Autor: Pérez Fernández, Herminio. 
   El servicio a la patria y al Rey son una empresa de esperanza y de futuro  :   
 Fernández-Miranda tomó posesión ayer de la Presidencia de las Cortes. 
 ABC.    04/12/1975.  Página: 5. Páginas: 2. Párrafos: 22. 

VIDA POLÍTICA

ABC. JUEVES 4 DE DICIEMBRE DE 1973. PAG. 8.

ESPAÑA POLITICA Y SOCIAL

"EL SERVICIO A LA PATRIA Y AL REY SON UNA EMPRESA DE ESPERANZA Y DE FUTURO"

Fernández-Miranda tomó posesión ayer de la Presidencia de las Cortes

Madrid. (De nuestro redactor en las Cortes. Herminio Pérez Fernández.) «Me

siento total y absolutamente responsable de todo má pasado. Soy fiel a él. Pero

no me ata, parque el servicio a la Patria y al Rey son una empresa de esperanza

y de futuro». Pertenecen estas palabras al breve discurso pronunciado por el

nuevo presidente de las Cortes, don Torcuato Fernández-Miranda, en el acto de

toma de su posesión, celebrado en la tarde de ayer, en el Palacio de la Cámara

Legislativa.

El señor Fernández-Miranda fue recibido en un clima de extraordinaria

cordialidad y efusión. Se hallaban presentes numerosos procuradores y todo el

personal de la Casa. Esperaban al nuevo presidente a la entrada de la Cámara, el

presidente en funciones, conde de Mayalde, con todos los componentes de la Mesa

de las Cortes. En el corto pasillo que conduce al despacho presidencial fue

saludado y abrazado con entusiasmo por incontables procuradores.

Acompañaron al señor Fernández-Miranda, en este solemne momento, el presidente

del Gobierno, don Carlos Arias Navarro, y los tres vicepresidentes, don José

García Hernández, ministro de la Gobernación; don Rafael Cabello de Alba,

ministro de Hacienda, y don Fernando Suárez González. ministro de Trabajo, así

como los ministros de la Presidencia, don Antonio Carro Martínez; de Información

y Turismo, don León Herrera Esteban; de Comercio, señor Cerón Ayuso; de

Agricultura, señor Allende y García-Báxter: de Justicia, señor Sánchez Ventura;

de Relaciones Sindicales, señor Fernández Sordo, y secretario general del

Movimiento, señor Solís Ruiz. La llegada de don Alejandro Rodríguez de

Valcárcel, minutos antes de las cinco de la tarde, fue acogida también con

extraordinaria cordialidad, saludándose ambos presidentes, saliente y entrante,

con un efusivo abrazo. Entre los asistentes se encontraban también

subsecretarios y directores generales de varios Ministerios, así como casi todos

los componentes del Consejo del Reino y numerosos ex ministros y otras

personalidades. La toma de posesión se celebró en el Salón de Pasos Perdidos.

Sólo hubo un discurso, el del nuevo presidente de las Cortes, que dijo

textualmente:

UN ACTO DISTINTO

«Cuando ayer, después de haber sido dado a la publicidad mi nombramiento, hablé

con el presidente Rodríguez de Valcárcel, me hizo ver. en un símbolo, la

inequívoca expresión de qué éste tenía que ser un. acto distinto de los que

tradicinnalmente se habían celebrado. Por primera vez, la Ley Orgánica del

Estado, cuyo juego establecía el término automático del mandato del presidente

saliente, determinaba también con el Juramento la toma de posesión del nuevo

presidente. No tenía, por tanto, sentido el acto tradicional de un presidente

que cede, por así decirlo, los poderes al entrante, porque la Ley Orgánica

establecía el automatismo de esta situación. Par tanto, este acto tenía que

haberse reducido al hecho de que yo tomara posesión, simbólicamente, de esta

Casa con la entrada en el despacho de la Presidencia. Yo rogué a1 entrañable

Rodríguez de Valcarcel que tuviera la bondad de acompañarme en esta hora, Y él,

con su característica gentileza, accedió a ello.

Pero en vista de que el hábito y la costumbre no son fáciles de cambiar, quiero

pronunciar unas palabras que solamente puedan ser la expresión sintética de mis

sentimientos. Las palabras de las ideas y de la acción, vendrán a su tiempo.

