Autor: Contreras, Lorenzo. 
 Elecciones generales. 
 Asesinatos y debates electorales     
 
 ABC.    19/06/1986.  Página: 26. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

ELECCIONES GENERALES

JUEVES 19-6-86

Cuaderno de notas

ASESINATOS Y DEBATES ELECTORALES

Los asesinatos de tres militares en Madrid dan prioridad a los hechos violentos sobre el pacífico y variado

acontecer dé la actualidad política. La frialdad de la elección de ta víctima principal -el comandante Sáenz

de Ynestrillas- y la ejecución no menos fría de quienes viajaban en el vehículo ametrallado, llevan el sello

característico de la ETA. La finalidad del hecho criminal podía ser doble: excitar ánimos involucionistas

y «vengar» la muerte del etarra Joseba Asensio, ocurrida en la prisión de Herrera de la Mancha. Pero, aun

así, no cabe perder de vista la preexistencia de una oleada terrorista manifestada desde hace varios meses

en militares y Fuerzas de Seguridad del Estado, siniestramente apetecibles de una manera especial cuando

la convocatoria de elecciones inmediatas es factor potenciador de todos tos ecos.

Hay un paralelismo, por otra parte, entre el entierro de Asensio y el de los militares asesinados. En uno y

otro caso se ha procurado, por encima del dolor respectivo, politizar las muertes y, naturalmente, los

entierros. El espectáculo del traslado de los restos de Asensio por las calles de Bilbao y la pretensión de

los familiares de Ynestrillas y Vesteiro de que la bandera constitucional no figurase en los funerales del

cuartel general, ningún político estuviese presente en el acto y hubiese entrada libre al recinto,

significaban en uno y otro caso exigencias-límite en las que el mitin predominaba e imponía su ley. Por

eso los cadáveres del comandante Ynestrillas y del teniente coronel Vesteiro permanecieron en el hospital

Gómez Ulla y se ha dado la evidente disociación entre la condolencia oficial y el exaltado dolor de las

respectivas familias.

Con esta cenefa de luto sobre el marco de las elecciones generales, ha perdido resonancia el increíble

debate celebrado el martes pasado en TVE. Un debate en el que Alfonso Guerra, al igual que en días

anteriores Maravall y Ledesma, no estuvo a la altura de sus contradictores de la oposición y vo!vió a dar

la misma impresión de crispación y arrogancia que reinó en los otros casos, incluido el de Solchaga frente

a los sindicalistas Sarto-rius y Ariza.

Puede decirse que los fefipistas, desde el punto de vista del uso de televisión, han ganado los espacios

informativos y han perdido los debates. Los mensajes subliminales contenidos en la narración interesada

de lo cotidiano han hecho seguramente su labor. Pero todo lo que se ha aproximado a la ¡dea de discusión

y contraste de juicios ha permitido al televidente formarse una noción especialísima y tal vez decisiva de

un estilo que sólo el felipismo ha introducido en la vida del Poder desde que advino la democracia.

Frente a la serena y sólida exposición que Sainz de Robles hizo de sus puntos de vista, frente a la acidez

que supo emplear Herrero de Miñón con su llameante inteligencia, frente a la brillantez y sensatez de

Fernando Castedo, Alfonso Guerra fue puro desgarro, en ocasiones amenazante, que descubría bien a las

claras sus limitaciones dialécticas, trazadas sobre las exigencias de un lenguaje no llano, pero sí

barriobajero, o de un estilo exclamativo que busca el facilón «olé» de la hinchada política.

Lorenzo CONTRERAS

 

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