Por qué sigue Arias     
 
 Cambio 16.    15/12/1975.  Página: 4-6, 8. Páginas: 4. Párrafos: 34. 

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Este país

Por qué sigue Arias

Cuando todo parecía que la cosa iba a cambiar, y hasta el propio Arias había

dimitido ante el Rey, el ministro de Información y Turismo, León Herrera,

anunció oficialmente el viernes 5 de diciembre que el presidente continuaba en

el poder.

Fue un batacazo a medias. Por un lado, el país había esperado una renovación al

completo del equipo gubernamental, pero ciertas manipulaciones del bunker

torpedearon otros intentos, según versiones circulantes en medios políticos. Por

otro, se confiaba en que una vez confirmado por el Rey Juan Carlos I y dotado de

una mayor capacidad de maniobra gracias a una reforma administrativa "in

pectore", Arias trataría de catapultar a este país hacia Europa.

El impacto por la continuación de Arias Navarro provocó comentarios para todos

los gustos. Desde quienes en el extranjero y en el interior creyeron que el Rey

no quería intervenir en el mecanismo legal, hasta quienes vieron dificultades

enormes en los planteamientos políticos hechos por Juan Carlos I en su primer

mensaje de la Corona, cuando postuló una "sociedad libre y moderna".

Para algunos, en un rápido sondeo periodístico entre los habituales de los

mentideros políticos, esta sociedad moderna y libre tendría su punto de partida

en el 12 de febrero, cuyo espíritu encarnó Arias durante casi dos años. Para

otros, sin embargo, este espíritu no era suficiente, aparte de que sobre el

papel, el programa del 12 de febrero de 1974 ya se ha cumplido, pese a las

zancadillas puestas al Gobierno por los inmovilizas. Por tanto, el nuevo

Gobierno, con Arias o sin él, debería recoger el mandato del Rey en su mensaje

ante las Cortes, el 22 de noviembre, que fue televisado en directo o diferido a

cientos de millones de espectadores de todo el mundo.

Pero mientras se mantenía la expectación ante el futuro, en suspenso desde la

muerte de Franco, signos crecientes de tensión iban apareciendo por las cuatro

esquinas. Aunque el indulto real había puesto en libertad a 200 presos

políticos, otras cien personas pasaron a las dependencias policiales, detenidas

por el mero delito de reunirse en grupo en la calle, gritar en favor de la

amnistía y pretender homenajear a un líder socialista muerto hace cincuenta

años. Algunos, ni por eso: Marcelino Camacho fue detenido cuando compraba

periódicos en un quiosco.

La vigilancia, contención y represión policial del pasado fin de semana, sin

precedentes en la memoria de muchos periodistas y corresponsales extranjeros,

vino a enturbiar una tregua entre el país real y el país oficial que de puro

frágil podía desplomarse en cualquier momento. Otros acontecimientos

universitarios en Madrid, que acabaron con varios heridos, pánico en una

Facultad y la dimisión de dos decanos, añadió más inquietud ante las semanas

venideras.

Mientras tanto, con unos ministros oficialmente dimitidos, y con una hermética —

por no decir un la información pública, las cabalas y los rumores aumentaban. Se

barajaban nombres, situaciones, programas, reformas.» En Europa, algunos países

comenzaban a impacientarse y expresaban su asombro por las nuevas detenciones.

Wim Kok, dirigente de una federación sindicalista holandesa que cuenta con

700.000 afiliados, aventuraba un análisis: "Dada la falta actual de libertad y

democracia, el puente entre España y la Comunidad Europea me parece imposible.

Veremos cómo se desarrollan las próximas semanas".

En las páginas siguientes, ofrecemos una panorámica de lo que fueron los últimos

días, especialmente el fin de semana. José Oneto cuenta por qué sigue Arias,

mientras un equipo de cinco redactores y tres fotógrafos describen los apuros de

la oposición.

WEEK-END A PALOS

Arias Navarro, el último presidente del franquismo, cuya dimisión fue aceptada

por el Rey Juan Carlos I antes de su exaltación pública como Monarca el 27 de

noviembre, preparaba el fin de semana, no sin dificultades, la formación del

primer Gobierno de la monarquía. José Oneto, en la siguiente crónica, relata los

pormenores de la crisis.

