Ojo con el gobierno     
 
 Cambio 16.    15/12/1975.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Editorial

Ojo con el gobierno

Nunca en tan pocos dias están a punto de esfumarse tantas esperanzas. El país

esperaba, con el aliento contenido desde hace cuarenta años, que el nuevo

Monarca pusiera fin de una vez por todas a la mentalidad y a las secuelas de la

última y más dura de las guerras civiles españolas. Y sin embargo, según datos

reales y noticias repetidas que pasean por todas las redacciones y cenáculos

políticos del país, el primer Gobierno de Su Majestad Juan Carlos I amenaza con

quedarse radicalmente corto frente a la tarea histórica que tiene por delante.

Si ello es así, si caras demasiado vistas y personalidades de escasa raigambre

reformadora ocupan las principales carteras del nuevo Gobierno, una enorme

oleada de esperanza suscitada en el país y en el mundo por el mensaje de la

Corona puede estallar en añicos, dejándonos de nuevo desamparados ante la

historia.

El nuevo Gobierno deberfa estar formado por personalidades que saben

perfectamente de dónde venimos y a dónde vamos. No basta, ni mucho menos, con

que hayan demostrado lealtades fervientes en antiguas épocas. Lo importante es

saber que vamos de A para llegar a B, y que en el medio, entre A y B, lo único

que hay es la crisis y la nada. La situación de partida es de todos conocida: un

régimen de poder personal casi absoluto —Dios Santo, por qué no nos dejarán

llamarlo dictadura—, que nació de las enormes convulsiones de la guerra civil y

que sólo por ella se explica. A es Igual a dictadura como cañón es Igual a

tanque o naranja a fruta roja.

Y el punto de llegada, el puerto ai que hay que llegar sin parar muchas mientes

en el medio, es un sistema democrático más o menos parecido a los que rigen en

la Europa occidental. Aceptando todo lo aceptable, sin saltos en el vacío, en

este santo país el puerto de arribada es un sistema democrático donde todos los

ciudadanos voten, y voten por las corrientes políticas que con plena libertad se

presenten a su elección.

Llámelas usted partidos, asociaciones o clubs políticos, lo importante es que

los ciudadanos tengan perfecto derecho de reunirse, elaborar un programa

político y proponérselo a los electores para que voten lo que mejor les parezca.

Este sistema puede ser monárquico en España o en Holanda, republicano en

Francia, con diez partidos en Italia y tres sólo en Inglaterra, con una Cámara o

con dos, con estas leyes o las otras, pero en todos sitios los ciudadanos votan

con libertad y constituyen sus asociaciones políticas con plena libertad. Y no

es el Estado quien decide cómo han de ser los ciudadanos, sino que son los

ciudadanos quienes deciden cómo ha de ser el Estado.

Nunca en tan pocos dias corren riesgo de esfumarse tantas esperanzas. Y lo malo

no es que tal o cual Institución pierda autoridad, lo malo no es que tal o cual

gobierno fracase; lo malo es que, cuando oleadas de esperanzas se han suscitado

en el pais y después la clase política no sabe darles cauce, el que sufre es el

pais y los que nos hundimos somos todos. La prueba de fuego para el nuevo

Gobierno Arias era bien fácil: si en él no aparecían, ocupando puestos de

responsabilidad política de primera fila, los nombres que ante el pais han

encarnado un programa de reformas, no hay quien salve del fracaso a este

Gobierno.

Mientras et pais esperaba impaciente la formación del nuevo Gobierno, fuerzas de

la oposición intentaban manifestarse ante la prisión de Carabanchel para pedir

amnistía y en el cementerio civil para

conmemorar el cincuenta aniversario de la muerte de Pablo Iglesias, fundador del

Partido Socialista Obrero Español.

 

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