Autor: ;García, Juan. 
 Campaña electoral 22-J. Mitin del presidente del gobierno en Barcelona. 
 Felipe llenó la plaza Monumental     
 
 Diario 16.    20/06/1986.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

20 de junio-86/Diario 16

EL GOBIERNO EN BARCELONA

Felipe llenó la plaza Monumental

F. F. y J. G./D-16

BARCELONA.—Veinte mil personas, aproximadamente, y varios cientos de banderas, rojas socialistas,

cuatribarradas catalanas y andaluzas blanquiverdes. Y un sólo grito: Felipe. Es el líder indiscutible. Su

presencia aspira, desde el entarimado rectangular que preside la Monumental barcelonesa, las ilusiones y

las identidades de los veinte mil simpatizantes que han acudido a aclamarle. Una palabra suya, un tono de

voz elevado, y la plaza estalla en aplausos de apoyo. Las pancartas que previamente algunos grupos han

desplegado no engañan: «Felipe, no te defraudaremos». Un veterano militante va un poco más lejos y se

acerca todo lo que puede a las vallas que acotan el estrado. Sus brazos levantan sobre su cabeza cana un

busto verde con la figura del líder.

Tarde apacible

No hay sitio para la discrepancia en esta apacible tarde de la Monumental. Apenas inicia su parlamento el

presidente, un grupo de objetores de conciencia que han camuflado sus consignas bajo carteles electorales

del PSOE destapan sus críticas. Su silenciosa protesta es ruidosamente rechazada desde todos los ángulos.

El fervor traducido en gritos de Felipe, Felipe... domina la acción ineludiblemente. Arriba, en las gradas

ocupadas por los objetores, los palos del servicio de orden expresan, de una manera más primitiva, a qué

se viene en una tarde como esta a un acto de estos. Felipe González corona la escena: «Tranquilos. No se

preocupen. Eso no lo hacemos nunca los socilistas.» Se refiere, claro, a los intentos de «pinchar» la

actuación del presidente.

Saludo

Va a terminar su discurso. Pero antes, lo interrumpe y emite un «Encantado de saludarles», que deja a la

audiencia descontrolada durante un instante, porque inmediatamente aclara que se trata de un simple

saludo a unos conocidos. Y vuelta a los aplausos, para premiar en esta ocasión la sencillez del inquilino

de la Moncloa. Acaba. La plaza entera prorrumpe en una adhesión larga, sólida y sonora, que Felipe

corresponde saludando a todas y cada una de las esquinas desde las que se le aclama. Como los vítores no

cesan, el presidente se ve obligado a pasar él mismo la página: «y ahora, con todos ustedes, Joan Manuel

Serrat.»

 

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