Autor: Miguel y Martín, Antonio de. 
   Accionistas     
 
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DIARIO ILUSTRADO DE INFORMACIÓN GENERAL

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FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA

ACCIONISTAS

EL trabajador proletario tiene su contraste natural y su contrapeso en el accionista burgués. Así al menos ha querido presentarlos la sabiduría popular que es, a veces, tan poco sabia que no alcanza a ver que el nombre no hace a la cosa v hasta puede darse de cachetes con ella. Porque, en efecto, ¿es el proletario el hombre más prolífico o el que más prole da a la sociedad? ¿Es también el accionista el que más acción, dinamismo y ajetreo pone en la economía? Ambas cosas parecen harto dudosas. Porque es posible que los "proletarios" hayan conocido a Malthus y a sus tremendas alusiones al "birth control" antes que las clases medias, cuyo valor demográfico y social está adquiriendo ahora gran relieve. Y, es seguro que los "accionistas" se han dejado ganar por el nirvana del quietismo y la conformidad antes que por la acción trepidante a que les obligaba su nombre. La imagen, oronda y satisfecha de aquel "don Lucio del Cupón", caricatura que el socialismo inventó para poner en berlina al capitalismo, acaso tuvo realidad. Pero desde luego la han tenido las dos instituciones económico-sociales del "accionariado" versus el "proletariado".

O al revés, porque todo el mundo sabe que e1 que pegó primero, en la lucha de clases fue el proletariado socialista. Afortunadamente también, las nuevas fórmulas políticas, al rechazar el clasismo social por los crueles e injustos antagonismos que crea, elimina también la lucha de clases.

Quiero referirme hoy sólo a los "accionistas", que económicamente hablando tienen más historia y más solera que los proletarios. Como que hace cerca de dos siglos, cuando estos, últimos no habían salido aún del cascarón del "Manifiesto socialista", los primeros tenían ya realidad y corporeidad. Y como prueba documental, que es a la vez digresión amena y anécdota curiosa, quiero reproducir la gacetilla de una Junta de accionistas celebrada hace justamente un siglo y tres cuartos, es decir, el año 1735. Junta convocada por el Banco Nacional de San Carlos—padre legitime y venerable de nuestro actual Banco de España—la cual fue reseñada con fehaciente exactitud y puntualidad por "El Mercurio de España", de enero de 1786. ("El Mercurio", para quien le interese saberlo, se tiraba en la Imprenta Real y se vendía en el despacho de la Gaceta, y en Cádiz en casa de D. Salvador Sánchez, junto al convento de San Agustín.)

A la Junta acudieron hasta 366 accionistas—dantos como días de un año bisiesto, tantos como iglesias tiene la mejicana Cholula—presididos por el marqués de Astorga, conde de Altamira, como primer director. Y los acuerdos fueron interesantes. En primer lugar se pidió la modificación del capítulo 39 de la Real Cédula de creación del Banco por un motivo que sigue estando de actualidad; la excesiva liberalidad de los préstamos sobre las acciones. Había que. atar corto al crédito—¿se olisqueaban ya los peligros de la inflación?—y se acordó a rajatabla no dar más de 500 reales prestados por cada acción depositada.

A continuación se trató de un asunto de justicia distributiva: igualar la dotación del secretario a la del tenedor de libros y del cajero, y, además, "solicitar de la piedad del Rey, en nombre de la Junta general, que a D. Benito Briz, actual secretario, y en razón de su singular mérito, le fuese otorgada la misma condecoración que antes se había otorgado al tenedor de libros y al cajero". Y ahora un acuerdo da gran, sentimiento y filantropía que honraba extraordinariamente al Banco: votar la recompensa que éste concedería a los cuatro huérfanos del brigadier de Ingenieros D. Carlos Le Máur, quien, por encargo del Banco, había hecho los planos del "canal de navegación desde Guadarrama al Océano". El premio se alargó hasta los 100.000 reales.

Otros acuerdos se referían a prorrogar hasta seis meses y reducir a dos las firmas necesarias para el descuento de los pagarés de fabricantes, que eran a tres meses y con tres firmas, "con el fin de que las fábricas pudieran adquirir las primeras materias a su timpo y pagarlas con el producto de sus artefactos"; aumentar en un medio por ciento él interés de los descuentos "para compensar gastos de oficina"; renovar por otro bienio en el ejercicio del cargo de directores a los marqueses de Astorga y de Tolosa así como proponer, "por pluridad de votos", para ocupar la vacante producida por dimisión del conde de Carrión de Calatrava a los Sres. marqueses de las Hormazas y D. Francisco Xavier Larumbe, para que S. M. eligiera entre ambos. Finalmente, el acuerdo X decía textualmente: "La Dirección concluye solicitando que se nombre una Comisión para examinar los libros y cuentas del Banco y desagraviar a sus individuos, de las calumnias que se habían esparcido contra sü conducta y la Junta general se niega a las instancias repetidas de los directores y manifiesta por la aclamación más unánime la confianza y satisfacción que tenía de sus tareas y la prosperidad de este establecimiento."

La "pluralidad de votos" y la "aclama ción más unánime" con que se sancionaban los acuerdos descubren la inequívoca raíz liberal y democrática que tenía el "accionario". Del "cada hombre un voto" salió el "cada acción un voto". Sólo que la democracia política supo sacar más provecho del sufragio universal que ¿a democracia capitalista y financiera, que recibió el espaldarazo definitivo al crearse las Sociedades Anónimas. Los proletarios tuvieron su epígono en un judío de barbas aborrascadas que lanzó el grito de " ¡ Trabajadores del mundo, unios!"; pero no hubo para los capitalistas ningún Carlos Marx que gritara igualmente "¡Accionistas del mundo, unios!". Por lo que, a la postre, la democracia burguesa, er, cerrada en las Juntas generales, sólo asimiló de la democracia política las "esencías liberales" y una tremenda afición parlamentaria, discursiva y gárrula. Tanto, que un amigo mío, gran observador, me decía que el "parlamentarismo" de las Juntas generales de accionistas sólo tiene por finalidad el asalto a los cargos de consejero.. Y, como yo creyera que exageraba, me hizo ver las dos vertientes por donde se desliza esa finalidad única: la de la adulación empalagosa de los "votos de gracias" al Consejo—hay ya especialistas en "votos de gracias", como hay especialistas de riñon, y ¡ qué catástrofe para el accionista pelotillero sí otro accionista se le adelanta con el incensario!—y la crítica feroz e inmisericorde, que no deja títere con cabeza. O perros humildes, diestros en el lametón, o jabalíes hirsutos que, una vez conseguido el objetivo de la consejería, se comportan ya con la más pecuaria de las docilidades. Yo, sin embargo, no me atrevo a creer que mi amigo tenga razón...

Antonio DE MIGUEL

 

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