Segunda victoria del PSOE     
 
 ABC.    23/06/1986.  Página: 21. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

LUNES 23-6-86

OPINIÓN

ABC

SEGUNDA VICTORIA DEL PSOE

EL Partido Socialista ha obtenido nuevamente la mayoría absoluta, aunque haya sufrido un retroceso en

la votación de ayer. La pérdida de 18 escaños no le impide formar Gobierno con holgura. La victoria del

PSOE, indiscutible, merece el acatamiento de todos los ciudadanos respetuosos del sistema

constitucional. ABC quiere ser el primero en aceptar lealmente los resultados de las urnas y felicitar a los

vencedores. La victoria, antes todavía que el triunfo del partido del Gobierno, es la victoria de la

normalidad democrática, y con ella de las libertades e instituciones que respaldan los españoles.

LA vida política cotidiana seguirá dominada por un partido hegemónico, a gran distancia de la segunda

fuerza política. Este es un desequilibrio profundo que nos aleja de la normalidad democrática de

Occidente. Las confrontaciones electorales en Europa se libran por márgenes exiguos. En España, por

segunda vez consecutiva, la diferencia entre el primer y el segundo partido es casi de veinte puntos, es

decir, más del doble de lo que la ciencia política europea califica como situación de partido dominante. El

éxito del PSOE le acerca peligrosamente al calificativo de partido hegemónico, usual en las democracias

menos desarrolladas.

No oponemos ninguna descalificación al resultado de las urnas. Creemos que la limpieza del cómputo es

una constante en España desde 1977. Pero señalamos también las notas diferenciales que nos separan del

conjunto occidental, en cuyas instituciones económicas y defensivas acabamos de integrarnos. En el

occidente de Europa, no existe una televisión pública y única que opere en favor casi exclusivo del

Gobierno. En Europa tampoco se acostumbra a mezclar unas elecciones generales con un campeonato

mundial de fútbol en el que el logotipo del partido gobernante aparece, como por casualidad, sobre las

imágenes del goleador de turno; en Europa no surgen, en el momento crítico, operaciones súbitas que

dividen el voto de la oposición sin resultado alguno para los improvisadores y daño inevitable para sus

compañeros ideológicos; tampoco hay en Europa líderes que se obstinen en fórmulas que no sirven para

articular una gran alternativa de oposición; en Europa, en fin, no se conoce un jefe de Gobierno que se

niegue a un debate público con el jefe de la oposición.

Es necesario reconocer que un sistema de partidos requiere muchos años de esfuerzo, y un grado de

tenacidad histórica que a veces se mide en generaciones. España no es un país más en el conjunto

occidental: es una antigua y contradictoria nación que ha sufrido en su último medio siglo una

devastadora guerra civil y una prolongada etapa de poder personal, sin pluralidad de partidos, sin

libertades civiles, sin entrenamiento cívico ni hábitos electorales. Nuestro sistema democrático se hace en

medio de las dificultades y de los fracasos, pero es necesario proseguir en la única vía que conduce a la

normalidad.

La victoria del PSOE, después de cuatro años de poder omnímodo, refleja una cierta erosión. Hay, a la

derecha y a la izquierda de la fuerza hegemónica, algo más de un 50 por 100 de votantes que rechazan al

partido del Gobierno y votan en su contra. La ley electoral, de la que reiteradamente hemos discrepado

desde estas columnas, permite estas mayorías parlamentarias abrumadoras que distorsionan la aritmética

realidad del voto popular.

Partiendo del dato de un 20 por 100 de abstención en las elecciones generales de 1982, la elevación a casi

un 30 por 100 en las elecciones de ayer no es, tampoco, una buena noticia sobre la salud del sistema

electoral.

EL acatamiento de los resultados nos permite, no obstante, hacer una llamada a todas aquellas fuerzas que

no desean ver a España convertida en una sociedad de funcionarios prepotentes sino en una nación libre,

dominada por ciudadanos independientes que ejerciten su libertad dentro de un clima de tolerancia, de

competencia abierta y predominio de la ley. Hace cuatro años, con ocasión de la espectacular victoria del

socialismo, anunciamos sin ambigüedad alguna nuestra posición, y la reiteramos ahora: pensábamos y

pensamos que el proyecto socialista es un mal proyecto para encarar los problemas inaplazables que tiene

ante sí la nación. ABC no ha estado ni estará al servicio de partido alguno pero hemos adoptado, en

nombre de nuestra libertad, la defensa de unos principios políticos que hoy son dominantes en Europa.

En la nueva etapa de gobierno socialista permaneceremos en una posición de crítica leal y discrepancia

abierta ante una política que nos parece inadecuada para salir de la crisis, no sólo económica.

"La democracia —escribimos el 29 de octubre de 1982- es ante todo un modo de aceptar la derrota y de

entender la victoria. Toda derrota democrática es reversible; ningún triunfo en las urnas es definitivo.» En

tal sentido nos parece necesario exhortar, hoy más que nunca, a todas aquellas fuerzas democráticas que

no pertenecen al área del pensamiento triunfante para que examinen una estrategia conjunta capaz de

equilibrar la desproporcionada situación presente. Y ello supone que algunos líderes sacrifiquen sus

personalismos en beneficio del resultado conjunto. A la vuelta de once meses los ciudadanos serán

nuevamente convocados, en elecciones municipales y autonómicas. A ellas se debe acudir con un

proyecto común capaz de equilibrar progresivamente el asimétrico parlamento nacido de las elecciones de

ayer. En el mundo occidental se está produciendo un fenómeno de largo alcance que no cabe todavía

definir: pero será, sin duda, de gran profundidad y extensión. La libertad de competir e innovar es lo que

ha fallado en el primer mandato de don Felipe González, dominado por la ausencia de una verdadera

política de renovación. Se nos ha hablado sin cesar de la modernidad. Pero la modernidad no es un

discurso sino una actitud constante, ajena a todo verbalismo.

 

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