Un equipo se pone en marcha     
 
 Pueblo.    08/07/1976.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

UN EQUIPO SE PONE EN MARCHA

AL final de tres días de consultas —cuatro si contásemos el domingo último—, ha

que dado constituido el Gobierno de don Adolfo Suárez, que juró su cargo ante

el Rey el lunes día 5, después de haber sido de-signado sobre la terna

elaborada por el Consejo del Reino el sábado 3 de julio, prácticamente a los

seis meses de la última reorganización del Gobierno de don Carlos Arias. En uno

de los momentos más pacíficos, pero críticamente decisorios, de la historia

española va a iniciar sus actividades un equipo de gobierno en el cual se

registra el menor promedio de edad de todos los "Gabinetes de este siglo,

presidido por quien aún hace muy poco que superó los cuarenta años, con un

ministro ´de la Gobernación que aún no ha cumplido los cuarenta y dos y un

ministro de Asuntos Exteriores de cuarenta y un años. Diríamos en términos

populares que es éste un Gobierno sin barbas —antaño la barba, hoy adorno de

jóvenes, fue prenda capilar de los ancianos—, que tiene un presidente que el

pasado domingo asistió a misa con camisa veraniega y sin estiramientos de

ninguna clase. Uno -de los vicepresidentes, el señor Osorio, tiene cincuenta y

un años, y la juventud es una tónica casi general en el equipo de Adolfo Suárez.

Hay en él muy pocos nombres de las altas finanzas, y son más las ideas que el

gran dinero lo que está presente en este Gobierno, que de hecho viene a ser el

primero del Rey, ya que Arias Navarro había sido llamado al Poder por Franco.

Está apuntando otra historia, con´ otros hombres, que, sin embargo, han´ sabido

prestar en el pasado próximo servicios eminentes, porque es a la Patria a quien

se sirve y no a grupos particulares. El propio presidente es un hombre del

pueblo, que hizo su carrera con su trabajo, y que en forma brillantísima ha

recorrido todos los escalones en menos de quince años. Los nuevos tiempos

parecen requerir nuevos talantes.

LO grave es que los problemas siguen siendo, hoy por hoy, los mismos que hace

pocos días tenía ante sí Arias Navarro. Ahora se trataría —y nada puede

afirmarse hasta que el Gobierno haga público´ su programa— de acelerar las

reformas iniciadas, poner en marcha las transformaciones anunciadas por el Rey y

pedidas desde los grupos políticos, y, en definitiva, de dar un fuerte golpe de

acelerador a ese conjunto de temas que todo español encuentra desplegados, con

mayor o menor énfasis, en las páginas de nuestra Prensa diaria. Martín Villa,

ahora responsable de la Gobernación del Reino, ha sido con éxito gobernador

civil de Barcelona en muy compleja etapa, y el nuevo, joven y emprendedor

ministro de Relaciones Sindicales, don Enrique de la Mata Gorostizaga, ha

demostrado su dinamismo en esa enorme empresa de todos que es la Seguridad

Social, y su prudencia política en la secretaría del Consejo del Reino, donde

representaba a los procuradores familiares. Precios, reformas, economía,

sindicalismo, diplomacia y, último pero no menos importante, democracia, son los

temas mayores que el nuevo Gobierno encuentra al comenzar su andadura, sin

olvidar el déficit de la balanza comercial, la profundísima enfermedad del

turismo, los graves epifenómenos del paro, y una crisis económica mundial, de la

cual llegan todavía las grandes olas de fondo desde las grandes naciones

occidentales.

Hay un conjunto de problemas que requieren lucha y acción inmediata, y otros que

imponen reformas de plazo medio y largo, porque no son solamente coyunturales.

Al dejar atrás todo triunfalismo, quedan esos problemas tal como son, de cara a

un pueblo español que confía en la pronta aplicación de los remedios adecuados.

Este podría ser, apresuradamente, el primer diagnóstico de la situación general,

que es todavía la de ayer, pero con otros hombres, otras experiencias y ningún

cansancio. Comienza un nuevo combate para poner a España a la altura de sus

circunstancias.

INGENUO sería olvidar que existe además un caudal de nuevas ideas, de nuevos

propósitos, de nuevos sistemas, que anunciados ante el pueblo y las Cortes,

proclamados incluso ante el Senado de los Estados Unidos, diríamos que «urbi et

orbe», habrán de ser examinados por el nuevo equipo de gobierno en las próximas

semanas. Nada se acomete desde el vacío de las ideas y sólo son las herramientas

de la práctica, y preciso es proclamar que bastantes de los nuevos ministros

llegan con un bagaje ideológico en gran.parte coincidente con el de las

restantes naciones del mundo occidental, y sin que eso suponga que la versión

española del mundo actual haya de ser rigurosamente mimética, y copiada de

patrones foráneos.

Hemos renunciado a las peligrosas consecuencias del «Spain is different», pero

en nada se ha renunciado a las esencias y a las creencias de un pueblo más unido

sustancialmente que separado por tendencias encontradas. Hay como un gran asenso

nacional en las reformas democráticas sin destruir los sólidos cimientos de

nada, en la participación del pueblo en las tareas de gobierno, en la consulta

mediante el referéndum y, finalmente; en el anunciado e imprescindible trámite

de las elecciones generales. Algo de todo esto, por no decir que todo, ha sido

brillantemente expuesto por el presidente Suárez en su último discurso ante las

Cortes, y el propósito reformador es innegable. Quien haya leído los discursos y

los escritos de Suárez, Osorio, Oreja, De la Mata Gorostizaga y Martín Villa —

por citar sólo a estos cinco abarcará el nuevo dinamismo político y el propósito

reformador que inspira el equipo que acaba de formarse. Tiene coherencia y no

tiene tensiones, y la tarea será así mucho más fácil. ´

Estamos ciertos de que el programa del Gobierno, el discurso que en su día

pronuncie el presidente ante las Cortes, el talante de todos, confirmará estas

predicciones al hilo de los sucesos, y que están escritas sin ningún propósito

de halago. El Gobierno del Rey ha de ser coincidente con las palabras del

Soberano, y éstas no dejan lugar a dudas sobre la intención que hoy mueve a la

joven España. No estamos entrando en ningún túnel del tiempo, como erróneamente

vaticinó alguna Prensa extranjera,, sino saliendo con ímpetu y prudencia

hacia adelante. Hoy es preciso hacer, en poco tiempo, todo aquello que en la

última década sólo llegó a formularse.

 

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