El señor Arias, sesenta y siete años, que era confirmado en su cargo de primer

ministro por el Rey el viernes 5 de diciembre, cuando estaba a punto de

levantarse el Consejo de Ministros en el palacio de la Presidencia del Gobierno,

no había comenzado el martes día 9 de diciembre, según algunas fuentes, las

primeras consultas para la formación de su tercer gabinete; todos los datos

indicaban no sólo que no iba a haber precipitación en los contactos, sino que la

crisis abierta con la dimisión de todo el gabinete podría tardar algunos días en

resolverse.

Inspirador de una apertura fallida, atacado durante estos dos años de mandato

por el bunker, centro de todo tipo de desconfianza por parte de los herederos de

la ortodoxia del Régimen del 18 de julio, Carlos Arias era confirmado sin

embargo por el Rey tras la polémica reunión del Consejo del Reino del día 1 de

diciembre la más larga en la historia del más alto cuerpo consultivo del país.

De la misteriosa reunión que pasará a la historia de la transición política en

España ("No sé si ha concluido la reunión", decía monseñor Cantero horas antes

de ser ingresado en la clínica de La Paz con infarto de miocardio. "Falta muy

poco" para que termine, confesaba el vicepresidente Lora Tamayo. "La sesión de

hoy ha terminado", puntualizaba el secretario Enrique de la Mata...) salía el

preceptor del Rey, Torcuato Fernández Miranda, como presidente de las Cortes y,

a la vez, aprobaba un sutil mecanismo de votaciones que falcultaba a una minoría

del Consejo a vetar a cualquier candidato que pudiera considerarse como liberal.

Según este mecanismo de votaciones, el Consejo del Reino habría decidido que

ninguno de los candidatos que contase con menos de la mitad más uno de los votos

pasase a formar parte de la terna que, preceptivamente, tiene que ser presentada

al Rey para que, entre los tres nombres, elija al primer ministro.

Las votaciones

Si antes un total de cinco votos servía al aspirante a primer ministro para

entrar en la terna, ahora se necesita un mínimo de nueve votos para, por

decisión de un Consejo del Reino que sigue su mandato gracias a la prórroga de

la legislatura decidida por Francisco Franco, traspasar las puertas del palacio

de la Zarzuela. Con esta decisión política, la minoría más activa del Consejo

del Reino (familia Oriol, José Antonio Girón y el aparato sindical) se reservan

el derecho de veto para cualquier candidato que no reúna las condiciones mínimas

de ortodoxia para acceder al poder. De esta forma, Torcuato Fernández Miranda,

que el mismo Consejo del Reino le veía sin facultades para entrar en la terna

elaborada días después del atentado contra el almirante Carrero Blanco, a pesar

de que ya era presidente interino, encabezaba la tema para presidente de las

Cortes junto con otros dos candidatos más azules (Licinio de la Fuente y Emilio

Lamo de Espinosa), que eran presentados al Rey en el palacio de la Zarzuela el

martes día 2.

Pero ese mismo martes, cuando se daba por hecha la dimisión, a pesar de lo que

durante una semana venía sosteniendo la prensa del Movimiento hábilmente

manejada como instrumento político, el Rey llamó a Arias. La situación había

cambiado. El Rey conoció el nuevo sistema de votaciones estableado por el

Consejo del Reino y recibió las primeras impresiones de Torcuato Fernández

Miranda, recién elegido presidente del organismo encargado de elaborar la terna

para primer ministro. En una comida de Arias con los vicepresidentes y con el

ministro Solís ese martes se habría convencido a Arias para que continúe.

La postura F. Miranda

A estas alturas, los círculos mejor informados desconocían la decisión de

Fernández Miranda, que en la actualidad es el principal consejero del Rey.

Frente a los que sostienen que Fernández Miranda habría insistido en la

continuidad de Arias Navarro ante las dificultades y tensiones que cualquier

nombre moderado iba a provocar en otra posterior reunión del Consejo, otros

afirman que la postura del nuevo presidente de las Cortes, que fue relevado en

su cargo de presidente interino del Gobierno por el hombre destinado por Franco

a suceder a Carrero Blanco, habría sido favorable a la entrada de un político

más conforme con esa credibilidad que han mantenido las principales potencias

europeas.

