Autor: Barrachina, Pablo. 
   Conciencia de católicos españoles     
 
 ABC.    15/06/1986.  Página: 56-57. Páginas: 2. Párrafos: 18. 

ABC, pág, 56

TRIBUNA ABIERTA

CONCIENCIA DE CATÓLICOS ESPAÑOLES

Por Pablo BARRACHINA

DOMINGO 15-6-86

SON innumerables las personas que nos solicitan una palabra limpia, libre y evangélica, a propósito de

las próximas elecciones generales. La Iglesia goza, por derecho divino, de la independencia necesaria

para su misión sobrenatural. Debe inspirar libertad en los hombres que viven en una sociedad civil, y

anhelan ser responsables y coherentes con las normas de la fe cristiana. Y debemos dar luz y claridad en

esta hora, por la orgía lamentable de procedimientos de miedo, de insultos al adversario político, de

falsificación de encuestas y de menosprecio de nuestra religión. No entramos en el análisis del número

coherente de católicos. Afirmamos rotundamente que España sigue siendo católica. España no puede

pensarse al margen de sus raíces cristianas, ajena a su cultura humanista y católica, sin la creación

artísiico-líteraria religiosa de tantos siglos. Y ahora se silencia este «dato», religioso e histórico, con

flagrante injusticia. Y no se respeta nuestra religión católica. ¿Podemos callarnos en esta hora? Creemos

que no, aunque sería lo más cómodo. No hacemos política, simplemente somos educadores de la fe y

alentadores de la conciencia moral.

Libertad. La libertad se consagra en la Constitución española de tal manera, que no hay expresión que

más se repita. Es un valor superior de su ordenamiento jurídico. La libertad debe ser real y efectiva, no

solamente formal. Toda persona tiene derecho a la libertad y a la seguridad. Libertad de enseñanza,

libertad de pensamiento, de cátedra, de producción arfístico-titeraria. Estas libertades tienen su límite en

el derecho al honor, a ia intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia.

Y no hay nada que nos pueda satisfacer tanto corno la verdadera libertad. La libertad es evangélica, está

inscrita en la naturaleza del hombre y nadie ha hablado de ella con tanta elocuencia como el Magisterio

de la Iglesia. Ls libertad deriva de la naturaleza humana y de la promoción espiritual del hombre. No es

libre «cualquiera», sino el hombre cultivado.

La libertad social queda amparada por la Constitución. Si bien ésta tiene dos limitaciones de orden

natural, que no puede marginar un Estado de Derecho. La.libertad responsable de las personas y la justa

libertad de las asociaciones intermedias, que no pueden ser arbitrariamente restringidas, ni ignoradas, ni

anuladas. Ahora bien, todos ios ordenamientos jurídicos necesitan del orden moral superior. Cuando esto

no ocurre, el Estado de Derecho se convierte en despótico o totalitario, que es e! mayor absurdo de una

democracia (Cfr. D. H. del Vaticano II, n. 1).

La autoridad política se justifica por el bien común, que crea todas las condiciones sociales para que los

hombres, las familias y las asociaciones logren su perfección y plenitud. Diriamos que el Estado tiene

como fin supremo la creación de un clima o ambiente social por el que se haga fácil cultivar y gozar de

auténtica libertad.

¿Existe este cuma de auténtica libertad en España? Estimarnos que no. No priva la moralidad púbüca sino

la inmoralidad más abyecta y aberrante. La delincuencia juvenil ha escafado cotas inimaginables. La

Televisión española programa multitud de espacios de escándalos, como si fuera su meta la degradación

del ambiente social. Los periódicos de todos los días nos relatan casos que ni los niños pueden ya

desconocer. Se dijo antaño por los socialistas, que había que «libertar» la conciencia del niño, la

conciencia del maestro y la conciencia de la escuela. Niños libertarios, sin más gobierno ni ley que la del

Estado. Sometidas a esta presión las personas y las instituciones, resulta casi imposible conocer y usar

bien de la libertad.

El paro y la vida económica de los españoles. Se ha llegado a la cifra de 3.000.000 de parados frente a los

800.000 de hace casi cuatro años. En España se ha alcanzado el más alto nivel de paro entre los miembros

dé la OCDE. Ha dicho muchas veces el Ejecutivo que le preocupa grandemente el estado de desempleo, y

lo creemos sinceramente. Pero tengo para mí que la justicia social, urgente para cualquier Gobierno, no ha

tenido el adecuado tratamiento en estos años. Los Presupuestos ordinarios anuales del Estado son tan

ingentes que se cuentan por billones, y muchos de ellos no son productivos, sino que se consumen por e!

funcionariado, cuya burocracia es mastodóntica. Todos sabemos que la deuda pública de nuestro Estado

es enorme, tercermundista. Por lo que la carga que pesa sobre cada uno de los españoles, en razón de

tributos e impuestos, es excesiva. No existe austeridad programada, se multiplican los gastos suntuosos de

fiestas y recepciones, los desniveles de honorarios entre quienes ocupan los altos cargos del Gobierno,

