Autor: Contreras, Lorenzo. 
 Elecciones generales. 
 Los cementerios civiles     
 
 ABC.    18/06/1986.  Página: 22. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ELECCIONES GENERALES

MIERCOLES 18-6-86

Cuaderno de notas

LOS CEMENTERIOS CIVILES

Se está notando. Y es perfectamente lógico que se note. Me refiero a los embates que desde la oposición

está recibiendo la idea-fuerza que late en el programa felipista, según el cual ellos y sólo ellos aseguran la

democracia; ellos y sólo ellos han sido capaces de sanear la economía y la industria; pero, sobre todo,

ellos y sólo ellos aseguran que no habrá retrocesos en la marcha emprendida, entendiendo por marcha el

correcto sentido de los asuntos públicos, encauzados, gracias a ellos, por el buen camino.

Es el mito que hay que destrozar. Es la ¡dea-fuerza equiparable al proyecto de mantener la paz cuando el

régimen de Franco cumplió veinticinco años o cuando la campaña de la ley orgánica se poblaba de

imágenes de palomas que sólo Franco era capaz de mantener como símbolo ciudadano de la convivencia

española. Durante mucho tiempo, Franco dejó inservible la paloma para la política interior, del mismo

modo que Bécquer acabó con la golondrina en la poesía lírica española.

Ahora, éstos se entregan a la tarea de sobar la idea del aseguramiento de la democracia y la corrección de

tos rumbos, porque ellos -los felipistas-, que han hecho de la Administración un cementerio civil con gran

número de funcionarios sepultados en vida, dicen tener el secreto de todos los saneamientos y orientacio-

nes fecundas.

La Sanidad es otro cementerio civil, con todas las paralizaciones que el señor Lluch ha sabido introducir

en un Ministerio concebido como piloto de las grandes transformaciones. Han hecho otro cementerio civil

del Poder Judicial, uniformizado y obediente, sin ese palpito de vida que es la habitual discrepancia y el

disentimiento de la Administración gobernante. Han acabado con el Tribunal Constitucional como

institución capaz de inspirar a los españoles la sensación de que allí reside el último abrigo de sus

derechos constitucionales, su último reducto frente a las arbitrariedades del Poder. Todo un cementerio

civil.

Como cementerio civil, en el sentido metafórico que venimos utilizando, es la televisión oficial, hecha de

obediencias que se observan al toque de corneta de las mesnadas que rígidamente dirige, en la persona de

José María Calviño, el general Gonsales.

Las libertades, en genera!, empiezan a criar malvas en algunos de sus patios. Los miedos florecen como

rosas. Los temores se alzan como cipreses. Porque nadie está seguro de que los emisaros del general

Gonsales no lleguen con la rebaja y la orden de ejecución al último de los rincones. Hoy bastantes

libertades asediadas huelen a cementerio civil.

El trabajo invadido de desempleo es otro cementerio civil. Y como cementerios sin remedio elevan sus

desiertas estructuras los grandes astilleros del INI.

Estos enterradores presumen de que han hecho un buen camino. El pueblo español debería decirles, como

Hamlet a Laertes en el entierro de Ofelia: «Aunque no soy irascible ni violento, hay en mí algo peligroso

que tu prudencia debe temer.»

Acaso en ese temor se encuentren.

Lorenzo CONTRERAS

 

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