Autor: Kindelán Duany, Alfredo. 
   Ensayo sobre las formas de gobierno     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 14. 

ENSAYO SOBRE LAS FORMAS DE GOBIERNO

I

HACE un año suspendí mi colaboración en estas amables y sólidas columnas de A B C para descansar a los lectores de una aportación demasiado asidua. Anuncié entonces al director que interrumpiría mi voluntario silencio siempre que alguna circunstancia excepcional lo justificase. El momento llegó, a mi juicio, con motivo del discurso pronunciado por el Jefe de nuestro Estado al inaugurar una nueva legislatura, el día 17 de mayo de 1958, discurso al que se ha concedido trascendental importancia; sobre todo a su final, de promulgación directa de principios. Este acontecimiento y la lectura de varios artículos publicados después en. este periódico, en "Arriba" y en "Informaciones", relativos a la forma monárquica, me animaron a reanudar mi comúnicación con los lectores; para tranquilidad de los cuales les´ prometo será por tiempo muy breve.

Yo, al escribir, lo hago con mi sola representación, tratando de interpretar la opinión del "hombre de la calle", de Juan Español.

En los artículos me propongo estudiar comparativamente los diversos sistemas de regirse que los pueblos ensayaron hasta hoy: unlversalizando él examen para mayor objetividad.

De haber1o circunscrito a España, un solo argumento pragmático irrebatible tendría, por si solo, suficiente fuerza de conviccion. Nos lo proporciona la Historia. Después de la Reconquista, magnífica epopeya en, la que los reinos cristianos, con tenacidad y patriotismo ejemplares, fueron recobrando, paso a paso, todo el terreno perdido, se forjó la nacionalidad española de los Reyes Católicos, que estuvo a punto de lograr, en el siglo XVI, el Imperio Universal que soñara Carlos V. Después, en la rama decadente de su ciclo histórico, sufrió nuestro país dos períodos republicanos: el primero, en el siglo XIX; el segundo, en e1 XX; ambos de triste recordación.

Del último hizo Franco un juicio escueto, sin ensañamiento. Mucho más ´uro fue el que formuló un prohombre republicano, sintetizando aquel funesto todo en tres palabras: sangre, fango, mas. El Ejército salvó a España cuando se hallaba al borde del despeñadero comunista.

Los desastres de este segundo ensayo republicano están aún presentes en la memoria de los. españoles.

No así los d:l primero, patinado y embellecido por el tiempo. Sus directores, sus presidentes fueron honrados, austeros y de gran valía; pronto se desengañaron. El más elocuente de ellos, Emilio Castelar, pronunció en las Cortes, el 15 de julio de 1876, la siguiente catilinaria: "Una forma de Gobierno, desconocida entre ´nosotros; una Asamblea mal segura de sus propósitos, en franca efervescencia; la guerra religiosa en el Norte; la guerra social en el Mediodía. Estella bajo el sudario de la bandera más absolutista, y Cartagena en el incendio de la revolución más demagógica. Bilbao amenazado, Berga, desgarrada por la metralla carlista, y Alicante, Almería v Águilas, por la de los cantonales.

Desde el Ter al Guadiana, desde Irún a Cádiz, combates, saqueos, degüellos; el Ejército en la indisciplina y la Armada en la rebelión; sin tierra bajo nuestras plantas, sin aire respirable para nuestros pechos; con una muy grave crisis diplomática jamás igualada.".,También el Ejército tuvo que poner fin a este caos.

Bastaría con lo expuesto si no quisiéramos generalizar el tema, extendiendo nuestro examen a otras naciones; con objeto de darle mayor vigor convictivo y corregir un fallo cultural de las juventudes.

Procuraré hacerlo en forma clara, sin eufemismos ni respetos humanos; sin que me importen rasguen sus vestiduras algunos adoradores´ del tópico ante los sacrilegios que pueda cometer contra ideas declaradas intangibles en el siglo XIX.

La parte más culta de éstas juventudes está ya reaccionando contra muchos de los prejuicios y tópicos de la Revolución que se consideraron artículos de fe en el siglo pasado y hoy están desacreditados • por completo. El intransigente republicano francés M. Ranc se lamentaba ya en 1912 de que "los jóvenes intelectuales y tradicionalistas tienden y van, casi todos, al monarquismo". No tendría nada de raro que países de gran abolengo monárquico, y que hasta hace poco fueron Monarquías, fueran fieles al recuerdo; lo extraño es que en Francia, en casi un siglo, no se haya apagado el sentimiento realista y que su antorcha siga lanzando tan vivos destellos como los de L´Action Francaise y los Camelóla du Roi.

Los hombres cultos actuales están aprendiendo una verdad que conocieron los de hace dos mil años: que la Monarquía es la forma óptima de Gobierno. Así lo han seguido reconociendo todos los filósofos y .pensadores «hasta fines del siglo XVIII cuando los escritores de la Enciclopedia desencadenaron una falaz campaña • antimonárquica contra el Régimen que había forjado a Francia.

Es grande la influencia de la letra de molde sobre la masa, lo fue la Enciclopedia sobre muchos pueblos europeos. Se tradujo en movimientos revolucionarios, antimonárquicos y anticatólicos, en varias naciones. Fue un contrarrenacimiento que llevó hasta sus extremas consecuencias, con más de un siglo de retraso, el único país europeo que no habla tenido Renacimiento: Rusia.

Como las mismas causas producen idénticos efectos, .veremos cómo, por influencia de la imprenta, se está produciendo ahora Una reacción monárquica en las minorías selectas, vanguardias de la civilización.

A. KINDELAN

 

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