Comunidades autónomas, Municipios y Diputaciones Provinciales son treme nejamente injustos, habida

cuenta de los jornales de los trabajadores de a pie.. Se dice con verdad que si desaparecieran los dos

bloques de fuerzas con toda la carrera de armamentos, se podría generar riqueza para tantos desheredados

como existen sobra la faz de la lierra. Análogamente se podría afirmar que si desaparecieran los gastos

suntuosos, a todos los niveles, se podría paliar el paro, la mendicidad vergonzante, y bajarían los

impuestos que cada año son mayores en proceniajes que asustan.

Protección de la vida humana desde la concepción hasta la muerte. «Todos tienen derecho a la vida», dice

la Constitución (artículo 15). Y ahora resulta que en la palabra «todos» no se incluyen los niños que viven

en e! claustro materno. Nadie puede ser sometido a tortura, según el mismo artículo, y, sin embargo,

puede perseguir, el bisturí de la muerte, al pequeño hasta que lo destroce. El aborto y el infanticidio son

crímenes abominables (G. S. n. 51) La ley Despenalizadora del Aborto es mala en el fondo y torpe en la

redacción. Y el señor ministro de Justicia está anunciándonos ahora que se aplicará también por razones

económicas. El aborto traumatiza a la madre gestante, desnaturaliza el matrimonio y hunde la moralidad

pública en el abismo más hediondo. Es, en fin, una grave derrota del hombre y de la sociedad actual.

La arbitraria Ley Orgánica del Derecho a la Educación (LODE) está en pleno desarrollo, y todos estamos

sufriendo los efectos de su puesta en marcha. El cese be actividades durante una semana, la formación de

los célebres Consejos Escotares, en los que la influencia de los padres está mediatizada, y la firma de los

conciertos singulares o plenos, son prueba evidente de aquella arbitrariedad, que tiene a todos los centros

no estatales en vilo. No hay derecho a que los padres, cuyos hijos se educan en un colegio de concierto

singular, tengan que pagar mensual-mente 2.000 pesetas por la enseñanza y 1.100 pesetas más por

actividades complementarias. No hay derecho a que se produzca un déficit anual de 600.000 pesetas por

unidad escolar, que multiplicado por ocho unidades de EGB, asciende a 4,800.000 pesetas anuales, tanto

en los colegios de concierto singular como en los de concierto pleno. No hay derecho a que se exijan

treinta y cuatro aíumnos por clase en los colegios privados, cuando en los del Estado no hay sino

veintinueve muchas veces, y en algunos casos no pasan de veinte. ¿Dónde está la justicia o la igualdad de

oportunidades pregonada por el Ministerio de Educación y Ciencia? No es extraño que cunda por todas

partes la impresión fundada de que en tres años va a desaparecer la enseñanza no estatal.

¿Se está politizando et Poder Judicial? Los jueces y magistrados integrantes del Poder Judicial son

independientes, inamovibles, responsables y sometidos únicamente al imperio de la ley (artículo 117 de la

Constitución). Este ha sido el concepto que desde siempre ha tenido el pueblo sencillo de la Justicia. Pero

últimamente falta seguridad ciudadana frente a la delincuencia organizada. Son muchos los ciudadanos

asustados ante la audacia de los forajidos, que podrían vengarse después, por inadecuación entre los

delitos, las penas y su cumplimiento, y ante esta situación injusta, et ciudadano normal calla y sufre, y el

delincuente campa por sus respetos. Falta seguridad en las ciudades, calles y pisos, y se blindan las

puertas, se ponen rejas a todas las ventanas y se construyen coches a prueba de balas y bombas. ¿Dónde

está, pues, la libertad? Ahora se dice que el mal ha llegado a la cúspide del Poder Judicial por la forma

política de constituir e! Consejo General de dicho Poder y el Tribunal Constitucional. Estimamos que el

mal de (os males estriba en que se pueda dudar de la independencia de la Justicia en sus más altas

instancias.

Los obispos, como los apóstoles, nos debemos dedicar a dar testimonio de la verdad atreviéndonos a

proclamarla ante todos (D. H. n. 11). Sentimos un gran respeto por todas las personas. Y estos mismos

sentimientos los extendemos, sin ninguna dificultad, hacia aquellos seres humanos que no tienen nuestras

convicciones religiosas y profesan de buena fe una ideología contraria. Pero si ia fe y los supremos

valores son atacados con doblez, en nombre de la «libertad», tenemos la obligación moral de salir en su

defensa por todos los medios lícitos.

Nada me impide celebrar los logros de nuestro Gobierno: ei deseo de moderación de la política

económica, las rectificaciones habidas que siempre cuestan, la defensa de la unidad nacional, el afán de

conseguir el mayor número de ventajas de nuestra integración al Mercado Común y la mejora de la red de

carreteras. Y pueden estar seguros que nunca me dolerán prendas para expresar mi gratitud.

