Autor: J. S.. 
 Elecciones generales. 
 El encantador de serpientes     
 
 ABC.    21/06/1986.  Página: 23. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ABC / 23

El encantador de serpientes

Madrid. J. S.

El público ha tolerado con cierta impaciencia a los teloneros que, con suerte, recogen algo del calor

reservado al líder. Luz Casal se ha desgañifado entre atronadoras columnas de altavoces mientras se

cubren los huecos del «rockódromo» de la Casa de Campo madrileña. Son treinta, cuarenta, hasta setenta

mil, se comenta, a los que debe «calentar» la palabra fácil de José Luis Coll («¿Tengo o no tengo razón?

Pues démenla...»).

Y entonces llega el líder. Levanta las dos manos como saludo y, por enésima vez en la campaña, oye e!

grito unánime del auditorio: Felipe, Felipe, Felipe. Y Felipe aplaude al público y éste agita banderas rojas

y enarbola flores.

La tarde pudo amenazar lluvia, pero ahora tiene la placidez de la primavera tardía. Aparece el alcalde de

Madrid para recordar a la señora Encarnita, la viuda de Tierno, que recibe el aplauso con gesto tímido.

Barrionuevo saluda con el puño en alto a los más próximos y Solana no pierde la sonrisa habitual, aunque

algunas sombras de preocupación por los resultados hacen que la fiesta del «cambio» de hace cuatro años

sea más bien un ejercicio de nostalgia.

Joaquín Leguina lucha por tensar a la audiencia. El y Javier Solana están entre lo más mitinero del PSOE,

pero hay demasiado cielo sobre las cabezas y no se termina de lograr esa última magia de la

comunicación en la que el espectador se anima a sí mismo.

Es el turno del líder. Solana le abraza en el escenario con un punto de veneración, apoya la cabeza en su

hombro. Comienza el discurso y el auditorio se cimbrea como ante un encantador de serpientes.

Pocos se van, porque queda Serrat. Si tiene suerte y llega la noche, podrá ver las mismas luces que se

encendieron (¿hace sólo cuatro años?) cuando Aute cantó «Al alba».

 

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