Autor: Ansón Oliart, Luis María. 
 Elecciones generales. 
 Lo que debe hacer la oposición     
 
 ABC.    23/06/1986.  Página: 20. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ELECCIONES GENERALES LO QUE DEBE HACER LA OPOSICIÓN

El 11 de noviembre de 1984, el director de ABC publicó un artículo en Tercera en el que se resumía el

criterio de un amplio sector de la opinión de centro y derecha sobre lo que debía hacer la oposición si no

quería fracasar en 1986. Las rencillas intestinas de unos partidos, los personalismos de ciertos líderes, las

actitudes de incomprensión de determinados sectores impidieron que se hiciera lo que estaba claro y lo

que se llevó adelante con éxito en Francia. En las elecciones de ayer, los votos de centro y derecha fueron

tan numerosos como los del PSOE, pero la desunión dio la victoria a tos socialistas. Reproducimos a

continuación el artículo de Luis María Anson para reflexión de los que no pudieron o no quisieron

realizar lo que era imprescindible poner en práctica.

23 iunio-1986

A alternativa real al socialismo en 1986 no es Alianza Popular. Ni los democristianos. Ni los liberales. Ni

los centristas. Ni los reformistas. Ni los independientes. La alternativa real al socialismo es el

nosocialismo. Sólo si se coordinan todos los sectores no socialistas se podrá vencer al PSOE.

En una buena parte de la Europa occidental la sociedad se divide, casi a 50 por 100, entre dos grandes

opciones: la socialista y el centro-derecha liberal. Oscilaciones de votos, a veces muy pequeñas, dan el

triunfo político a una u otra alternativa. Por eso los sectores ajenos al socialismo, en lugar de bocadearse

sin piedad, deben buscar fórmulas de coordinación para obtener el máximo provecho de la ley electoral.

Si no lo hacen así, ganarán los contrarios. Allí donde crecen las flores malditas de las escisiones, los

personalismos, las rencillas, las banderías, las reyertas y trifulcas, se arruinan las posibilidades

electorales.

En España, la fuerza predominante del centro-derecha, del no-socialismo, es Alianza Popular, dirigida por

Manuel Fraga. Sin ella no se puede ganar a los socialistas. Sólo con ella, tampoco. Todos los votos hasta

el límite mismo del socialismo, resultan necesarios para la victoria.

Y como la unión en un sólo partido, a la manera inglesa, es hoy por hoy impensable, habrá que encontrar

fórmulas para coordinar en una alianza general a todos los que, sumados, pueden ganarle al PSOE las

elecciones de 1986. Aunque a nadie se escapa la diferencia, en algunos casos gigantesca, de votos y

fuerza real, como todos son necesarios. Fraga y su Alianza Popular; Alzaga y su PDP; Fontán (o quien le

sustituya) y sus liberales; Jordi Pujol y sus convergentes; Arzallus y sus nacionalistas; Uruñuela y los

andalucis-tas, y Roca y los reformistas, deben llegar cuanto antes a un acuerdo, no de unión o de

fusión, cosa por ahora imposible, sino de coordinación en una nueva y gran alianza. Es probable que

Suárez y sus centristas no entren en ella, pero, por el respeto que merecen los servicios del ex presidente a

la democracia y por su innegable popularidad, habrá también que negociar con él, en lugar de hostigarle.

Y como no sólo las fuerzas políticas ganan las elecciones, sino también las sociales, sería suicida levantar

el andamiaje de la nueva alianza sin contar con el movimiento independiente que se ha puesto en marcha,

con Pérez Escolar como cabeza visible.

A Manuel Fraga, por ser el más fuerte, le corresponde el papel histórico de enviar a los desvanes del

olvido las actitudes excluyentes y convertirse en motor de la operación que permitirá coordinar todo el

espectro centro-derecha. Pero no sólo concierne a Fraga la responsabilidad de impulsar la gran alianza.

También les corresponde a los otros sectores políticos. Y a las fuerzas sociales. Y a (a confederación

empresarial. Y a los cuerpos intermedios de la sociedad. Y a los periódicos que defienden, aunque con

diversidad de matices, los principios de derecho público cristiano y el pluralismo liberal de una sociedad

abierta frente al modelo socialista de burocracia cerrada.

Si se acepta como imprescindible para ganar en 1986 la creación de una gran alianza de centroderecha,

cuyos líderes más destacados he mencionado antes y que formarían el cartel electoral, habrá que

desconectar en seguida los cables de alta tensión que unen los signos interrogantes de quién será el futuro

presidente del Gobierno. Está claro que Fraga aporta el mayor número de votos y, en consecuencia, debe

tener la más alta cuota de poder. Pero eso no quiere decir que, aunque te sobren méritos para ello, le

corresponda irrenunciablemente encabezar el Gobierno. Este es un problema instrumental y Manuel Fraga

tiene un papel nacional que desempeñar en la fase final de la transición. El jefe del Ejecutivo que se

derive de un frente como el aquí dibujado debe ser denominador común, debe ser la persona que más

voluntades sume y menos reste en la nueva alianza. Incluso podría llamarse a un hombre de fuera de los

partidos. A Fraga, sin duda, le corresponde proponer el nombre. A Pujol, Garaicoechea (o Arzallus),

Alzaga y Roca, aceptarlo o rechazado. Si no hay acuerdo entre los líderes, la solución que se ha arbitrado

en otras naciones es acudir a una instancia técnica y apolítica que organice una encuesta con máximo

rigor y con el acuerdo previo de que todos aceptarán el resultado. Bien entendido que lo más importante

en un Gobierno de coalición no es quién to encabece, sino el reparto del poder según lo que cada sector

aporte.

La grandeza histórica de Fraga está en función de que sea capaz de facilitar y timonear esta vasta

operación. En España el PSOE ha gobernado discretamente y no ha conducido a la nación a la catástrofe

que muchos temían. Pero sus equipos, en general, se han mostrado bisónos, inexpertos e incompetentes.

En la oposición eran pedazos de pan. En el Poder se han convertido en mendrugos. Han hecho una

política entumecida y un poco asilvestrada. El resultado es el deterioro general del bienestar de tos

españoles y el empobrecimiento de tos más; incluso en varias regiones aullan otra vez los mastines del

hambre. Además, la tentación totalitaria de algunos de tos nuevos poderosos, con su amplio escaparate de

bozales, mordazas, arbitrariedades y nepotismos, alarma a los que desean la consolidación de una

auténtica democracia pluralista. Se ha almacenado ya demasiada basura y hay que barrerla de tos

estercoleros de España. Por eso parece conveniente para la salud pública que en 1986, antes de que nos

apresen las nuevas cadenas, se produzca el cambio y gobierne, como en Estados Unidos, como en

Canadá, como en Japón, como en Alemania, como en Inglaterra, el centro-derecha. Recuperado el pulso

del país, la vuelta inevitable al Poder del PSOE en su día, propia del libre juego democrático, se hará con

menos bisoñez, con menos incompetencia, con menos voracidad y con menores tentaciones totalitarias.

Y por eso, porque según el criterio de muchos serla beneficioso para España que en 1986 no continúen en

el Gobierno los socialistas, lo que debe hacer la oposición es embalsar rencillas y personalismos y abrir

cauces generosos para que se coordinen todos tos esfuerzos en una gran alianza integradora, capaz de

oponer, a la debilitada musculatura política del PSOE, una alternativa real de victoria.

Luis María ANSON

 

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