Autor: Kindelán Duany, Alfredo. 
   Europa, en trance letal, puede salvarse  :   
 Orgánica. 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 14. 

EUROPA, EN TRANCE LETAL, PUEDE SALVARSE ORGÁNICA

EL Viejo Continente es hermafrodita... En él, Europa representa el principio masculino: activo, emprendedor, engendrador y talentoso. Asía, el femenino: sentimental, fecundo, voluble; que sabe de orígenes y de principios natales. Esta hembra geopolítica, como otras de insectos, no se avino, a su papel pasivo, sino que intentó varias veces devorar al varón; una vez que éste hubo cumplido en ella su deber hacia la especie.

, La historia de Europa se reduce a la de una sucesión de guerras defensivas contra agresiones de Asia: guerras médicas, bárbaros, hunos de Atila, tártaros de Gengis Khan, turcos de Mohamed II, ataque a Bizancio y a Grecia, campaña rusó-japonesa de 1904. En sentido contrario, sólo cuentan las conquistas de Alejandro y las Cruzadas.

Todas la agresiones asiáticas se estrellaron contra las defensas europeas por deficiencias de mando y de orgánica. Los orientales carecen de dotés de gobierno v de mando, indispensables para qué el esfuerzo de sus masas rinda toda su eficacia; que rinden, en cambio, cuando los manda un blanco. En ello ve Spengler un riesgo, que expone en "Años decisivos": "Puede llegar un día en,el que un aventurero desarraigado, de raza blanca, se ponga al frente de una revolución de las razas de color contra la blanca. El riesgo sería inmenso para ésta."

Ese día llegó ya, con la agravante de que río es un solo europeo el que se ha puesto al frente de los asiáticos, sino muchos millones de habitantes de la nación más extensa y poblada de Europa: Rusia.

El problema político-militar que tiene tanteado Europa se reduce a cifras: la frontera entre Asia y Europa se ha corrido veinticinco grados al Oeste, pasando al lado oriental ciento ochenta millones de rusos y •ciento quince de ciudadanos de los países satélites que Rusia sojuzgó. Entre éstos y Rusia ocupan veintitrés millones de kilómetros cuadrados, que pueblan 300 millones de habitantes. Frente a éstos, sólo disponen las naciones occidentales europeas de 225 millones de habitantes, que ocupan menos de cuatro millones de kilómetros cuadrados."

Ante desproporción tan marcada, que acentúan el espíritu agresivo del régimen soviético y la xenofobia temperamental del eslavo, Europa comprendió que para defenderse había de acudir a reforzar, por medio de alianzas, sus fuerzas movilizables, o crear un clima de paz por desarme universal. Para el primer recurso, dirigió sus miradas a dos potencias fuertes: Inglaterra y los Estados Unidos de América, firmando con ellas y otras naciones el Pacto del Atlántico del Norte (N, A. T. O.). Para el segundo recurso se creó la Organización de Naciones Unidas (O. N. U.). Uno y otro organismo atraviesan en estos días sendas crisis.

La idea de la paz universal tiene rancio abolengo; la trató, en´ el siglo XIII, nuestro gran filósofo mallorquín Raimundo Lulio en un interesante libro; y a lo largo del siglo XIX se hicieron varios intentos de llevarla a la práctica. En 1816, el Zar de Rusia propuso a las demás naciones un desarme sustancial; en 1837 se celebra en París la I Conferencia del Desarme; en 1840 se reúne el I Congreso de la ´ Paz, y en 1899, una Conferencia de la Paz, reunida en La Haya, consigue dejar en permamencia un Tribunal Jurídico internacional.

