Autor: Pérez Abellán, Francisco. 
 Elecciones 86. Anecdotas emocionantes y kafkianas con sol, paz y libertad. 
 Las monjas del Psiquiátrico de Toledo querían llevar a los emfermos a votar     
 
 Diario 16.    23/06/1986.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Diario 16/23 de junio-86

ELECCIONES 86

NACIONAL

ANÉCDOTAS EMOCIONANTES Y KAFKIANAS CON SOL, PAZ Y LIBERTAD

Los monjas del Psiquiátrico de Toledo querían llevar a los enfermos a votar

Pérez Abellán/D-16

MADRID.—En los colegios electorales, ambiente festivo. Los matrimonios acudían con los niños para

enseñarles el mecanismo de la democracia y familias enteras hicieron cola con el DNI en la mano.

Afortunadamente parece olvidada la vieja escena electoral del fanático que hunde la urna de un garrotazo.

No obstante, el presidente de la mesa del colegio Doctor Fleming, de Albacete, rompió la que

correspondía al Senado, indignado porque el interventor de Alianza Popular llevaba pegatinas de su

partido. Afortunadamente los daños fueron mínimos y ningún voto se perdió.

El día estuvo plagado de anécdotas. Algunas divertidas, otras emocionantes. Y las hubo incívicas y hasta

kafkianas.

Entre estas últimas se lleva la palma la que tuvo lugar en el Hospital Psiquiátrico de Toledo, perteneciente

a la Diputación Provincial, regida por componentes de Coalición Popular: en la mañana de ayer, un grupo

de enfermos fueron acomodados en un autocar, al cuidado de una monja, para ser trasladados a votar.

Se supone que si están internos en el Psiquiátrico no es por casualidad y con este recelo, un representante

del PSOE quiso interesarse por las preferencias electorales de estos ciudadanos, momento en el que la

monja-custodio desapareció con la documentación de los enfermos. El secretario provincial del PSOE ha

decidido investigar «¡o que está ocurriendo allí».

De los líderes en trance electoral, el acto más sorprendente fue el del presidente del Gobierno y secretario

general del PSOE, Felipe González, que cuando llegó a depositar su voto se introdujo en una de las

cabinas destinadas a preservar el carácter secreto de las elecciones. Tras depositar las papeletas en los

sobres, descorrió la cortina y salió satisfecho dejando a periodistas y curiosos sumidos en la mayor

perplejidad: ¿A quién habrá votado Felipe que no quiso que nadie lo viera?

Ernest Lluch, que votó en Maia de Montcalt (Gerona), olvidó su carnet en Madrid y a pesar de eso pudo

cumplir con su obligación, «porque aquí me conoce todo el mundo».

En La Coruña, Pablo González Marinas, pese a haber sufrido un accidente con su automóvil, que se salió

de la carretera provocándole heridas leves el día anterior, se presentó a depositar su voto con normalidad.

La soprano Montserrat Caballé lo hizo en la estación ferroviaria de Sants antes de salir hacia París, donde

tiene previsto un concierto. El torero Pedro Gutiérrez Moya, «Niño de la Capea», acudió a las urnas en

San Pelayo de Guarena (Salamanca). Preguntado por quién había dado su voto, contestó que «por los

candidatos que han presentado el mensaje más humano» (¿?).

En Torremontalvo (La Rio-ja) se celebraron «las elecciones del señor conde». Presidió la mesa Iñigo

Manso de Zúñiga, conde de Hervías. El censo de votantes lo constituían su familia y los empleados que

tiene en sus propiedades y en el castillo donde reside. En total, doce personas. El conde dio por con-

cluidas las votaciones a las 9,40 por haber depositado su voto todo el censo. Se supone que con libertad e

independencia de criterio.

En el capítulo de los actos incívicos hubo que anotar un incendio que destruyó varias urnas y diversa

documentación electoral en el colegio público La Explanada, de Ubeda. En Cataluña, unos veinte

colegios amanecieron con las puertas selladas con silicona, pero esto no supuso retraso en su apertura. El

hecho se atribuye confusamente a «grupos independen-tistas» que actuaron «contra las elecciones

legislativas españolas»

El más limpio fue el presidente de una mesa de Torrevie-ja (Alicante), que se fue a darse una ducha tras

constituir la misma a las ocho de la mañana. La que con mayor ansia tomó el deber de votar fue una

ciudadana de sesenta años en la localidad pacense de Feria: pretendió introducir treinta sobres con sus

correspondientes papeletas en una urna. La más confundida fue otra ciudadana, esta vez de Dueñas

(Palencia), que penetró en una cabina de su colegio electoral y tardó más de media hora en salir,

provocando cierta aglomeración en la cola. Se justificó diciendo que «tenía que meditar profundamente a

qué partido le daba su confianza».

Por último, el más severo fue el presidente de una mesa de Bilbao, que prohibió la utilización de los

urinarios a un policía nacional urgido por la necesidad. El argumento fue, simplemente, «porque usted no

puede estar aquí». La más desconfiada fue también una viuda de esta localidad que exigió que su difunto

fuera borrado del censo ante el temor de que la mesa aprovechara en beneficio propio el voto. El más

reticente fue un comunista de Requena (Valencia) que exigió la retirada del crucifijo que se encontraba

tras la mesa electoral de la que formaba parte. Los más precoces en el derecho al voto fueron los menores

de edad, murcianos, de La Unión, a quienes el delegado del Gobierno, Eduardo Perrera, autorizó a

depositar sus papeletas en una mesa especial para «cultivar la práctica de la democracia».

 

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