Intermediarios y distribuidores     
 
 ABC.    31/05/1960.  Página: 58. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ABC. MARTES 31 DE MAYO DE 1960. EDICIÓN DE LA MAÑANA.

INTERMEDIARIOS V DISTRIBUIDORES

Con este mismo título publicó anoche nuestro querido colega "Madrid" el comentario que ´reproducimos a continuación:

£1 comentario que hemos dedicado recientemente a {os economatos ha merecido la aprobación de muchos lectores y cartas lúe en el mismo sentido provenían de sectores comerciales para los que este asunto reviste evidente trascendencia. Hemos de señalar en primer término que todos, absolutamente todos los comerciantes, que han manifestado su opinión al respecto están conformes, como suponíamos, en _que la existencia de esos medios Ue distribución tiene una razón de ser fundamental: la de proporcionar al mejor precio posible ciertos productos esenciales a las clases económicamente menos fuertes. En cambio, estiman excesivo—y nosotros flon ellos—el ámbito personal a que tales organismos alcanza y el conjunto de mercancías que en algunos pueden adquirirse.

Como somos partidarios del examen desapasionado de esta cuestión, nos ha parecido obigado determinar quiénes son en definitiva los que dejen beneficiarse de los economatos para ´señalar por exclusión a los que están abusando de su existencia, y qué clase de productos pueden expenderse en dichos centros para eliminar aquellos otros que no tienen por-qué venderse en ellos. Que quien posee coche, o piso propio, o paga impuesto sobre la renta tenga derecho-—si es que realmente lo tiene—a comprar las judías dos pesetas más baratas en el economato que en la tienda de comestibles, nos parece excesivo, y que por añadidura se le facilite la adquisición de un frigorífico o un televisor a precios de ocasión sigue resultándonos cuesta arriba. Los economatos no están pensados/para eso, o por lo menos no tendrían que estarlo, puesto que los clientes de la clase señalada disponen de medios sobrados para acudir a los establecimientos del ramo respectivo. Por otra parte, ¿quiénes se encuentran realmente en condiciones de comprar .esos objetos, que todavía constituyen un cierto lujo entre nosotros? ¿El peón de albañil? ¿El conductor del tranvía? ¿El oficial de tercera? Pensamos que no, y que, como ya decíamos anteriormente los que adquieren tales artículos son siempre los mismos; es decir, personas muy respetables, desde. luego, pero que probablemente no irán en tranvía para elegirlos.

De acuerdo con informes que consideramos fidedignos, resulta que en una población— la madrileña — de dos millones de habitantes figuran • 259.356 inscritos en economatos de empresas y de la Administración pública (con la impresionante cifra de 949.985 beneficiarios), y que éstos llegaron a una cifra de ventas próxima a los 440 millones de pesetas durante el primer semestre de 1959, ventas que, naturalmente, escapan a toda tributación de consumo y beneficio. Es de creer que esa masa de consumidores se ha alejado en eran parte del comerciante establecido, el cual, a la vez que ha de asistir a tan importante desviación de compradores, sigue obligado al pago de los impuestos correspondientes—que no pesan, en cambio, sobre los economatos—, a la inmovilización de capitales cuantiosos en su conjunto y al sostenimiento de unos 90.000 empleados y obreros de todas categorías, cuya existencia ni puede olvidarse ni se utiliza aquí más que a título, de dato informativo.

Resulta, pues, que casi una mitad de la población madrileña se surte en economatos, mientras la otra queda excluida de las ventajas que esto supone. Pero en aquélla hay muchos que no debieran formar parte de los privilegiados, porque ya lo son desde otros puntos de vista, mientras que son también miles los artesanos y miembros de la clase media que tendrían que disfrutar de esas ventajas y han de limitarse a presenciar cómo las saborean personas que no las necesitan. Otra cifra tan expresiva como las anteriores:es la siguiente: mientras en los economatos de empresa el 90,56 por 100 de las ventas comprende productos alimenticios, en otros ese porcentaje ´es sólo del 42,83, y el resto se refiere a los artículos de relativa necesidad.

A la vista de cuanto precede se hace evidente una consideración: si ti comercio légalmente establecido disfrutara de las exenciones fiscales y tributarias normalmente- concedidas a ciertos economatos y cooperativas es´ más que probable que los precios de venta al público sufrirían bajas sensibles. En cambio, los Ayuntamientos, las Diputaciones y el Estado tendrían que renunciar a recaudaciones cuantiosas que actualmente les proporciona aquella, clase cuya existencia parece necesario proteger. Basta pensar en todo lo ane con ella han ganado la nuestra y las flemas ciudades españolas, en que la componen, además de los empresarios, un mundo de empleados, y en que los últimos tienen ganado el derecho a la seguridad social que representa la supresión de competencias excesivas y la garantía de que el simple trabajo bien ejecutado basta para contribuir al robustecimiento de la respectiva empresa, y en definitiva, al de la propia economía."

 

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