Autor: Ramírez, Pedro J.. 
 Vida política. Entrevista con Fernando A. Martorell. 
 "El país necesita una tregua de moderación y encuentro consigo mismo que todos debemos propiciar"  :   
 "La muerte de Juan María de Araluce es su último gran servicio a España y confío que nos sirva de revulsivo". 
 ABC.    06/10/1976.  Página: 11-12. Páginas: 2. Párrafos: 25. 

MIERCOLES 6 DE OCTUBRE DE 1976 PAG. 11.

VIDA POLÍTICA

ENTREVISTA CON FERNANDO ABRIL MARTORELL

«EL PAÍS NECESITA UNA TREGUA DE MODERACIÓN Y ENCUENTRO CONSIGO MISMO QUE TODOS

DEBEMOS PROPICIAR»

«La muerte de Juan María de Araluce es su último gran servicio a España y confío

que nos sirva de revulsivo»

ALGUNAS horas antes de su conferencia en el Club Siglo XXI, el ministro de

Agricultura, don Fernando Abril Martorell, me recibe en su despacho oficial.

Acepta el diálogo espontáneo y la conversación se produce con fluidez. El punto

de partida es, naturalmente, el mismo que sirve de título a la conferencia: «El

marco social para la nueva convivencia».

—¿Cuáles son, señor Abril Martorell. los rasgos específicos del marco social en

el que se ha de estructurar la nueva convivencia política española? , —El

nuestro es un país que ha superado muchos obstáculos que hicieron imposible la

convivencia democrática en el pasado, concretamente en el sifflo XIX y comienzos

del XX. Hemos superado, por ejemplo, una estructura cerrada de clases, en favor

de un sistema mucho más permeable y, por tanto, mucho más estable. Hemos

superado también el marco de las n e c e s i d ades apremiantes y gozamos de una

situación de prosperidad que si bien es todavía modesta con respecto a la de

otros países europeos, queda potenciada por la comparación con otras

alternativas de nuestra historia reciente.

Yo diría, por lo tanto, que desde un panto de vista puramente técnico, los

supuestos básicos son absolutamente favorables para el cambio político porque

configuran una situación de eran estabilidad social.

CRISIS ECONÓMICA Y CAMBIO POLÍTICO

—La crisis económica que nosotros hace tiempo debíamos haber superado es, sin

embargo, un factor condicionante que creo lleva quitadas muchas horas de sueño

al Gobierno...

—Todo el país, y el Gobierno no iba a ser una excepción, desearía que este

momento, en el que se hace imprescindible el cambio, político, hubiera

coincidido con períodos de crecimiento económico como los que vivimos durante

toda la década de los sesenta y los tres primeros años de la década actual.

¡Ojalá así hubiera sido!

Sin embargo, la crisis económica no debe influir ni un ápice en la voluntad de

llevar adelante el cambio político. Primero, porque las cosas son como son y no

como quisiéramos que fuesen. Segundo, porque lo que vivimos no deja de ser un

bache y la economía occidental ha avanzado lo suficiente como para disponer de

mecanismos que suavicen estos baches. Y tercero, porque cuanto antes se

sustancie el cambio político, será mejor para la propia economía.

-—Advierto en sus palabras sobre los años sesenta cierta pesadumbre por la

oportunidad perdida.

—fío me siento capaz de opinar sobre si hubo o no oportunidad perdida, porque

carezco de los elementos de juicio necesarios. Lo único ane puedo decir eomo

miembro del actual Gobierno- es que nos hubiera gustado que el cambio político

discurriera en medio de una situación económica, llamémosla normal.

VIDA POLÍTICA

«ESPAÑA HA SUPERADO MUCHOS OBSTÁCULOS QUE HICIERON IMPOSIBLE LA CONVIVENCIA

DEMOCRÁTICA EN EL PASADO»

UN ESFUERZO DE MODERACIÓN Y PATRIOTISMO

—Usted cita en su conferencia esa frase tan feliz del presidente Suárez: «Que

sea normal, lo que a nivel de calle es simplemente normal.» ¿Qué cree usted que

es normal, «a nivel de calle», en la vida política de este país?

—Yo diría que «a nivel de calle» es normal la existencia de partidos políticos

con nombres y apellidos, la presencia de-diferentes tendencias de opinión

destinadas a sustanciarse en una cámara de debates..., en fin, todo lo que nos

preocupa a los españoles. No hay por qué silenciarlo, no hay por qué tener

vergüenza de estar vivos, en una sociedad que está viva y. por tanto, tiene

tensiones. Tenemos que acostumbrarnos a aceptar la existencia de tensiones y lo

qu« hay que hacer es institucionalizar su solución. Esta es mi interpretación

del fecundo principio expuesto por el presidente.

