Cien días     
 
 Arriba.    15/10/1976.  Páginas: 2. Párrafos: 6. 

CIEN DÍAS

SE cumplen hoy los cien primeros días del Gobierno Suárez. Es, por tradición,

una fecha propicia al examen inicial de los gabinetes, una especie de breve alto

en el camino para reconsiderar los programas, actualizar iniciativas y, en

último extremo, una oportunidad para someterse al dictamen de la opinión

pública. Seríamos profundamente inconsecuentes con nuestra línea editorial de

los últimos meses si no dijésemos que el balance nos parece positivo. Y no tanto

por lo realizado hasta el momento como por las posibilidades de juego abiertas.

Este Gobierno se comprometió desde el primer momento a ser un gestor legítimo de

la transición política.

¿Ha cumplido su compromiso? Radicalmente, lo está cumpliendo. Hemos de convenir

en que ni este equipo ni la Monarquía encontraron las condiciones óptimas para

facilitar el tránsito a la democracia.

La crisis económica parecía aliarse con la radicalización de algunas fuerzas

políticas. Los defectos tradicionales de la política regional se entrelazaron, a

su vez, con el recurso a la agitación callejera por parte de algunos grupos. El

estreno de algunas libertades y algunos derechos sociales supusieron el lógico

desbordamiento a nivel de calle de una población que no tenía otras

posibilidades de expresar su pluralismo.

A pesar de todo, el Gobierno mantuvo en todo instante la Iniciativa, como le

corresponde según los mandatos constitucionales. Hubo instantes difíciles y

hasta sangrientos, es cierto; pero no fueron más graves que otros de fácil

recuerdo. Y así, desde una declaración de intenciones generalmente aplaudida a

la redacción del proyecto de ley para la Reforma Política, este Gobierno pudo

garantizarle a España la decisión firme de que el destino que estaba preparando

era la democracia.

Con todo, el gran mérito del Gobierno Suárez es haber conseguido quitarle

dramatismo a la vida política; desdramatizar el pluralismo normal de la

sociedad. Y algo quizá más importante: haber roto el círculo vicioso en que se

encontraba la política española. Este Gobierno ha encontrado una salida y

comprometió toda su autoridad en alcanzarla: darle la palabra al pueblo español

a través de unas elecciones generales de las que saldrán unas Cámaras

legislativas representativas capaces de ordenar la futura convivencia según los

criterios de las mayorías. Esa es la soberanía popular, cuyos principios fueron

aceptados desdé el momento mismo de la toma dé posesión.

No queremos decir que este Gabinete sea el ideal, ni siquiera que tenga el

máximo consenso posible. Eso está sin demostrar. Lo que queremos decir es que,

en su actuación diaria, ha conseguido conectar con las voluntades de la opinión

y que encontró soluciones para los momentos presentes. Esto es bastante para

justificarlo y para que los comentarios de hoy sean, cuando menos, un estímulo

en el compromiso de conseguir instaurar en España una democracia en libertad,

construida por los propios ciudadanos, con el voto libre como primer

procedimiento. Sólo quienes no desean esa democracia o quienes se sienten

impotentes ante una convocatoria electoral pueden oponerse racionalmente a los

pasos dados por el Gabinete actual.

Pero de esta breve reflexión sobre los primeros cien días no quisiéramos hacer

sólo un examen de conciencia. De hecho, ahora quedan por recorrer los tramos más

difíciles hasta llegar a las elecciones, a las que, cueste lo que cueste, hay

que llegar en un clima de libertad ciudadana y paz. El Gobierno es el conductor.

Pero el éxito de la operación reside también en la colaboración que sean capaces

de prestarle las instituciones representativas y las fuerzas sociales. Y esto,

no tanto por lo que el Gobierno es. sino por lo que representa en esta hora de

España.

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