Generos de encuestas     
 
 ABC.    16/06/1986.  Página: 15. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

GÉNEROS DE ENCUESTAS

LA proliferación de las encuestas durante los últimos días en las páginas de los periódicos ha sido pa-

ralela a la proliferación de rumores sobre la existencia de sondeos realizados por el partido del Gobierno,

con recursos e instrumentos institucionales del Estado, en los que se advierten resultados que no son nada

paralelos y sí enteramente divergentes de los que generalmente presentan los trabajos de encargo.

La idea de espejo selectivo de la realidad, obtenido a través de unas muestras discontinuas, pero

convenidamente significativas, es la idea que corresponde a las encuestas rigurosas, capaces de responder

a la confianza que se deposita en ellas por parte de los electores. Pero la verdad es que la presente opinión

nacional sobre las encuestas, mientras éstas no se ofrezcan con unos mínimos de garantía, se compadece

poco con esa idea.

Entendemos nosotros que para que a las encuestas se les conceda el conveniente crédito se necesita del

concurso de ciertas condiciones: hábito histórico en el ejercicio de la libertad política, respeto general a

las reglas de juego que esa libertad política comporta, normas reguladores de las condiciones todas desde

las que se puede incidir sobre la actitud del electorado, reglamentos tan específicos como respetados

sobre el uso de las encuestas y requisitos exigibles para su elaboración y para su publicación... Todo eso y

algunas cosas más se observa y es cumplido en las democracias occidentales de mayor raigambre. Y, sin

embargo, aun siendo así las cosas, tienen las encuestas, para la opinión, un valor limitado.

Y es lógico que sea así, sobre todo cuando de elecciones se trata. Los errores de predicción en las

encuestas norteamericanas han sido tan colosales como profundo y radical venía a ser el giro o el cambio

de tendencia salido después en las urnas. De la elección de Truman a la de Reagan se pueden espigar

muchas historias de predicciones equivocadas. Pero no es el problema de la equivocación ni del error,

sino el de la manipulación, lo que realmente nos preocupa a nosotros. La cuestión es esto, no lo otro.

En fecha bien reciente hemos visto de qué forma diferían los resultados del referéndum de lo que se había

vaticinado desde las encuestas inspiradas desde el Poder sobre ese mismo propósito. El problema,

insistimos, es el que supone el riesgo de manipulación de las encuestas, sobre todo si ese riesgo se

presenta asociado a otros, derivados de la irreprimida tendencia al uso sectario de distintos instrumentos

de poder que los propios de la esgrima de-moscópica. Cuando una intoxicación equipada con encuestas

falsas o manipuladas se suma a otras intoxicaciones y manipulaciones informativas de los medios propios,

de los medios afines y de los medios aproximados, previo pago o a cuenta de lo que sea, el problema es

otro y bien grave. La anomalía pasa de esa manera a presentar cualidad estructural. Lo perturbado no es

solamente un factor informativo aislado, sin peso mayor en el conjunto, sino el conjunto entero, y con ello

el proceso electoral mismo.

La inteligencia del elector es capaz de salvar la trampa que se le tienda por medio de una encuesta falsa o

manipulada. Pero esquivar ese obstáculo es casi imposible, como decimos, cuando la encuesta sesgada se

acompaña de todo el amenazante peso de una televisión que desvirtúa el mensaje electoral de los

opuestos.

 

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