿cuál debería ser la misión principal del actual presidente de las

Cortes? ¿Y sus primeros actos políticos?

—Desde un punto de vista funcional, la misión principal debe ser que las Cortes

realicen su tarea específica lo menos mal posible, puesto que aquí también lo

mejor sería enemigo de lo bueno. Desde un punto dé vista político, al

presidente, en tanto que tal, corresponde mantener que entre ellas y el Gobierno

las relaciones sean armónicas. Presiento que puede no ser un objetivo demasiado

dificultoso. En respuesta a su segunda pregunta, creo que el presidente tendrá y

deberá tener «actuaciones» políticas, pero no tiene que asumir, al menos

formalmente, el protagonismo personal de cactos» politicos.

—¿Cuál debe ser el papel político del presidente de las Cortes ante las

perspectivas de evolución y cambio político?

—Antes se referia usted a la «misión» del presidente; ahora, a su «papel». En un

sistema político bien ordenado no deben diferenciarse. Entre nosotros la verdad

es que en demasiadas ocasiones se diferencian, incluso se contradicen» Espero

que ahora no ocurra; de equivocarme, creo que habrá menos «misiones» que

«papeles». Lo importante es que éstos no se pierdan.

—¿Cree que ¡a presidencia de las Cotres debería ser un período de cuatro años

(en vez de los seis actuales) para que coincidiera con el período legislativo?

—Sobre los supuestos actuales, la duración del mandato no es esencial. En pura

arquitectura Jurídica, quizá deberla equipararse al de la legislatura. Desde un

plano político —aquí y ahora— repito que la cuestión no tiene mayor importancia.

—¿Cree que el presidente debe cooperar con la Corona para el mejor cumplimiento

del discurso del Rey? ¿Cómo?

—¡Es inconcebible esperar otra cosa! Respecto al «cómo», permita, me que me

reserve el esfuerzo de articularlo, al menos hasta saber si serla baldío, o por

si recibo el improbable, aunque explicable, honor de ser consultado.

—¿Cuál debería ser el programa del nuevo presidente hasta mareo próximo, en que

se renuevan las Cortes?

—No creo que el presidente de las Cortes tenga que formular programas especiales

para realizar su «misión»; y si cree conveniente hacerlo para Jugar su «papel»,

el asunto es lógico que sea muy personal y «top secret». Por lo demás, ¿por qué

no puede prolongarse el mandato (Je las Cortes actuales? Para una verdadera

renovación seria aconsejable.

—¿Considera lógico que la presidencia de las Cortes coincida con la del Consejo

del Reino?

—Refiriéndome siempre al contexto vigente con actitud interpretativa y no

valorativa o ideológica, pues ese serla otro cantar, estimo que es. lógico que

el presidente de las Cortes presida el Consejo del Reino, dada su estructura y

funciones. Ahora bien, en este orden habrá que contar con lo que ocurra en la

realidad. Dadas las características de la situación anterior, las funciones y

competencias de las instituciones constitucionales distintas a la Jefatura del

Estado padecían de evidente «elefantiasis»; tal vez ahora —excepción hecha

también de la misma Magistratura suprema— puedan experimentar, por el contrario,

un cierto «Jivarismo». lo que he de confesar que a la vista de su composición y

naturaleza no me preocuparía demasiado.

—Como compañero de cátedra del actual presidente de las Cortes, ¿podría hacer

una pequeña semblanza del señor Fernández-Miranda como constitucionalista a

través de sus escritos, etc?

—Desde hace más de treinta años somos grandes amigos; como tales hicimos Juntos

las oposiciones a cátedra en 1945. Juntos resolvimos, con Castiella, aquellas

por las que ingresaron Praga y Tierno. Algo más tarde enjuició como Tribunal y

de forma muy halagüeña para mi las que me llevaron a la cátedra de Madrid. Más

recientemente colaboré de forma indirecta, pero eficiente, a que a su vez él

también fuera catedrático de la Complutense. La semblanza que me Invita a hacer

no la creo muy apropiada al momento: a unos les parecería demasiado

encomiástica, y excesivamente critica a otros. No debo favorecer esta segunda

posibilidad con consideraciones retrospectivas sobre quien noblemente acaba de

proclamar que responde de todo su pasado, pero que no se considera atado por ese

pretérito, en el que ciertamente mantuvimos discrepancias que, hoy más que

nunca, sería irrespetuoso recordar.

Por mi parte, pienso que nuestro distinto talante humano nunca quebró nuestra

magnifica amistad ni la constancia de esas discrepancias enturbió nuestro franco

diálogo. Sería incapaz de medir hoy con rigor la entidad de esas discrepancias,

porque ignoro hasta qué punto una inteligente apreciación de la realidad

española habría modulado las suyas. Habrá que esperar a que de la expresión de

sentimientos personales pase a la exposición de sus ideas y propósitos

políticos.

E. O.

 

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