Autor: J. L. V. D.. 
   Los escritos políticos de Eugenio Vegas     
 
 ABC.    31/01/1960.  Página: 61. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

LOS ESCRITOS POLÍTICOS DE EUGENIO VEGAS

En la "Colección de doctrina monárquica", dirigida por el brillante escritor Luis María Ansón, que a los veinticuatro años ha logrado merecidamente, con libros y artículos, una reputación de periodista de primer orden, comienzan a aparecer los "Escritos Políticos" de Eugenio Vegas Latapie. No es la primara vez que se recogen, pero ahora se hace en finos volúmenes de noble y elegante austeridad. Se nos da uno y se nos prometen tres más. En ellos irán incluidas obras de exposición, como "El pensamiento político de Calvo Sotelo"—´fundamental en la bibliografía del tema--, y libros de polémica tan apasionantes como "Catolicismo y República", donde se .estudió el sentido del "ralliement" francés con una claridad muy indiscreta para los que recto y erróneamente pretendieron hacernos a todos republicanos y consolidar aquella Be-pública que acabó instalando en España una sucursal de Moscú.

La labor de Vegas ha sido una de las más importantes de la España contemporánea. Un excelente conocimiento de la historia de Francia desde el siglo XVIII, del (pensamiento político francés y español y de la doctrina pontificia, se hermana en él con la preparación jurídica. Desde la temprana mocedad, el derecho, la historia y la religión dieron temple a una pluma vibrante y aguerrida. Un buen prosista, versificador y empecinado lector de historia y de literatura, ingeniero quizá menos devoto del número como cantidad que como armonía, el marqués de Quintanar aunó con Vegas su fervor y su esperanza para fundar "Acción Española".

Parte de los trabajos que recoge el tomo primero de "Escritos Políticos" fueron en principio editoriales de la revista. Otros provienen de "La Época". Todos elfos arrancan de considerar una entidad histórica, la Revolución—la Revolución con mayúscula—como la fuerza trastocadora y alterante que modela el

mundo desde hace dos siglos. Es un pensamiento con raíces religiosas, una visión teológica de la historia. Actualmente la divulga un puñado selecto de magníficos franceses en "La cité catholique" temando por divisa la frase de Albert de Mun: "La Revolución es una doctrina que pretende fundar la sociedad sobre la voluntad, del hombre, en lugar de fundarla sobre la voluntad de Dios."

Para Vegas, la polínica tiene sus leyes. Constituye una ciencia, o sea, un sistema de verdades -que se basa en la naturaleza de las cosas, en la naturaleza humana—inalterable, aunque histórica—en primer término. Tal es la razón profunda de que ciertos principios mantengan perenne validez.

Baste un ejemplo. En 1872 Ernesto Renán, escribe: "Fraílela es ciertamente monárquica: pero la herencia se basa en razones políticas demasiado profundas para que ella se dé cuenta." Renán cree, pues, que Francia, derrotada por Prusia, debe acogerse a Enrique V. Comprendía y acataba, como dice Vegas, las leyes naturales por que han de regirse las comunidades nacionales.

No puede olvidarse, por otro lado, el carácter circunstancial que revisten los artículos o breves ensayos que en este volumen quedan reunidos. Menos un discurso de 1930 y algunos trabajos publicados en 1936 y durante la guerra, lo que nos ofrece singular estas paginas data principalmente de 1933 y 1934. El valor histórico de lo que se escribe con autoridad haciendo frente a una situación política, es palmario. En este caso el historiador encuentra en Vegas a un testigo de cargo, lo mismo cuando declara antes de la República que en su corta y aciaga vida.

Pero los "Escritos" quedarán, sobre todo, incorporados a la historia del pensamiento político español. En ella tendrán su puesto irrevocable, como índice inequívoco de una actitud doctrinal paladina y firmemente asentada. Los cuatro volúmenes de que constarán los "Escritos políticos" bastarían por sí solos para que su autor; a pesar de Eugenio Vegas, tan apartado del mundanal ruido, tuviese un sillón en la Academia de Ciencias Morales y Politícas, que inexplicablemente todavía tío se ha acordado de él.—J. L. V. D.

 

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