Un análisis del nuevo Gabinete     
 
 El País.    08/07/1976.  Página: 1. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Un análisis del nuevo Gabinete

Después de consultas más trabajosas que lo ordinario en estas ocasiones, ya está

formado el Gabinete Suárez. La primera característica apreciable, al margen la

notable juventud de la mayoría de sus miembros, es lo desconocido de la faz

política de algunos de ellos, no solo por la opinión de la calle, sino incluso

en círculos del establishment. ¿Y éste quién es?, era la pregunta más extendida

ayer en las redacciones de los periódicos. La prensa extranjera tiene que hacer

igualmente un esfuerzo para identificar a varios de los miembros del Gabinete.

En conjunto, se puede decir que este Gobierno —al margen los ministros

militares, que son los mismos que había en el Gabinete Arias— está formado por

jóvenes profesionales de adscripción católica en política. En efecto, llama la

atención que, al menos, seis ministros están vinculados a la democracia

cristiana oficial —la mayoría en su versión «tácita»—. No deja de llamar la

atención que tres de los nuevos ministros son miembros del consejo de la

Editorial Católica (y uno de ellos presidente de la misma).

La competencia personal de cada uno de los ministros es algo indiscutible, al

menos en aquellos de los que se conoce una singladura pública. La coherencia de

amplias zonas del Gobierno, también, y se supone que su programa será acorde con

su ideología. Muchos subsecretarios han sido elevados a la categoría de

ministros —dos de ellos en el mismo Departamento—.

El equipo económico queda, en cierta medida, bajo las órdenes de un

propagandista, el señor Carriles, director de la compañía de seguros La Unión y

el Fénix. El equipo político parece inspirado por las líneas de otro

propagandista, Alfonso Osorio, gran hacedor de esta crisis, y gran parte de los

Ministerios políticos son ocupados por personas de la misma línea.

Rodolfo Martín Villa, al frente de Gobernación, es probablemente la mejor

noticia de la lista gubernamental. El señor Martín Villa dio sobradas muestras

de aperturismo en su gestión como gobernador de Barcelona y como ministro de

Relaciones Sindicales. Junto con el ministro secretario general del Movimiento —

oscuro seuísta— y el propio presidente, representaba la línea falangista en el

Gabinete.

En el terreno económico, la capacidad del nuevo equipo —que es una mezcla de

tecnócratas opusdeistas, independientes y algún propagandista— para hacer frente

a la muy grave situación que atravesamos, va a ser seriamente puesta a prueba.

Los nombres elegidos parecen más destinados a tranquilizar a las empresas que a

los consumidores.

En el terreno político, la principal tarea es la consecución de una democracia

real, con la convocatoria de elecciones generales. La presencia física de gran

número de propagandistas, adscritos a la línea conservadora y colaboracionista

de la democracia cristiana, hacen de este Gabinete un equipo tan evidentemente

monocolor en las carteras políticas que el diálogo con la oposición y con el

resto de tos partidos tendrá que verse impactado por este hecho. Es curioso

señalar que el presidente del Gobierno, miembro e inspirador de la Unión del

Pueblo Español, se ba alejado de la tentación de formar un equipo con su propio

incipiente partido para caer en la de hacerlo con el partido de los demás.

 

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