Autor: Alonso-Castrillo, Álvaro. 
 De España y Europa a España en Europa. 
 ¿En qué consiste ser español?     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 5. 

DE ESPAÑA Y EUROPA A ESPAÑA EN EUROPA

¿EN QUE CONSISTE SER ESPAÑOL?

LOS defectos y cualidades de los diferentes pueblos constituyen un factor siempre importante, y a veces decisivo, en la determinación de sus posibilidades de actuación a lo largo de la Historia. No ha de extrañarnos, por lo tanto, que sean cada dia mas numerosos los estudios dedicados a analizar el potencial espiritual de las distintas naciones; si alguien desea saber en qué consiste ser francés, americano o alemán, dispone de una abundantísima literatura, prácticamente inagotable, para satisfacer su curiosidad.

Algo parecido ocurre con España, pero en el caso de nuestro pais el análisis de la cuestión ha arraneado siempre de una premisa que ha viciado "ab initio" el razonamiento posterior acerca de este problema capital. En efecto: (mientras un inglés o un sueco se han preguntado simplemente en qué consisto serlo, los españoles nos hemos interrogado no sobre tal hecho, sino acerca de la relación existente entre nuestra idiosincrasia y las posibles causas de la decadencia española. Que el fenómeno de nuestro declinar histórico, con su secuela de leyenda negra, defensa de España por los hispanistas y esfuerzos posteriores de reconstrucción nacional proporcionan materia más que suficiente para apasionar a los filósofos de la Historia, nadie lo pondrá en duda. Pero de ahí a plantearse la problemática de toda la realidad española como una simple respuesta a la pregunta de por qué un dia fuimos grandes y otro dejamos de serlo, va largo trecho.

Ha surgido, como consecuencia de tal error inicial, una imagen bastante deformada del español típico.

Resulta corriente, por ejemplo, la alusión a nuestra escasa capacidad d« trabajo y a nuestro secular desprecio por las actividades de tipo comercial o que impliquen un esfuerzo físico; añádase a esto la poca inclinación que los españoles parecen demostrar por la labor en forma de equipo. Las causas que normalmente se alegan para explicar este hecho son de todos conocidas: el individualismo de tos primitivos pobladores de la Península, la influencia árabe, la abundáncia artificial provocada por la llegada del oro de Indias... Las consecuencias no lo son menos: en un mundo dominado polla técnica y producto de una revolución industrial, hija del esfuerzo de obreros, empresarios e investigadores, España tenia que perder inevitablemente el puesto preeminente que un día ocupó. Esta imagen no demasiado grata del español procura compensarse con "una referencia a nuestra caballerosidad; aunque poco trabajadores, todos somos un poco Quijotes y llévamos en nuestra sangre unas gotas de hidalgo. Tal vez no estén de acuerdo con esta versión de la Idiosincrasia española los que de verdad han profundizado en estas cuestiones, pero conviene no olvidar que el hombre de la calla se desenvuelve en 1a vida con un repertorio de nociones que no sobrepasan el estadio de la ´"cultura de café". Yo no pretendo convencer a nadie de la autenticidad de mi interpretación, pero creo que es e1 producto de una "communis opinio": la utilizamos para andar por casa y exponemos (mutuamente nuestras soluciones al problema de España es algo, por lo tanto, que conviene tener muy en cuenta cuando llega la hora d« hacer balance.

He de confesar, sin embargo, que cinco añas vividos en el extranjero han sometido e ruda prueba esta versión vulgar del español. Durante media década he visto trabajar fuera de España a cientos de españoles y oído hablar del ímpetu emprendedor de otros muchos: compañeros de estudios de universidades inglesas, americanas, francesas y germánicas; economistas" en Méjico, camareros en Nueva York, técnicos en Londres, dependientes en Sao Paulo, leñadores en Tours hoteleros en Angulema, arquitectos en Bostón, dentistas en Washington, mecánicos en Ginebra y París. Sólo en dos ocasiones he oído quejas acerca del rendimiento de mil compatriotas: la inmensa mayoría, sin embargo, trabajaba a entera satisfacción de jefes o clientes acostumbrados a un rendimiento medio muy superior al que normalmente se exige en España, pero paralelamente a este hecho, y sin una sola excepción, todas las turistas extranjeras que han visitado España y con quien he hablado en sus respectivos países han protestado enérgica y amargamente ante la falta total de caballerosidad de los españoles: unas fueron perseguidas por las calles, otros asaltadas solamente, la mayor parte piropeadas con grosería intolerabilídad. Y no se trata del tipico gamberro, no; salimos acusados por igual jóvenes y viejos, obreros, empleados y señores elegantemente vestidos.

Tal vez los españoles que viven en el extranjero trabajan con ahinco porque para poder hacerlo se marcharon, si abandonaron España, fue porque la infraestructura económica del país y el medio ambienta les impedían rendir lo que ellos deseaban. Serían, en definitiva, la excepción que confirma la regla. En cuanto a la conducta poco elefante que observamos con las extranjeras tendría su explicación en ese triste desdoblamiento psicológico que hace actuar a muchos hombres; y no solo a los españoles, con un doble criterio moral: uno que aplican a las relaciones familiares y al circulo social en que se mueven y otro a los extraños. Se pide respipara nuestra madre, hermana, novia, esposa, hija o amiga; pero se le niega a las de nuestro vecino.

Pero estas explicaciones me parecen demasiado superficiales. Entiéndaseme bien: no pretendo sugerir, ni mucho menos, que el español es un trabajador nato y un ser poco caballeresco, pero si creo necesario, indispensable incluso, el plantearse el probi de nuestros defectos y cualidades, haciendo abstracción de una cuestión que aun siendo fundamental, no debe ser nunca punto de arranque de nuestra investígacion; la decadencia española. Porque podria ocurrir que llegásemos a describir que no decaimos porque no trabajábamos, sino que no hemos podido trabajar porque hemos decaído. Tal vez esta afirmación resulte en exceso paradójica, pero conviene no olvidar que algo ha ocurrido siempre en España: muchas, incontables personas han querido hacer algo y no han podido, ¿porqué?

Alvaro ALONSO-CASTRILLO

 

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