Autor: López Rubio, José. 
   Jovellanos, con o sin teatro     
 
 ABC.    27/05/1960.  Página: 76. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

JOVELLAÑOS, CON Y SIN TEATRO

¡Valgame Dios! Hace unos días tuve la mala ventura de comentar la información de un cronista local, publicada en estas faginas, que contenía afirmaciones tan impresionantes como; "Gijon, sin teatros" y "La población se encuentra prácticamente sin teatro, desde que el Dindurra se convirtió también en cine con el nombre de Jovellanos, y sólo trae compañías de verso algunos días del verano". La denuncia iba precedida de un comentario patético: "Posiblemente se hablará tan mal de una villa sin escuelas suficientes como de una villa sin teatros". El cronista, por olvido, sin duda, o por creer que el hecho particular ´había tenido, en su tiempo, nacional resonancia, no refirió la demolición del Teatro Municipal, de Jovellanos, de Gijón. a la fecha de su derribo, con lo que la hacía parecerían reciente que hube de hacer, sobre ello unos comentarios, firmados con mis iniciales, para extraer unas consecuencias de lo que, motivado por Gijón, en una mal supuesta actualidad, buscaban más. general acusación: la del total abandono del Teatro en España.

Sobre éste error, involuntario a Causa de la ´imprecisión y ¿el retraso de la noticia, lian llovido sobre A B C, y sobre mí, naturalmente, no pocas cartas—corteses todas ellas, que todo hay que decirlo aquí donde, por tan poco, se pierden los estribos del mutuo respeto—, registrando una ligereza que no es de juicio, aunque si de oportunidad.

Vaya por delante, como signo de la difícil coexistencia española y de su diversidad epidérmica, que en el corto plazo de tres fechas escribí dos comentarios en estas mismas páginas, una dé censida y otro de elogio, igualmente espontáneos y desinteresados, con alusiones a personas que no tengo el honor de conocer personalmente. Del de censura^ he recibido al punto -una buena cantidad de cartas. Del del elogio, ni una lacónica tarjeta con las menos expresivas gracias. Sospecho que si hubiese escrito un artículo sobre las bellezas de Gijón, con el entusiasmo que merecen, nadie, comenzando´´ por la cabéza visible de la ilustre villa, se hubiera tomado el trabajo "de teclear unas frases de reconocimiento. Desde luego, ninguno de los rápidos caballeros que se han apresurado a .quejarse del yerro, ya que no del fondo de la cuestión, que, como veremos, sigue en pie.

Aquí hay que decir siempre de las ciudades que son las más bellas y sus mujeres las más gentiles, su pavimento el más perfecto, su cultura la más desarrollada, su industria la más notable, su administración la más escrupulosa y sus hijos los más sobrios, nobles, laboriosos, inteligentes, ingeniosos* honrados y valientes sobre el más betto paisaje del mundo. Y como todas las ciudades, una por una, está» convencidas de lo mismo, y se lo repiten a cada instante, complacidas na suelen tomarse el trabajo de responder al piropo, porque lo estiman estricta justicia.

De las cartas Recibidas en ABC, es la primera, no por fecha, pero sí por jerarquía. > la del excelentísimo señor alcalde de Gijón, que desea desvanecer «nos hechos erróneos y advierte que la "lamentabilísima desaparición" del Teatro Municipal de Jovellanos "procede de tos -tiempos de la República, exactamente, de 1934, hecho entonces muy justamente censurado por la opinión gijonesa".

Procede proclamar inmediatamente esta rectificación, trasladando las censuras a los ediles del 34, a los que corresponden, pero no sin señalar que, desde entonces, y son veintiséis años, ningún otro Ayuntamiento de Gijón, sin olvidar el presente, se ocupó.

´de, enmendar la "lamentabilísima desaparición" ni de satisfacer, como era su obligación, a "la culta opinión "gijonesa", como desagravio a la memoria del hijo más preclaro, hasta él punto de que el nombre de Teatro Jovellanos, abandonado por sus padres, fue recogido de la calle por la caridad de una empresa privada, porque de Teatro Municipal no se volvió, ni se lia vuelto, a decir una palabra.

