Elecciones generales. 
 Coalición Popular, nacionalistas y reformistas, coordinados en veintitrés provincias, darían mayoría a la oposición en el Senado  :   
 Las fuerzas de centro-derecha se presentaron coaligadas en el País Vasco en 1982. 
 ABC.    15/06/1986.  Página: 34-35. Páginas: 2. Párrafos: 15. 

34/ABC

ELECCIONES GENERALES

DOMINGO 15-6-86

Coalición Popular, nacionalistas y reformistas, coordinados en veintitrés provincias, darían mayoría a la

oposición en el Senado.

Las fuerzas de centro-derecha se presentaron coaligadas en el País Vasco en 1982 Un Senado con

mayoría de oposición fortalecería el juego de las instituciones.

Bastaría un modesto repaso a la historia política del Senado durante la pasada legislatura para comprobar

que el «rodillo» socialista del Congreso ha sido capaz de proyectarse hasta la Cámara Alta, donde el

bloque del PSOE, con sus ciento treinta y cuatro senadores elegidos, más los veintitrés designados por las

Comunidades autónomas, han impuesto su aritmética implacable para anular toda posibilidad de

enfrentamiento bicameralista.

Tanto en el Congreso como en Senado, los socialistas españoles podían repetir la estremecedora frase de

su correligionario francés, An-cfre Laignel, cuando increpaba, después de las elecciones efe 1981, a la

oposición francesa del centro-derecha: «Están ustedes jurídicamente equivocados, porque son ustedes

políticamente minoritarios.» El «rodillo» parece un sistema atractivo para los socialistas de cualquier

nacionalidad.

Pero justamente las próximas elecciones podrían ofrecer la gran oportunidad de una «resurrección» del

Senado, capaz de devolver a la Alta Cámara una vivacidad de la que hoy por desgracia carece. Bastaría

para ello que en veintitrés circunscripciones llegasen a un acuerdo las fuerzas del centro derecha para

obtener reunidas una mayoría en el Senado con autoridad suficiente como para enmendar e incluso

rechazar los textos que le son enviados desde el Congreso.

Ese pacto de centro-derecha alcanzaría así una dimensión mucho más amplia que la de una simple in-

versión numérica de las fuerzas políticas del Senado, porque podría representar además una modificación

de nuestra mecánica parlamentaria en un sentido enteramente favorable al buen funcionamiento de las

instituciones que hoy padecen bajo el reino del «rodillo» un malsano anquilosamiento.

El cambio de mayoría en el Senado

El cambio de mayoría en el Senado, objetivo realista y sustancioso de las próximas elecciones, si el

centro-derecha fuese capaz de conseguir entre todos sus componenles el acuerdo en las veintitrés circuns-

cripciones podría alcanzarse, siempre que se cumpliesen las siguientes condiciones, que como hipótesis

de trabajo nos han servido para confeccionar el cuadro adjunto.

Primera. Que el PSOE pierda un diez por ciento de sus votos de 1982, descenso electoral que puede

estimarse como previsión razonable si nos atenemos a ciertos sondeos y a los resultados del referéndum.

Segunda. Que de ese diez por ciento de votos perdidos, cantidad infinitamente menor de la cifra de «votos

prestados» que recibió el PSOE en 1982, la mitad aproximadamente recuperaría el camino de la

izquierda. Los resultados del referéndum sobre la OTAN autorizan a considerar como plausible esta

posibilidad.

Tercera. En nuestro cuadro no se aumentan los votos que las fuerzas de centro-derecha obtuvieron en

1982, limitándonos a realizar su adición simple. Hipótesis que se basa en datos estadísticos -los de

1982—, que fueron los peores obtenidos jamás por las fuerzas de centro-derecha. Posiblemente ese

segmento de votantes que puede abandonar el socialismo después de sus cuatro años de mala gestión se

encamine hacia un abstencionismo de disgusto.

Si estas hipótesis recibiesen confirmación y el centro-derecha realizase una coordinación de sus

esfuerzos, exclusivamente en el ámbito de las elecciones senatoriales, podría suceder que frente a los 116

senadores socialistas elegidos o designados por las Comunidades autónomas se presentasen 136

senadores de centro-derecha de catalanes y de vascos, que alcanzarían entre todos una cómoda mayoría

en

el Senado capaz incluso de superar la barrera de los 128 que reclama la Constitución en su artículo 90

para que la Cámara Alta ejercite su derecho de veto y rechace un texto legislativo del Congreso.

