Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Los amuletos     
 
 ABC.    15/06/1986.  Página: 25. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

OPINIÓN

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Escenas políticas

LOS AMULETOS

AQUÍ lo que hay que hacer es acercarse a las mesas electorales del domingo igual que los uruguayos se

van al estadio a ver jugar a su equipo: con el cuello adornado de amuletos poderosos. A veces, no hay

más remedio: contra la lógica, la magia, y contra el abuso del poder terrenal, las fuerzas misteriosas del

espíritu.

No lo tomen a broma. Lo ha contado Torcuato Luca de Tena, que es un cronista serio, académico y tal.

Los uruguayos se fueron al estadio armados de amuletos, proporcionados por los más acreditados brujos

del Uruguay, y evitaron el guay. El poder sumado y multiplicado de todos los amuletos uruguayos logró

que Hugo Sánchez fallara el penalty que le iba a dar a México una victoria a favor. El mexicanito del Real

Madrid iba a hacer realidad aquel deseo de don Pablo Hernández Coronado: «Me gusta que mi equipo

gane en el último minuto y de penalty injusto.» Pero Hugo Sánchez contempló con estupor cómo el

portero uruguayo se lanzaba decidido hacia el lugar mismo por donde se iba a colar el balón. No estaba

mal hecho el tiro. Raso, bajo y junto al palo. Sin embargo, el portero estaba allí, y salvó el gol.

Los brujos mexicanos han confesado que el hecho les había pillado desprevenidos. Igual que a las huestes

de Fraga la convocatoria de las elecciones. Y ahora llegan desde Veracruz, Oxaca y Chiapas con la fuerza

adquirida en el Templo del Sol de Teotihuacán. Se llaman don Próspero, Benjamín y Zoraida, y han

prometido anular los poderes mágicos de los amuletos uruguayos. Estoy seguro de que otras selecciones

cuentan también con la ayuda de la magia. Me juego la mano izquierda, que no me sirve de gran cosa, a

que los «tifosi» italianos se han ido a México bien provistos de higas de coral y de cuernos contra la

«jettatura».

La «jettatura» es lo que tiene la selección española y lo que aquí nos empeñamos en que tenga la derecha.

Quien quiera ilustrarse acerca de lo que es esa fascinación misteriosa que llaman los italianos

«jettatura», puede acudir a Cataldo Carducci, poeta napolitano del siglo XVIII, el «Sette-cento», que

dicen por allá. Explica el poeta que «jettatura» es «malia, fulmin, contagio, un malanno, una sciagura». O

sea, enfermedad, rayo, contagio, malaño y desgracia. Es «il peggior ch´uom fugge y teme», lo peor que un

hombre huye y teme. Bueno, pues así estamos.

Aquí hay que ir a las urnas con los amuletos, los cuernos y las higas de coral milagroso. Hay que fichar a

Zoraida, Benjamín y don Próspero para que nos preserven de Julio Feo, Roberto Dorado y José María

Calviño. Porque los socialistas están haciendo esta campaña a base de brujos. Están invocando a los

viejos fantasmas del 23 de febrero, materializando espíritus malignos en la pantalla de la televisión,

haciéndole vudú a Fraga, echando el mal de ojo al Duque y concitando la «sciagura» sobre don Miguel

Roca. Los brujos de los sondeos oficiales, o sea el gran hechicero de la tribu, que por paradoja se llama

Santamaría, Ella nos libre de sus pronósticos, nos salve del aojo y nos saque con bien de ésta, descargan

sobre nosotros, desde la clandestinidad de las filtraciones, toda clase de vaticinios adversos. Hay que

pertrecharse de magias y de contrabrujerías para que don Felipe no meta el penalty de la mayoría

absoluta.

El obispo de Avila se ha ido a una manifestación a favor de la libertad de enseñanza y contra la política

educativa de los socialistas, que consiste en que Maravall va a «demolir» la enseñanza privada. Y el

obispo de Orihuela-Alicante ha avisado al pueblo de Dios de los peligros de volver a votar a estos chicos

que se ensoberbecieron como energúmenos. Habrá que ayudarse de detentes y escapularios. Habrá que

aunar todas las fuerzas del espíritu, todos los amuletos benéficos y, sobre todo, sentar frente al cerebro

electrónico del escrutinio a don Próspero, a Zoraida y a Benjamín. Y a alguien que sepa manejar el

juguete. Como no hagamos eso, nos cuelan el penalty.

Jaime CAMPMANY

 

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