El señor M. G. P. me envía una preciosa postal, en colores, del gijonés Paseo de Begoña, donde se ve el "magnífico teatro dedicado a Jovellanos, en el que el nombre del insigne patricio se. muestri orgulloso en letras llamativas, en le alto del edificio". Dice bien. El local es magnífico y las letras tan llamativas como simbólicas, pero no podría decir lo mismo del orgullo hasta acertar a distinguir en la postal las carteleras anunciadoras del espectáculo que se representaba el día en que se disparó la, afortunada placa o, mejor,-del espectáculo que se ofrece esta semana. Si no se da "El delincuente honrado", pongo por adecuado ejemplo, y sí una película de vaqueros del Oeste americano, habrá que rebajar en varios.puntos un orgullo que el propio Jovellanos no compartiría, de seguro.

Añade el señor M. G. P. que el que el Teatro Jovellanos "sea municipal o deje de serlo es otra cuestión. Yo creo que es la cuestión misma. Y reconoce que no se face Teatro de modo permanente, lo que el señor A. M. M. corrobora, no sin anunciar, con satisfacción legítima, que "en el próximo verano habrá en Gijón y en el Teatro Jovellanos representaciones de ópera y ballet". No vacilo en concederle, de muy buen grado, esta "propaganda gratuita de la villa asturiana" que me pide, que asegura que la villa habría de agradecerme. Si hay cine casi todo el año en el Jovellanos, lo cual confirma las alarmantes llamadas del cronista gijonés "Manfer", y sólo teatro, ópera y ballet en el verano, para atracción de forasteros, habrá que admitir que el Teatro no constituye, ni mucho menos, una imperiosa necesidad espiritual del pueblo gijonés, que, como el de todas las ciudades del Norte de España, lo tienen sólo para ofrecer atractivos al veraneante, comq las corridas de toros; las iluminaciones, los juegos artificiales y otros festejos públicos, con los que se procura la productiva afluencia de visitantes, tan útiles para la economía, el comercio y las industrias con ello favorecidas. Si en los diez meses restantes Gijón no tiene Teatro para su uso y su educación particulares es que Gijón no quiere tener Teatro, mientras proliferan en su término los campos de futbol, sin contar esa playa de San Lorenzo, donde el señor M. I. V, proclama, conmovido, que practican, a lo largo, dé sus dos kilómetros, "los alevines con vocación de Puskas o Di Stéfano". ¡ Triste contraste para las oportunidades que se brindan a los más respetables alevines con vocación de Jovellanos autor dramático!

Queda ´Sentado, pues, que Gijón no tiene, en realidad, Teatro, y que ya no es ésa la cuestión. El caso de Gijón fue utilizado, por los pelos, ante una falsa información, como ejemplo, y así "lo entendiera el menor entendedor", que dicen en uno de esos dramas que allí no se representan. Pero cuando el mismo señor M. I. V. razona que "en la medida de lo que sucede en España, sucede proporcionalmente en Gijón", y "los tiempos no pueden ser unos en Gijón y otros en el resto de España", pone el dedo en la llaga, aunque no deba creer que el mal de, muchos resulte nunca el consuelo de los mejores.

A eso iba cuando cité unas frases del gran Jovellanos, abrumadoramente actuales, sobre ´el Teatro en España, no en Gijón en particular.

Y sobre eso. y sobre otras cosas parecidas, habrá que seguir hablando, si queremos hacer algo por la cultura española, atonizada—valga como verbo—por falta de lecturas y por diversiones sin espíritu, estampas de colores en pantalla gigante y golpes de pies, más o menos hábiles e internacionales, pero golpes de pies al fin y al cabo, aunque sean de cabeza. *Ya está bien."—José LÓPEZ RUBIO

 

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