El derecho de veto

Es de sobra conocido que el poder del Senado en el interior del ordenamiento constitucional fue

cuidadosamente recortado por los redactores del texto y que el ejercicio del derecho de veto sólo acabaría

teniendo un valor simbólico, frente a un Congreso donde reinase una mayoría absoluta del PSOE. Pero

aun con todas sus limitaciones constitucionales, una respuesta senatorial negativa a las decisiones del

Congreso devolvería un equilibrio a las instituciones que el «rodillo» ha destruido en mala hora.

Equilibrio modesto, desde luego, pero con el suficiente peso moral, como para obligar a la mayoría de la

Cámara Baja a recortar de modo sensible sus actuales arrogancias.

Sobre todo teniendo en cuenta que el acuerdo en el Senado de las fuerzas coaligadas, no podría realizarse

sin el voto conjunto de las minorías nacionalistas y que lógicamente se produciría sólo sobre ciertos

puntos muy especiales de la vida política. No existiría una mayoría automática sobre «todas» las

cuestiones, pero, en cambio, sobre otras sí podría funcionar el mecanismo que desembocase en la derrota

de la minoría socialista.

Un ejemplo histórico

La coordinación política entre las fuerzas del centro derecha, con vistas a la elección senatorial, que

constituye la hipótesis de base de estos trabajos, tiene un concreto precedente histórico desarrollado

durante las elecciones de 1982 en el País Vasco, donde presentaron candidatura única -modalidad

infinitamente más rigurosa que la simple coordinación aquí preconizada-Alianza Popular, Partido Demó-

crata Popular, Partido Demócrata Liberal y Unión del Centro Democrático. La lista común AP-PDP-PDL-

UCD consiguió 27.974 votos en Álava y 79.866 en Vizcaya, que le valieron un escaño en cada una de

dichas provincias.

No hace falta repetir que si se operara separadamente, esos dos escaños se hubiesen perdido

irremisiblemente para la coalición de centro derecha, que en listas aisladas no hubiese alcanzado nunca la

cifra necesaria para ocupar, después de las operaciones ordenadas por la regla de Hondt, un puesto con

derecho a escaño. Como dato para la historia puede recordarse que el líder del Partido Demócrata Liberal

era justamente don Antonio Garrigues Walker.

Y todo ello sería favorable para el restablecimiento del equilibrio constitucional, hoy deformado con el

doble hegemonismo del PSOE en las dos Cámaras. El acontecimiento marcharía en la buena dirección

institucional, superando sus viciosas deformaciones presentes.

Coordinación de las fuerzas de centro-derecha

Naturalmente estas hipótesis se construyen sobre supuestos que quizá desmientan las realidades

electorales, y que, por lo tanto, deben considerarse con toda suerte de reservas, pero ninguno de nuestros

futuribles puede calificarse como imposibles o sencillamente fantásticos. Lo único necesario para reunir

las condiciones de su posible realización es que, como primer acto, empiece la coordinación electoral al

nivel Senado de todas las fuerzas de centro-derecha, que ya en algunas elecciones anteriores pactaron

entre si acciones de este tipo (véase recuadro). No estamos hablando, por lo tanto, de ninguna fantasía.

«Veintitrés Alavas o Viz-cayas de 1982» esparcidas por todo el territorio nacional podrían colocar al

socialismo en una situación minoritaria en el Senado. Y ya ese simple acontecimiento, si se uniese a la

pérdida por el PSOE de Ja mayoría absoluta en el Congreso, devolvería a la democracia española una

vivacidad de la que ha carecido la anterior legislatura. La amenazadora sombra tercermundista del PRI

mexicano, que empieza a gravitar sobre el funcionamiento de algunas instituciones españolas, se alejaría

en buena hora, barrida por un viento de renovación. Y el diputado Laignel no podría ya repetir que se

pierde razón en justicia, cuando no se alcanza la mayoría de los escaños.

Las veintitrés circunscripciones claves

ÁLAVA, AVILA, BALEARES, CANTABRIA, LA CORUÑA, CUENCA, GUADALAJARA,

HUESCA, LEÓN, LÉRIDA, NAVARRA, PALENCIA, LAS PALMAS, LA RIOJA, SALAMANCA,

SANTA CRUZ DE TENERIFE, SEGOVIA, SORIA, TERUEL, TOLEDO, ZAMORA, CEUTA,

MELILLA

 

< Volver