Los resultados de las elecciones del 22 de junio. 
 El fracaso de Coalición Popular     
 
 Diario 16.    25/06/1986.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

LOS RESULTADOS DE LAS ELECCIONES DEL 22 DE JUNIO

El fracaso de Coalición Popular

COALICIÓN Popular ha cosechado un resultado mediocre en las elecciones generales celebradas el pasa-

do domingo. Con un censo acrecentado en 2.217.052 personas, obtuvo 233.137 votos menos que en 1982.

El porcentaje de su cuota electoral sobre voto emitido sólo descendió —gracias a la abstención— en 18

centésimas (ha pasado del 26,18 al 26), pero su pérdida de votos representó el 4,45 por 100. En con-

secuencia, su representación parlamentaria en el Congreso de los Diputados ha disminuido en un escaño,

de 106 a 105.

Estos datos son la enésima confirmación de la teoría del techo, según la cual, Coalición Popular tiene

limitaciones estructurales, internas, que le impiden acrecentar su peso parlamentario. No podía disponer

esta formación de mejor terreno abonado para echar raíces: el partido gobernante ha dado en tres años y

medio multitud de motivos para la réplica parlamentaria, han surgido frecuentes movimientos de

descontento popular ante sus resoluciones y sus actitudes, y, por si fuera poco, la formación política que

podría restarle escaños en las elecciones, el Partido Reformista Democrático, no logró conectar con el

electorado.

Era de esperar que el principal grupo de oposición aumentara su peso electoral ante el desgaste del

Gobierno. No haberlo logrado y haber experimentado, en cambio, un retroceso, aunque mínimo, hay que

valorarlo efectivamente como un fracaso. Si el electorado ha castigado con su voto al partido del

Gobierno, ha dado también un correctivo al partido de la oposición.

No han pasado inadvertidos a los electores los gruesos errores de Coalición Popular, entre los que cabría

citar los siguientes: la propuesta de abstención en el referéndum sobre la OTAN; la no utilización de la

moción de censura, recurso que ha sido puesto en práctica, por ejemplo, por la oposición socialista de

Chirac tres veces en los primeros cien días de gobierno; la formalización de un pacto para el reparto de

los magistrados del Tribunal Constitucional; la falta de coherencia de algunas acciones, como la campaña

emprendida contra el director general de RTVE, que se desvaneció en una de las «escenas del sofá» entre

Felipe González y Manuel Fraga, escenas que, por cierto, contribuyeron a difundir una ascendencia del

jefe del Gobierno sobre el jefe de la oposición.

Como era de esperar, el único dirigente de CP que ha interpretado los resultados electorales como un

éxito ha sido Fraga. Los otros dos, José Antonio Segurado y Osear Alzaga, se han mostrado insatisfechos,

y este último ha desvelado ya sus intenciones de separarse de una Coalición que no acaba de alcanzar sus

objetivos.

La reacción del Partido Demócrata Popular de Osear Alzaga constituye sin duda el revulsivo que debe

originar un replanteamiento total de la opción conservadora, e incluso de su máximo liderazgo.

Ciertamente, el PDP, cuyos dirigentes tienen bien ganada fama de in-solidarios para con sus compañeros

de formación desde los tiempos de UCD, habrá desconcertado a los electores de CP con su actitud,

máxime si se piensa que, según encuestas, la democracia cristiana —que ya concurrió sin éxito a las

elecciones del 77— no tendría por sí sola representación parlamentaria en este país. Pero no puede

negarse que el conformismo ante el naufragio de la Coalición hubiera estancado la búsqueda de una

auténtica alter-- nativa al socialismo. Manuel Fraga, hombre de reconocibles méritos, tiene sin duda un

papel que jugar en la política española, pero quizá, por todo lo apuntado más arriba, ese papel no pueda

ser el de encabezar el centro-derecha.

Así las cosas, lo deseable es que el paso dado por Alzaga y sus hombres produzca un auténtico debate

interno en este espacio político, que sirva para descubrir verdaderos cauces integradores de la «otra»

mayoría, simétrica de la socialista. Y, desde luego, quizá la formación por Alzaga de un grupo

parlamentario aparte no sea la única medida quirúrgica que quepa aplicar con este designio: el problema

es más arduo y complejo.

En cuanto a los resultados electorales concretos, CP ha perdido un escaño en seis provincias: Asturias,

Zaragoza, Barcelona, Sego-via, Cuenca y Tenerife, y ha ganado también un escaño en otras cinco:

Melilla, Cáceres, Guadalajara, Soria y Zamora; en las tres primeras se lo ha arrebatado al PSOE, y en las

dos últimas, a la desaparecida UCD. Al obtener el único escaño de Melilla, CP sólo queda sin

representación en tres circunscripciones: Guipúzcoa, Gerona y Ceuta. Solamente en tres de las provincias

en que ha obtenido representación disfruta de un escaño más que el PSOE —Lugo, Pontevedra y Soria—,

además de ocupar el único en disputa en Melilla, y en otras cinco en que está empatada a escaños con el

PSOE le ha superado ligeramente en número de votos: Orense, Avila, Burgos, Segovia, Zamora. El resto

de las provincias son el reflejo de la incontestable derrota de una oferta política que no ha logrado

constituirse eficazmente en oposición.

 

< Volver