ELOGIO A RODRÍGUEZ DE VALCARCEL

Y mis sentimientos son muy claros y muy sencillos: un sentimiento de admiración,

amistad, cordialidad y respeto al presidente Rodríguez de Valcárcel, que ha

entrado, con paso firme, en las páginas de nuestra Historia, a lo largo de sus

seis años de gestión y estos últimos días emotivos, dramático y esperanzadores

en que, como presidente del Consejo de Regencia, acabó dando, con broche de oro,

ejemplo de su expresión y testimonio de su alta personalidad. Mi admiración, mi

sincera amistad, mi cordialidad y mi aplauso para este gran presidente... (Una

cálida y larga ovación interrumpió las palabras del señor Fernández-Míranda).

EMOCIONADO RECUERDO A FRANCO

Su Majestad el Rey, en el Discurso de la Corona, pronunciado en este Palacio,

dijo, certeramente, que «es de pueblos grandes el recordar la obra de sus

grandes hombres». En este momento, sencillamente, entrañablemente, yo no puedo

menos de recordar, emocionadamente, a quien tuve el honor de servir siempre y

especialmente unos años: nuestro Caudillo Franco. (¡Muy bien! Aplausos

prolongados). Su memoria es para todos nosotros inolvidable.

EVOCACIÓN DE CARRERO BLANCO

«Soy un hombre de bien —agregó luego el señor Fernández-Miranda—. El pasado no

me ata. Pero sí soy fiel a lo que el pasado me ha condicionado. Yo quiero

recordar aquí, con emoción y gratitud, porque de él aprendí grandes lecciones de

patriotismo y lealtad, a aquel hombre, el almirante Carrero Blanco... (las

palabras del nuevo presidente de las Cortes quedaron interrumpidas, en este

punto, por una clamorosa ovación), que con su muerte dio la última lección de su

larga fidelidad. Se podrá estar de acuerdo con él o no. Eso es secundario. Pero

todo hombre bien nacido sabe que acertó aquel periódico de la mañana aue, el día

en que lo nombraron presidente, lo calificó como «el Caballero de la Lealtad».

Yo rindo homenaje a la memoria de este héroe nacional. (Se reproducen los

aplausos.)

GRAN OVACIÓN AL PRESIDENTE ARIAS

«En aquellos días me acompañó con una ayuda, con una adhesión que nunca

agradeceré bastante, en aquellos difíciles momentos, un caballero que, a los

pocos días, fue presidente del Gobierno. Dos años de pesada y dramática,

historia, demuestran su caballerosidad y su grandeza. (¡Muy bien! Aplausos

clamorosos al presidente Arias, que corresponde sonriente).

El nuevo presidente de las Cortes puso fin a su discurso con estas palabras:

«Somos lo que Dios y nuestros padres han puesto en nuestro nacimiento. Somos

aquello que la propia psicología, biología y personalidad nos otorga. Pero

somos, sobre todo, aquello que hacemos. Me siento total T absolutamente

responsable de todo mi pasado. Soy fiel a. él, pero no me ata. Porque el

servicio a la patria y al Rey son una empresa de esperanza- y de futuro.

Con toda lealtad pido la ayuda de todos. Estoy seguro de la ayuda de todos. Pido

perdón a quienes, sin querer, he ofendido y pido la colaboración de todos.

LEALTAD A ESPAÑA Y AL REY Y termino, sencillamente, manifestando la clave de mi

comportamiento y actitud: mi absoluta lealtad y servicio a España en ta, persona

del Rey, que encama y personifica la soberanía nacional, y manifiesto mis

sentimientos —hora habrá para las palabras, las idea y las acciones— con tres

gritos que surgen de mi corazón: ¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Arriba España!

Clamorosamente fueron contestados estos tres gritos del señor Fernández-Miranda

por todos los asistentes al acto, que, seguidamente, rompieron en aplausos,

mientras el huevo presidente recibía, una vez más, innumerables felicitaciones.

Terminado el acto, el señor Fernández Miranda pasó, con el presidente y

ministros del Gobierno, ex presidente de las Cortes señor Rodríguez de

Valcárcel; vicepresidentes de la Cámara, señor conde de Mayalde y Mendoza

Gimeno, y otras personalidades, al despacho de la presidencia.

Momentos después abandonaron el palacio el señor Arias y los ministros. El

presidente sostuvo luego una breve entrevista con el señor Rodríguez de

Valcárcel, al que acompañó hasta la escalera de salida. Pocos minutos más tarde,

el nuevo presidente de las Cortes abandonó también la Cámara legislativa.

 

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