Suárez cambia un poco     
 
 Diario 16.    05/07/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Suárez cambia un poco

La lista de los miembros del nuevo Gobierno confirma las impresiones de los

últimos días que dejaban prever, pese a las promesas de Suárez, un Gabinete de

centro-derecha. Ni siquiera el equipo económico puede globalmente considerarse

como socialde-mócrata, si es que no se quiere vaciar por completo de contenido a

esa palabra, erosionada ya por una utilización abusiva y arbitraria. La

presencia de algunos hombres de esa tendencia en el tercer Gobierno de la

Monarquía, da toda la impresión de responder más que a un deseo de aplicar las

fórmulas socialdemócratas a la situación española, al propósito consciente de

cargar con la responsabilidad de afrontar la crisis económica a quienes creen en

la posibilidad de superar el modelo neocapitalista.

La derecha ha devuelto la pelota a quienes estos meses de atrás señalaban la

conveniencia de que fueran los jóvenes lobos del capitalismo los encargados

delibrar al país del atolladero económico. Siguiendo los acreditados usos de sus

homólogos europeos los neocapitalistas españoles prefieren que sea la izquierda

moderada quien saque las castañas económicas del fuego de la crisis. Se evitan

así sobresaltos y siempre queda la posibilidad de cargar a los otros con el

sambenito si la "normalidad" no se restablece a tiempo.

Supuestas las medidas que habrán de tomarse en breve plazo, no es difícil prever

sobre quiénes recaerá la impopularidad.

Una cierta voluntad de cambio, especialmente en lo político, se contrapesa con

un evidente designio de conservación en otros ámbitos. Así, por ejemplo, parece

haberse optado por no abordar con la profundidad que merece el tema de la

educación, que continúa estando sometida a las mismas influencias de siempre.

Quizá Suárez no desea abrir a la vez demasiados frentes de batalla, pero no es

de buen augurio descuidar el problema educativo, que además de estar al rojo

vivo tiene un importantísimo efecto multiplicador sobre todas las estructuras de

la sociedad.

Nos hallamos, pues, ante un Gobierno fundamentalmente de centro-derecha. Nadie

había imaginado que el primer equipo gubernamental de la nueva etapa democrática

fuera a ser ni conviniera que fuese de otro color. Y es obligado felicitarse de

que los hombres que lo constituyen sean ante todo demócratas, como muchos han

demostrado en los últimos meses. Después de haber padecido esa derecha que aquí

ha sido calificada de montaraz y trabuquera, es un progreso evidente ver acceder

al poder a esa derecha moderna que supo comprender a tiempo que el mantenimiento

del relimen autoritario era incompatible con la propia política neocapitalista.

Las estructuras sociales, económicas y culturales que hereda la democracia son

más viejas, decrépitas y esta circunstancia da pie al nuevo Gobierno para, sin

salir de su propia ortodoxia, acometer reformas de gran impacto. Partimos de tan

bajo que cuanto se haga para poner a este país al nivel de su tiempo puede ser

mucho, relativamente. La reforma fiscal progresiva, la efectividad de las

libertades individuales y colectivas, el divorcio, la liberalización cultural,

la educación gratuita para todos, la autonomía regional..., etcétera. Son tantas

las cuestiones pendientes mantenidas por la dictadura en hibernación cuando no

en neta regresión, que a poco que se avance en ellas el Gobierno puede lograr un

positivo balance. Pero el gran tema es, por el momento, la consolidación de la

democracia y d establecimiento de una Constitución que sea fruto •del pacto

entre todas las fuerzas políticas representadas en el Parlamento. Ahí tiene el

Gobierno su principal reto y ahí deberá demostrar su capacidad de negociación y

el definitivo abandono de las prácticas autoritarias.

 

< Volver