Autor: Sentís, José A.. 
 Elecciones generales. 
 Decisivo debate sobre la mayoría absoluta en las cuartas generales de la democracia  :   
 Los partidos reflexionaron con más nerviosismo que confianza. 
 ABC.    22/06/1986.  Página: 23. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Decisivo debate sobre la mayoría absoluta en las cuartas generales de la democracia

Los partidos «reflexionaron» con más nerviosismo que confianza

Madrid. José A. Sentís

La Jornada electoral que se celebra hoy tiene la característica, respecto a anteriores convocatorias, de

dilucidar un debate de cuatro años sobre la permanencia o ruptura con el modelo de bi-partidismo

imperfecto -más bien, sistema de partido hegemóni-co- al que se llegó por el triunfo abrumador del PSOE

en 1982.

Esta polémica ha presidido la campaña electoral. Por un lado, el Partido Socialista ha transmitido su

deseo de tener «mayoría estable» para facilitar sus reformas. El PSOE ha estado tentado de utilizar el

«miedo» a la incerti-dumbre de su propio retroceso, pero sólo se ha esbozado esa idea en los últimos días

del proceso electoral, cuando la inquietud ha crecido entre las filas socialistas ante los resultados de las

encuestas.

El argumento de la conveniencia de la pérdida de la mayoría ha sido, para todos sus competidores, un

«leitmotiv» común. Coalición Popular lo ha usado desde la convicción de que su papel preeminente entre

las fuerzas de oposición les llevaría a dirigir una alternativa de Gobierno. Pero otros grupos, como el

Centro Democrático y Social o Izquierda Unida, lo han hecho con el puro objetivo de obligar al PSOE

durante la próxima legislatura a «bajar a la arena» parlamentaria, y no prescindir del resto de las fuerzas

como permite la actual distancia en el número de diputados.

Las minorías nacionalistas no se han incorporado a ese particular debate con la misma intensidad. A lo

sumo lo ha hecho Convergencia y Unión, cuyas relaciones con el PRD en su proyecto estatal ha llevado a

Ja Coalición de Jordi Pujol a ser más sensible a los resultados globales.

La coincidencia de las elecciones generales con las andaluzas, y la similitud de la relación de fuerzas en

esa comunidad y en la nación, ha trasladado también allí el debate de la mayoría absoluta. Por esa razón,

el Partido Andalucista y el resto de los grupos ya citados de la oposición han apelado al mensaje de la

«prepotencia y el rodillo», cuyos resultados, frente a la petición de «mayoría estable», se conocerán en la

noche de hoy.

Esa polémica clave de la campaña se refiere, como tantos otros aspectos marginales también utilizados, a

la estrategia política y no a las ofertas programáticas.

La función del liderazgo es decisiva, por tanto, y se demuestra en las campañas de cada partido.

González, Fraga, Suárez, Roca, Iglesias y Carrillo se han visto obligados a recorridos maratonianos por

las regiones españolas. El primero de ellos, que ha querido compatibilizar la función de presidente del

Gobierno con la de candidato, es el que ha tenido más problemas a la hora de hacerse presente ante sus

partidarios, hecho del que asegura no arrepentirse pero que puede tener influencia en el resultado

electoral.

Respecto a los demás, las campañas han tendido a un cierto populismo, más acentuado en unos que en

otros. Suárez ha parecido encontrarse con el placer de los baños de multitud, mientras Fraga ha visto

redoblar las adhesiones públicas que ya se apuntaban en 1982. Iglesias ha comenzado a asumir el papel de

dirigente del cartel comunista, siempre frente a la tenacidad de Carrillo. Y Roca ha debido agilizar toda su

maquinaria política recién creada.

La campaña no ha sido blanda en cuanto a contenidos, pero tampoco tan violenta como en ocasiones se ha

planteado, según coinciden en señalar varios líderes. El tono de éstos ha podido ser beligerante, pero se ha

mantenido dentro de márgenes de respeto, aunque las segundas filas de los partidos han servido en

ocasiones de fuerza de choque de la campaña.

La participación popular no ha sido sustancialmente diferente a la de convocatorias anteriores, aunque los

Mundiales de Fútbol hayan alterado algunos horarios. El público político no ha parecido resignarse a unos

resultados predeterminados por encuestas, y ha acudido con más pasión que curiosidad a los grandes

mítines de la campaña.

Ayer, jornada de reflexión, la aparente confianza encubría el nerviosismo en los cuarteles generales de los

partidos. La suerte estaba echada, y sólo quedaba preparar la infraestructura de control del proceso

electoral.

 

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