Autor: Alcocer, José Luis (CIUDADANO). 
   Un trance histórico para España     
 
 Pueblo.    08/07/1976.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

UN TRANCE HISTORICO PARA ESPAÑA

UNA vez conocida la composic i ón del nuevo Gobierno, se nos ocurre que es

conveniente hilvanar unas reflexiones sobre su sentido en el proceso político-

español y sobre lo que cabe esperar de su gestión. De todos es conocida la serie

de dificultades que ha tenido que superar el presidenta Suárez en sus primeros

días de mandato. No cabe duda de que seria una ligereza achacar parte de dichas

dificultades a egoísmos personales o a razones subjetivas. Más razonable parece

pensar, ´por el contrario, que han nacido de planteamientos estrictamente

objetivos, es decir de razones políticas. Ello obliga al Gobierno a reflexionar

muy seriamente sobre lo que se encuentra, y muy fundamentalmente sobre, el clima

político que vive el país. En esas reflexiones, que en ningún caso pueden ser

improvisadas, ha de ayudarse con las opiniones más críticas, con los

planteamientos más distantes. Y no por un ejercicio de humildad, lo cual no

dejaría de ser loable, sino por la sencilla y elemental razón de que no le es

posible prescindir ni de unas ni de otros. En este sentido, es un buen indicio

la breve salutación que anteayer dirigió al país el presidente del Gobierno.

Pero tratemos de incidir en lo fundamental. En primer lugar, saliendo al paso de

algo que pudiera, tal vez, constituir una cierta cortina de humo. Evident

emente, los nuevos ministros van a utilizar un lenguaje político adecuado a

nuestro tiempo. Todos sabemos que es imposible conectar con los problemas del

día con .una expresión desfasada, con unas adjetivaciones a esos sustantivos

irremplazables, que

son libertad, democracia, sufragio, partidos etc. Eso es algo que está muy

claro, y el Gobierno no va a caer en esa ingenuidad. Pero es preciso decir, no

obstante, que el mérito de localizar un lenguaje del día es un mérito muy

relativo, que no justifica una política, sobre todo porque es una meta ya

iniciada, concretamente a partir del 12 de febrero de 1974. En esa fecha, cuando

Carlos Arias Navarro habló ante las Cortes, todo el mundo analizó con lupa sus

palabras y se destacaba la novedad de cada ´adjetivo, y más que nada, la

ausencia de determinados adjetivos. A partir de ese día, y lograda con más o

menos fortuna, puede hablarse de una nueva retórica política oficial. Huelga

decir que estas nuevas formas alcanzaron una potenciación máxima desde la

proclamación de Don Juan Carlos.

Lo que ocurre es que ahora no se trata de hablar. Ni de ofrecer buena imagen. Ni

de tener pocos años. Se trata de democratizar el país hasta sus raíces, de

propiciar las libertades y las presencias diversificadas de la realidad

política. El nuevo Gobierno ha de ser consciente de una realidad indiscutible:

la sociedad española, en poco más de seis meses, ha adquirido un grado de

conciencia política como no lo ha tenido en los últimos cuarenta años. Si se le

habla de partidos políticos, entiende perfectamente lo que son los partidos, sin

que nadie tenga que tomarse el trabajo de explicárselo, y no quiere que se

dilate en el tiempo su realidad. La sociedad no desea votar por ninguna índole

de infantilismo o de masoquismo, sino para influir decisivamente en la marcha y

planteamiento de las cosos públicas. A este propósito, abre un portillo, al

optimismo la reciente frase del presidente Suárez, cuando dijo que la meta es

muy concreta: que los futuros Gobiernos sean resultado de la libre voluntad de

la mayoría. Eso es algo que está muy claro. La función del presente Gobierno,

pues, resulta muy importante. Consiste en acelerar el proceso hacia la

democracia y abrir la plena y absoluta participación del pueblo mediante un

sufragio auténtico libre y eficiente.

El Gobierno lo tiene que saber, y también, por supuesto, la sociedad. Carecen de

sentido, por tanto, los prejuicios y los recelos, las cautelas y las

inhibiciones. Podríamos decir que el Gobierno tiene la urgente necesidad de

realizar una operación política equivalente con el espectacular «raid» llevado a

cabo por Israel: tendrá que liberar los rehenes. Los últimos rehenes de

libertad, de democracia, que el pueblo español sabe son suyos. Para la operación

se requiere- talento, serenidad, cálculo, coraje y rapidez.

Cualquier dilación en la maniobra es una puerta abierta a la barrena, y un

peligro añadido que carecería por completo de justificación. Pero, al fin y al

cabo, esa síntesis de inteligencia, frialdad, estrategia, valor y velocidad es

la que diferencia a un hombre político de otro que no lo es. Recibimos, pues, al

Gobierno sin hacerle la ofensa gratuita del halago por el halago; con conciencia

de las dificultades tremendas con que se encuentra, y con conciencia paralela,

también, de que a nadie le es hoy lícito ni la frivolidad, ni, mucho menos, el

error. Por la sencilla razón de que estamos viviendo un momento decisivo de

España, que no admite la posibilidad de equivocarse.

José Luis ALCOCER

 

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