Autor: Vega, Vicente. 
   El origen del sinsombrerismo     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 11. 

EL ORIGEN DEL INSOMBRERI5MO»

MAURICIO de Waleffe, que inicio su carrera escribiendo novelas históricas que no interesaron a nadie y luego cultivó con acierto el periodismo, "lanzó en 1927 un manifiesta proclamando que el traje del hombre civilizado moderno era el más feo que jamás hubiera existido, y que resultaba urgente e indispensable reformarlo de modo radical. En diversos países de Europa se entablaren vivas polémicas. en torno a esta cuestión, y en España la organizó el diario madrileño "El Sol". Terciaron en ella escritores, artistas, sastres, etc. Y Wences-Fernández Flórez, con su habitual aguaza, dijo cosas muy interesantes. Refiriéndose al sombrero advirtió: "Debo expresar mi creencia de que los sombreros tienden a desaparecer." La profecía no pudo ser más certera.

Me atrevería a asegurar que el primer "sinsombrerista" fue el Rey don Alfonso XIII. Parece que le estoy visndo cruzar el zaguán de Palacio, dar los buenos días, sonriente, a Jos periodistas que allí estábamos y bajar, sin sombrero, por la rampa que conduce al Campo del Moro o subir al coche, destocado también, y marcharse a la Casa de Campo. No Quiero decir qué él lanzase la moda, pero sí aseguro que fue la primera persona a quien he visto pasearse de esa guisa. Y estos recuerdos personales míos son, ¡ay!, muy anteriores a la citada fecha de 1927. Por lo tanto, pretender hundir en - el oprobio el origen del "sinsombrerismo" cargándole en la cuenta del Frente Popular, es algo que nadie con más de treinta años de edad puede secundar. Tiene tan poquito de comunista o de comunistoíde el origen del "sinsombrerismo", que cuando en España empieza a extenderse esa. costumbre, son los jóvenes elegantes, de familias "bien", comó entonces se decía, quienes se lanzan a la calle sin sombrero. ¿Razones? La razón de la sinrazón, "snobismo", en ¡a mayoría de los casos. Pero existe un fundamento racional: los sómbreros de paja, aquellas ridiculas e incómodas tapaderas que los sombrereros nos ofrecían todos los veranos para que tuviésemos la cabeza bien ceñida por un duro cerco de paja engomada, que maldito si servía para preservar del sol ni del calor y que con frecuencia se llevaban en la mano, por lo muy molestas de llevar en la cabeza. Así comenzaron muchos a saborear una sensación nueva y agradable, y entre éstos y los que por puro afán" de distinguirse empezaron a no llevar´ sombreros, organizaron la, catástrofe sombrereril.

Cuando empezó a dejarse sentir !a repulsa por el sombrero de paja, la única reacción de los sombrereros fue lanzar aquellos sombreritos que el vulgo al punto denominó "Mecachis", imitación de los flexibles de forma (o sea no flexibles), pero en tejido de paja. Eran muy feos y rio prosperaron.

Había otros sombreros, los de Jipijapa, que llamaban, también de Panamá, aunque tuvieron su origen en Guayaquil, Ideales pa el verano por su poco peso, ala am flexibilidad y frescura. Al principio

Van carísimos, y de ahí su escasacion; al fabricarse en España baja extraordinariamente de precio, pero

en usarlos los maestros de obras, 5a en honor del buen sentido de los lo cual que desapareciéronle la cón incluso los "jipis" que habían mil pesetas.

llegó a molestar el sombrero de paja, de ala rígida y copa aura, que por muchos mal avenidos con lo de ir sin sombrero se .adoptó para el verano el sombrero flexible de fieltro, alegando que el mismo calor daban el uno y el otro, y siempre quedaba en abono del flexible su mayor comodidad y duración y la posibilidad de adaptarlo a los gustos de cada cual. Muchos de los que así procedieron, para librarse del calor, un verano ensayaban el "sinsombrerismo"; un año prolongaban la costumbre al otoño y, faltalmente, la seguían durante el invierno Inmediato...

Al estallar el Movimiento, el "sinsombrerismo" era común a todas las clases sociales y a todas las ideologías. Sin sombrero atacaron socialista y .comunistas el Cuartel de .la Montaña; sin sombrero estaban dentro los falangistas que lo defendieron. Las primeras banderas de la Falange que marcharon al frente no usaban cubrecabezas de ningún género, y cuando se legisló algo sobre su uniforme, el gorro adoptado se llevaba generalmente sujeto bajo una de las hombreras.

Ya hubo un sombrerero madrileño que, a poco de acabarse la guerra, se dio a anunciar su establecimiento con unos reclamos que decían: "Los rojos no usaban sombreró". Da nada le sirvieron esos anuncios, naturalmente; cuantos procedían de la zona nacional se encargaron de tranquilizar al resto, asegurándoles, como, era muy cierto, que allí el "sinsombrerismo" había estado también a la orden del día.

Les hombres, en su inmensa mayoría lo sacrifican todo a la comodidad. Desde el momento qué han encontrado cómodo y económico ir sin sombrero, no será fácil hacerlas volver a las antiguas costumbres. Además, entre la juventud, se cuenta por millones los que nunca se han puesto sombrero; de flechas" pasaren a "cadetes" y no saben lo que es ponerse algo en la cabeza, como no sea la boina. ¡Esta sí que es una prenda injustamente postergada! No hay nada más español ni más cómodo.

La costumbre de llevar sombrero ha pasado, lo mismo que la costumbre de llevar cuellos y puños duros y brillantes, tastón, paraguas, lentes, fumar en boquilla, usar botines; lo mismo pasaron antes otras costumbres como el monóculo, el rapé e Incluso la castiza capa española, que sólo algunos del 984 nos empeñamos en sacar de vez en vez por ahí... "Contra el uso de les tiempos—escribe Cervantes—no hay que argüir ni de qué hacer consecuencias." Ahora, que los médicos opinen si es antihigiénico o no el "sinsombrerismo", qué en eso no soy quién para meterme.

• Vicente VEGA (Dibujo de Esplandiú.)

 

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