Autor: Kindelán Duany, Alfredo. 
   ¡Prudencia cubanos!     
 
 ABC.    19/02/1959.  Página: 35. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

¡PRUDENCIA, CUBANOS!

Me interesa sobrernanera cuanto ocurre en Cuba, ¡No en vano naci en aquella hermosa isla, como mis padres y abuelos! Por otra parte, una permanencia reciente en La Habana y en Santiago me ha permitido observar dé visu y conocer, por referencias áuténticas directas, los sucesos dramáticos del ajamiento de Fidel Castro, que ha culminado en la fuga de Batista y de muchos de sus secuaces, el primero de este año.

Conozco perfectamente das crueldades enormes cometidas por la Policía del régimen vencido: de algunas de ellas fui casi testigo presencial en Guantámano y no pongo en duda la justicia de las sentencias que están dictando los tribunales militares de Castro contra algunos. La mies de crímenes es mucha y para recolectarla se necesitarían numerosas y bien afiladas guadañas.

Funesto error seria el que así sucediera: el afán, de justicia y el deseo de vengar a muchos correligionarios, vilmente asesinados por los esbirros >le Batista, no debe conducir a nuevos derramamientos de sangre cubana; sucumbiendo a una tentación que se ha presentado siempre al término de las guerras civiles y recientemente también al de las internacianales. La invención de los "criminales de guerra" y su enjuiciamiento, ín Nuremberg, por tribunales de vencedores, constituyó una regresión en la marcha de la Civilización.

Toda prudencia es poca para administrar justicia, al finalizar las guerras civiles. España, que tantas tuvo, lo sabe, bien. Si se exceden los vencedores en su afán, de justicia y represalia, contra los vencidos, forjarán, el primer eslabón de una cadena de sucesivas venganzas, ers que los jueces de hoy serán, ios acusados de mañana. . No se olvide el triste sino de ´las naciones americanas de nuestra estirpe, que les la impedido, hasta ahora, lograr estabilidad. politica, ni alcanzar el "orden sosegado" que reclamaba fray Luis de León. No pasa un lustro sin que el "mundo hispánico"´ nos ofrezca el espectáculo de una revolución ma o menos violenta; hoy la cubana, ayer la argentina y con pocos años >Je diferencia las de Colombia, Chile, Perú, Ecuador, Méjico. Unas, breves´e incruentas; otras, breves pero muy cruentas; otras, de larga duración, seguidas, generalmente, por ,dictaduras opresoras. La Revolución parece una constante histórica en aquellos países, quizá como reacción a los casi tres siglos de laz y orden del período colonial.

Parte de esta crónica intranquilidad obedece a la exacerbación de sentimientos intrínsecamente buenos, pero desorbitados, principalmente el amor fervoroso a la Libertad y a la Justicia: así, escritas con mayúsculas, estas virtudes´, se convierten én pasiones. Pueblos de exaltado individualismo llegan a la adoración de ambas virtudes y como una y otra son difíciles de realizar, en este mundo sufren esas continuas rebeliones y esa constante lucha por el poder.

La estricta justicia es odiosa si no la modera y endulza la Caridad, vínculo de perfecciones según la Iglesia. Es, además, difícil para la razón humana descubrir donde se halla la Justicia; sobre todo cuando está sumergida en el mar proceloso de !as pasiones: cuando la ocultan. la sed de venganza, el rencor y el1 recuerdo de terribles crueldades.

Aunque sé que no es discreto inmiscuirse, en los Asuntos internos de países extranjeros, voy a permitirme aconsejar moderación en su justicia a Fidel Castro y a sus tropas vencedoras. Me creo autorizado a hacerlo por dos razones. Es la primara, que yo no considero país extranjero a Cuba: donde vi la luz primera, donde nacieron mis padres, mis abuelos. y mis bisabuelos. La segunda es que yo también me rebelé contra un Gobierno opresor, en una ´lucha tan desinteresada y noble como el reciente alzamiento cubano: luché, apenado, contra compatriotas y sentí gran indignación por los crímenes horrendos que el adversario. cometió.

En mi doble calidad de cubano y de rebelde, con. miras al futuro de la isla y a la consolidación de la victoria, me atrevo pedir al presidente Urrutia y al jefe de Gobierno. Castro, el Vencedor, suavicen con la generosidad la dureza de la pepresalia. Con el castigo de un corto número de los criminales más destacados quedará .cumplida la. ejemplaridad de las penas, sin incurrir en la inmoralidad de la ley de Tallón, ni en Ia injusticia de Nuremberg.

No se arrepentirán de esa indulgencia. Los fuertes, los vencedores, pueden ser generosos sin miedo a que se les acuse ´de temor o debilidad. Aceptad los consejos de un gran amigo de Cuba; quién sabe que en estricta justicia, tendréis derecho a imponer severas penas a millares de adversarios. Pero sabe también que no lo haréis: que os mostraréis magnánimos con el adversario vencido.

Aceptad estos leales consejos de un amigo que se educó en un ambiente de añoranza y saudade por la lejanía de la Perla de las Antillas, y supo luego de luchas fratricidas, cuyo precio fue la vida de un millón de españoles.

Alfredo K1NDELAN

 

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