El miércoles, día 3, Girón de Velasco se entrevistaba con Fernández Miranda en

el piso de éste en General Oraa; ese mismo miércoles, en la toma de posesión de

Fernández Miranda en el palacio de las Cortes, los elogios del nuevo presidente

de las Cortes hacia Carlos Arias, la complicidad de Rodríguez de Valcárcel, que

hacía un visible guiño a Arias cuando sonaban las primeras alabanzas y aplausos,

y el ambiente relajado y tranquilo, señalaban claramente los indicios de

continuidad.

Consejo de Ministros

Los paquetes embalados en algunos ministerios se deshacían, los papeles volvían

a su primitivo emplazamiento y algunos ministros que cuarenta y ocho horas antes

habían reunido a sus colaboradores para anunciar el inminente cese, daban

órdenes para que se continuase trabajando con vistas al Consejo de Ministros que

iba a reunirse el viernes día 5 en Castellana 3. Carlos Arias anulaba su viaje a

Málaga para ese viernes, planeado cuando el relevo parecía inminente, y presidía

normalmente la reunión convocada por los conductos normales.

Según la versión del titular de Información, León Herrera, en la referencia de

la reunión gubernamental del viernes 5, la confirmación de Arias como presidente

se produjo a las dos de la tarde, minutos antes de ser levantada la sesión y

cuando el ministro Solís y el ministro Carro discutían en torno a la reforma

administrativa, cuyo punto más importante es la desaparición de la Secretaría

General del Movimiento como ministerio y su conversión, junto con algún otro

departamento, en Secretaría de Estado.

"En el transcurso de la celebración del Consejo de Ministros de esta mañana en

la Presidencia del

Gobierno —daba cuenta el portavoz oficial—Su Majestad el Rey ha comunicado al

presidente del Gobierno su deseo de que continúe al frente del mismo. Don Carlos

Aries, tal y como habla trascendido a través de los medios informativos, había

puesto su cargo a disposición del Rey, y el Rey ha tenido a bien ratificarle su

confianza. El presidente, atendiendo al deseo de Su Majestad, ha aceptado seguir

en el desempeño de dicho cargo. Todos los ministros, al tener conocimiento de

ello, han expresado su satisfacción por la decisión de Su Majestad, y por el

acuerdo de su presidente y de forma solidaria han puesto sus respectivos cargos

a disposición de éste, en el mejor deseo de que él señor Arias Navarro pueda

proceder con entera libertad a la formación de un nuevo gobierno con la

composición que él entienda más conveniente a los altos intereses de España y de

la Corona"

Las alternativas

Efectivamente, el Rey, ante una nueva reunión tormentosa del Consejo del Reino

en la que se podía cuestionar la aceptación de la dimisión del último presidente

del franquismo y se podía impedir la salida de cualquier otro hombre sospechoso

de heterodoxia, optaba por el continuismo, teniendo en cuenta que, en estos

momentos, los sectores más conservadores apuestan por el señor Arias, sopesando

la imagen liberal que durante sus primeros meses de mandato había dado al país

el sucesor del almirante Carrero Blanco.

Para los observadores, la única alternativa era recomponer la imagen con

nombramientos ministeriales inequívocos, consecuentes con el mensaje de la

Corona del 22 de noviembre y de acuerdo con las exigencias de cambios exigidos

por la sociedad española.