—¿Y "qué diría de ese desconcierto que se da en todo el país, pero especialmente

en esa España rural que usted conoce tan bien, ante la avalancha de siglas

emanadas de los mil un cenáculos políticos de Madrid?

—En cierta medida es natural que el proceso que vivimos parezca, troceado y

deshilvanado. Muy pronto, sin embargo, en virtud de la aplicación del proyecto

de ley para la Reforma Política, se producirán movimientos aglutinantes. De

hecho los diferentes grupos que actúan en nuestra vida política no pueden

responder sino a los tres o cuatro modos básicos de entender la convivencia en

el seno de la cultura occidental Pronto se superarán los personalismos y los

pequeños intereses, y ante la opinión pública se presentarán esas tres o cuatro

grandes corrientes de opinión. Estoy seguro que nuestra clase política sabrá

realizar el esfuerzo de moderación y patriotismo que el momento exige.

LA DEMOCRACIA Y SUS INTERPRETACIONES

—El actual deterioro económico y social implica el riesgo de que el País asocie

la pérdida de unos determinados logros del régimen de Franco con el proceso

reformista, con el proceso de cambio político.

—Vivimos en un mundo en que las instituciones son continuamente cuestionadas.

Quizá hablando en términos matemáticos la tasa de cambio en nuestra sociedad sea

demasiado alta y tal vez algunos no puedan asimilarla en su integridad. Por eso

la hora presente es hora de explicaciones, hora de moderación, hora de pactos y

transacciones. El nuestro es un país europeo por sus leyes y su modo dé entender

la vida; tiene también que serlo-cuando se trata de institucionalizar las

diferencias que surgen en su seno. La democracia como fórmula política es, pues,

para la sociedad española una necesidad de congruencia impuesta por nuestro

sistema cultural.

—En su conferencia se matiza el contenido del término democracia. íLe preocupa

acaso que haya grupos que pretendan monopolizar e interpretar excluyentemente la

democracia?

—No quisiera que mi conferencia resultara beligerante, ya que trata tan sólo de

aportar la visión de un español relativamente joven que tiene, en estos momentos

un puesto de responsabilidad. Nada más lejos de mi intención que aportar

tensiones adicionales a una sociedad a la que en alguna medida le sobran las

tensiones. Sin embargo, quiero decir que el concepto de democracia se está

utilizando de forma múltiple y a veces equívoca.

Mientras se exageran las expectativas que puede alentar la democracia´, no se

resaltan suficientemente los aspectos de ciudadanía y .responsabilidad que

conlleva. Entiendo, además, que hay parcelas extremas de nuestra sociedad que

atribuyen a la democracia una interpretación utópica que trasciende a la

configuración de la democracia occidental o burguesa, si se le quiere llamar

así. Por eso insisto en que él país necesita una tregua de moderación y

reencuentro consigo mismo que deben propiciar por igual los grupos políticos,

´la Universidad, los medros dé comunicación...

ANTE EL ASESINATO DE ARALUCE

—En un momento como éste no puede, por último, por menos que apartarme del

objeto específico de nuestro encuentro. Como miembro del Gabinete, ¿qué

reflexiones haría ante los asesinatos de San Sebastián?

—El sentimiento de todos los españoles es tremendo. En mi caso particular,

agravado por haber sido también presidente de Diputación y haber tenido

oportunidad de conocer y tratar al señor Araluce. Y agravado por tener yo

también custodiando mi vida a unos servidores del orden público con sus

correspondientes familias como los muertos en San Sebastián.

Junto a esta sensación íntima de congoja entiendo que todas las sociedades

modernas, y la nuestra lo es. resultan muy vulnerables. La violencia es un hecho

que está ahí, y la fórmula ideal para combatirla es una reacción general de

rechazo a partir de un sistema de convivencia en el que quede excluida.-La

muerte de Juan María de Araluce es su último gran, servicio a España y confío

que sirva al país de revulsivo.

Añadiría, tal y como ha dicho el ministro de la Gobernación, que el Gobierno no

caerá en ninguna trampa, porque entiende que nuestra sociedad tiene derecho a

seguir adelante en.el camino emprendido y a encontrar ]a paz mediante un sistema

de convivencia pacífica.—Pedro J. RAMÍREZ.

 

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