Mas existe una constante en el Gobierno y su Administración, que no es otra cosa que llevar a la práctica

el programa de la ideología de su partido. Nos ha costado mucho llegar a esta convicción. Si existía

alguna duda, nacida de nuestra mejor voluntad, nos acaban de recordar que a España, a la vuelta del

tiempo que necesiten, no la reconocerá nadie. Es una línea de acción, cuyos males so-cialmente

interrelacionados, tienen como meta la destrucción de nuestra civilización humano-cristiana.

Al amparo de las libertades formales, no reales, el dinero bien o mal adquirido, la droga que tiene en

España uno de los mercados de mayor tráfico, y el desenfreno sexual, están asfixiando a nuestra juventud.

Se nos dice, más que con verdad con procacidad:

«Democracia es libertad». Nada deseamos tanto. Pero nos preguntamos: ¿De qué libertad se trata? El

aborto y la LODE desestabilizan la familia y la corrompen. E! paro y el actual ordenamiento económico

enriquecen a los de arriba y abocan a la desesperación y a la delincuencia a nuestros jóvenes y a los

desheredados, hasta convertirlos en carnaza de cárcel con frecuencia. Y la politización del Poder Judicial,

según opinión generalizada, nos está privando de la confianza y seguridad que tanto necesitamos.

Por la asfixia moral se llega a la muerte de la propia conciencia primero, a la acumulación de pecados y

vicios después y, por fin, a fa negación de los valores espirituales, de la transcendencia y de! mismo Dios.

Este es eí plan del llamado «materialismo» (Juan Pablo II, Carta Encíclica «Señor y Dador de Vida»). La

religión debe ser combatida por los medios y métodos más oportunos, para erradicarla de nuestro corazón

y de la sociedad humana. Hay que excluir y desarraigar la creencia en la existencia de Dios porque somos

hijos o producto de la Naturaleza y a ésta es a la que necesitamos. Dios pertenece al pasado y hay que

enterrarlo en el olvido. El marxismo se opone radicalmente al catolicismo: «El sistema que ha dado el

máximo desarrollo y ha llevado a sus extremas consecuencias prácticas esta forma de pensamiento, de

ideología y de praxis, es el materialismo dialéctico e histórico, reconocido hoy como núcleo vital del

marxismo» (Juan Pablo II, D. c.).

La Iglesia española desde hace lustros ha sufrido el mal de la división y de la desorientación. Todos

somos culpables. Debido a esta enfermedad lamentable, muchísimos laicos se han fragmentado y

dispersado, desarraigados de la fe, del Magisterio de la Iglesia y de tas mismas raíces de nuestra cultura

católica. Y España ha llegado a esta descomposición humano-social a que estamos asistiendo.

Los males de fondo que hemos anotado, nos exigen tomar conciencia, sentirnos responsables, para que no

se agraven todavía más. Y me obligan, por mi función pastoral, a preguntarme y a preguntar a todos:

¿Puede un católico responsable dar su voto a un partido, contrario a la fe, al orden moral superior y a la

inspiración cristiana de la vida? A la vista del programa del marxismo en general y de un Gobierno cuya

política sea sobre todo socialista-marxista, ¿pueden seguir confiando los catóiicos en una gestión futura?

Un obispo no puede dar en conciencia otra respuesta que la negativa. Puede haber algún ciudadano que

me objete que él es socialista y no marxista. Y admito ia distinción. Pero necesito agregarle con el refrán

latino «contra facta non sunt argumenta», que traduzco con cierta libertad: «Contra los hechos no sirven

los argumentos». Se está descristianizando España, la moralidad pública es más bien desenfreno, la

familia está sufriendo los atentados del aborto y la LODE, y empieza la propaganda de la eutanasia, de la

planificación familiar -mediante libros horrendos, y el máximo culpable, por acción u omisión, es el

Gobierno, por cuya ideología estamos gobernados. ¿Se (e puede seguir votando? Valórelo cada uno en

conciencia.

Exhorto a todos los católicos. A que voten libremente, a que voten en conciencia, a que voten unidos

entre sí. Sabiendo que la conciencia necesita ser formada para que sea recta, a la luz de los principios y de

los hechos que han acaecido. Sepan todos usar de la libertad que tienen, que no es cosa fácil. Porque

existe una campaña tremenda del miedo, porque son muchos los que manipulan la propaganda, porque los

sondeos y encuestas no son fiables y porque la Televisión española es terriblemente tendenciosa. Aspiren

por su voto a crear la España que desean. Una España fundada en la verdad, la justicia y la libertad. Por

toda la geografía cunde el malestar, la crispación y hasta la desesperación. Sólo en Cristo está la

esperanza.

P. B.

 

< Volver