Sin embargo, a la hora de cerrar esta edición de CAMBIO16, la tranquilidad era

absoluta en las esferas de poder y todo indicaba que la crisis abierta con la

dimisión del gabinete no tendría resolución en un par de días. Arias se marchaba

el sábado por la tarde a cazar a una finca en los alrededores de la provincia de

Toledo y despachaba el lunes 8 de diciembre con el Rey Juan Carlos en el palacio

de la Zarzuela. Hasta el martes dia 9 de diciembre aún no se habían producido

los esperados contactos y en algunos Ministerios se estaba preparando un nuevo

Consejo de Ministros para el viernes día 12, Consejo que no estaba confirmado a

la hora de cerrar nuestra edición y que estaría dedicado, según algunas

informaciones, a aprobar la reforma administrativa que tendría que ser examinada

por la Comisión de Competencia Legislativa de las Cortes. Según esta reforma (a

la que se han opuesto ciertos sectores azules que han pedido la convocatoria de

un referéndum para su puesta en marcha), varios ministerios, entre ellos el de

Información y la Secretaría General del Movimiento, pasarían a denominarse

Secretarías de Estado, los tres ministerios militares pasarían a englobar un

ministerio de la Defensa (viejo proyecto auspiciado por el teniente general

Manuel Diez Alegría) y harían su aparición nuevas carteras con nombres aún no

decididos pero que afectarían al Transporte, a la Sanidad, a la Juventud y al

Deporte y a la Familia,

Fin de semana

El largo fin de semana era aprovechado también por los rumores de numerosas

listas para salir fuera de Madrid. Mientras Alfonso Ossorío y Fernández Ordóñez

permanecían en Madrid, Pío Cabanillas se encontraba en su pazo de Mosteiro,

Manuel Fraga pasaba el sábado y el domingo en Galicia para volver el lunes a

Madrid, Leopoldo Calvo Sotelo se quedaba en la capital española, Marcelino Oreja

se iba a su finca de El Escorial, Federico Silva permanecía en Madrid y Areilza

no se encontraba en su residencia de Aravaca.

La mayoría de los ministros permanecían cerca de sus despachos y sólo el

ministro secretario general del Movimiento, José Solís —que se trasladaba a la

Costa del Sol ("Que otros se preparen para ser ministros", decía en Málaga nada

más desembarcar del avión)—, y el vicepresidente primero del Gobierno y ministro

de la Gobernación, José García Hernández, a pesar del agobio de orden público

del domingo y el lunes en la capital española, —que visitaba la provincia de

Toledo— huían de Madrid para encontrar reposo a lo que parecía el martes

inminentes ceses.

Espera

El martes, 9 de diciembre, la presidencia del Gobierno, donde se preparaban

papeles para la esperada reforma administrativa, era una balsa de aceite y la

entrada y salida de coches oficiales era normal. Sin embargo, a primeras horas

de la noche se afirmaba que los primeros contactos (Fuentes Quintana, Fraga,

Areilza, Adolfo Suárez, Federico Silva...) habían sido iniciados con cierta

prudencia. En el palacio de la Zarzuela, el Rey, que había recibido a Torcuato

Fernández Miranda antes que a Carlos Arias Navarro, estudiaba algunos de los

nombres presentados por el primer ministro confirmado y los primeros proyectos

de cambios en la Administración.

Tras los incidentes de orden público del domingo y el lunes en Madrid,

presentados como una ruptura parcial de la tregua implantada por la oposición

días después de la enfermedad del General Franco, la tranquilidad era tensa, a

la espera de los nombramientos en el primer Gobierno de la Monarquía.

En fin, en el palacio de El Pardo, alrededor del cual no han disminuido las

medidas de seguridad desde la muerte del anterior jefe del Estado, doña Carmen

Polo, viuda de Franco y señora de Meirás, seguía recibiendo pésames por la

muerte de su esposo, cuyo primer mes se cumple la semana próxima.

Revisando papeles y pasando los largos días de invierno con sus nietos, doña

Carmen Polo, ya habín decidido irse a vivir, probablemente después de las

próximas fiestas navideñas y de Año Nuevo, a un piso en Hermanos Bécquer, junto

a sus hijos, los marqueses de Villaverde. Cristóbal Martínez Bordiú, marqués de

Villaverde, ha reanudado ya sus consultas normales en la ciudad Sanitaria de La

Paz, donde sigue internado el arzobispo de Zaragoza y miembro del Consejo del

Reino, monseñor Cantero Cuadrado.

El marqués ha pasado unos días en Ciudad Real y allí se dice que el hijo

político del jefe del Estado fallecido, es probable que se presente como

procurador en Cortes por el tercio familiar.

Desde París, capital de la patria de Giscard d´Estaing, que tan fuerte ha

apostado por la Monarquía del Rey Juan Carlos I, don Juan de Borbón, conde de

Barcelona, volaba el maltes a Rabat, invitado por el rey Hassan II. Tras su

entrevistas con el monarca alauita, se trasladaba a Estoril para pasar las

fiestas navideñas. Por ahora, sólo su esposa, María de las Marcedcs, viajaba a

Madrid para estar en estos importantes momentos junto a su hijo, el Rey Juan

Carlos I.

 

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