El fracaso de estos intentos y el de una segunda Conferencia de La Haya no bastaron para que los "modestos aficionados" que redactaron el Tratado de Versalles al terminar la primera gran guerra, en 1918, dejaran de incurrir en la falta de crear una Sociedad de Naciones con los mismos defectos de aquellos ensayos; a la que Inglaterra que de mala gana; de la que no formaron parte ni los Estados Unidos ni. Rusia, y de la que luego se retiraron Alemania, el Japón y otras naciones. Se crearon, poco después, una Conferencia Preparatoria del Desarme y otra del Desarme: todas fracasaron.

Ninguna de las faltas de la Sociedad de Naciones se corrigió al crear, cuando terminó la segunda gran guerra, la Organización de Naciones Unidas, y se añadieron, en cambio, otras: el veto, concedido como derecho a cinco naciones en el Consejo de Seguridad, y la ubicación del nuevo Organismo en el suelo del más poderoso de los probables beligerantes. Se ha perseverado en el error de conceder a cada Estado un voto en las decisiones y el de no disponer de un órgano coercitivo para hacer efectivos sus acuerdos.

A pesar de estos defectos pudo apuntarse la O. N. U. un éxito al poner terminó a las operaciones en Corea por el envió de contingentes de varias naciones, que se batieron bien todas ellas. Fue un milagro, que se debió a que Rusia se había ausentado temporalmente de la Organización, llevándose consigo el derecho de vetar, ya que en ella predominaba el espíritu de Occidente. Se acaba de poner de manifiesto en el Congo que las fuerzas puestas por varios países a disposición del secretario general para poner paz en la ex colonia belga no obedecen las órdenes de la O. N. U., sino las directrices políticas de sus respectivos Gobiernos.

Así no es posib1e continuar; la O. N. U. está a punto de ser dirigida por un grupo neutralista, inclinado, con más o menos disimulo, hacia la órbita soviética. El día que tal cosa acontezca, el organismo será un peligro para la paz del mundo.

Los defectos del organismo internacional, que se han puesto en evidencia en la XV Asamblea, que aún se está celebrando, proceden de errores congénitos y de otros accidentales; los estatutos que se, hicieron para reunir a medio centenar de naciones civilizadas no sirven para un centenar de pueblos de los que una importante porción, recién independientes cuando estaban aún en estado tribal, se adornaban con cráneos de sus enemigos, y algunos practicaban el canibalismo. Los puntos que están pidiendo", con más urgencia reforma, son: el veto, la igual valoración de los votos y el órgano coactivo armado.

Las dos primeras reformas están íntimamente relacionadas. Constituiría supina ingenuidad que las cinco naciones que hoy poseen derecho al veto renunciasen a él, mientras su voto contara lo mismo que el de una ex colonia de poca población y muy atrasada. Se ha propuesto que a cada nación se le conceda un numero de votos proporcional a su volumen demográfico. La fórmula: "Un hombre, un voto", sería tan injusta como la actual.: "Un Estado, un voto", como lo sería la fórmula que sólo tomara en cuenta la riqueza o la extensión superficial de las naciones. Habría que adoptar un sistema que ha dado buen resultado en algunas asociaciones técnicas internacionales : dividir a las naciones en1 cuatro categorías, atendiendo a un complejo de factores, y asignar cuatro votos a la primera categoría, tres á la segunda, dos a la tercera y uno a la cuarta. Para vencer los exaltados nacionalismos de algunas naciones sería bueno encontrar una fórmula matemática de indiscutible automaticismo.

Cualquiera que sea la estructura qué se dé a la O. N. U., tendrá que reformarse su órgano ejecutivo armado, que haga cumplir sus acuerdos; un derecho sin sanción es sólo un consejo: "Una llama sin calor", como dijo Von Jhering. Hay que organizaren una u otra forma, una Fuerza de Policía Internacional con poder dísuasorio stificiente para los díscolos o aventureros. El sistema actual de aportaciones temporales de varias naciones, puestos incidentalmente al servicio de la O. N. U., acaba de fracasar en el Congo, y fracasará cuantas veces se repita el ensayo por una porción de concausas que expondré en un tercer y último artículo.

Alfredo KINDELAN

 

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