Balance electoral. El hombre de imagen de Adolfo Suárez. 
 Alfredo Fraile: Estoy seguro de que con dinero habríamos logrado más escaños para el CDS     
 
 Diario 16.    25/06/1986.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

BALANCE ELECTORAL 86

EL HOMBRE DE IMAGEN DE ADOLFO SUAREZ

Alfredo Fraile: «Estoy seguro de que con dinero habríamos logrado más escaños para el CDS»

Alfredo Fraile ha pasado de Julio Iglesias a Adolfo Suárez. Ha permanecido una docena de años junto al

cantante, pero hace año y medio decidió regresar a Madrid y dedicarse a asesorar famosos, realizar la

publicidad de marcas comerciales y llevar la imagen de personas del espectáculo. Es el hombre de

Berlusconi en Madrid y ahora es también el hombre de Adolfo Suárez. Hace un par de meses cambió su

vida profesional cuando entró en su despacho Chus Viana ofreciéndole llevar la campaña de Suárez. Dijo

que sí, a pesar de que otro político, Fraga, le había ofrecido lo mismo por una cantidad de dinero diez

veces superior. Pero le gustó Suárez, y Fraile no se ha quitado la camiseta del CDS.

«Suárez se opuso a la instrumentalización del

23-F. Yo tenía preparado para hacer las fotos en el hemiciclo, él sólo, pero Adolfo se opuso»

MADRID.—«Aún no entiendo por qué dije que sí a Adolfo —cuenta—. Era un desafío; nunca había

hecho nada para un político y me apetecía el reto. Tenía pocos medios económicos, pero un gran

potencial humano. Esa ha sido la clave del buen resultado. Suárez, esa es la clave, más la gente que le

rodea y la gente que ha trabajado en la campaña.» Y explica su campaña: «Hicimos un trabajo pensando

en lo que queríamos vender, que no era un producto, sino una persona real, un político. El error de otros

grupos fue quizá no estudiara fondo el personaje al que se presentaba como candidato.»

Se encontró un hombre flexible, «muy inteligente, que se acomoda a lo que cree que le conviene, aunque

nunca actúa en contra de sus principios. Suárez, por ejemplo, se opuso a la instrumentalización del 23-F,

y si entró en la polémica fue porque le obligaron las acusaciones de los socialistas. Bueno, yo tenía

preparado a Castellví para hacer las fotos de Suárez en el hemiciclo, solo, con todos los permisos, pero

Adolfo se opuso». Pensaron otro slogan antes que «El valor del centro», que finalmente se llevó a la

campaña. Se trataba de «Contigo, yo puedo», pero, según Fraile, «a Adolfo le pareció pretencioso. Por

atraparte, el del valor tenía una carga subliminal que la gente captó muy bien».

Fernando Castedo

Fraile, que siempre llama Adolfo al presidente del CDS, muestra un entusiasmo que contagia y no duda

en reconocer que se siente fascinado por la personalidad de Suárez, y por Chus Viana, y por Fernando

Castedo, los hombres del presidente. Y siente pena por el hecho de que Castedo no haya logrado escaño

en Sevilla, «aunque creo que tendrá un papel político importante en el partido desde fuera del

Parlamento». Niega Fraile que Suárez sea antinorteamericano y antimilitares: «Se ha puesto enfrente de la

Banca, pero, en cambio, no estoy de acuerdo sobre los militares y sobre América. Es más, conozco

muchos militares que están muy de acuerdo con lo que dice Adolfo, y me consta que él siente un gran

respeto por el Ejército.» En cuanto a la Banca, «estoy seguro de que sí hubiéramos tenido más dinero

habríamos logrado más escaños, seguro. Con dinero se puede llegar a más sitios, y más gente tendría

acceso al programa que se presentaba».

Programa Milá

No niega el papel que tuvo en la precampaña y en el resultado final el programa de Mercedes Milá. «Se

preparó todo aquí, en esta oficina. Mercedes había invitado hacía tiempo a Adolfo, y aceptamos. Trajimos

al despacho unas cámaras, un equipo y grabamos una y otra vez, estudiando las preguntas, las respuestas.

¿Con la Milá? No, nosotros solos, el equipo. Hicimos hasta cuatro programas y se nos ocurrían preguntas

nuevas, matices nuevos. Fue todo difícil porque Adolfo tiene terror a las cámaras, no le gustan, ni siquiera

quería ver los spots del CDS, los programas institucionales. Y el programa de la Milá lo estudiamos

afondo, viendo todo lo positivo y lo negativo que se podía hacer. Y sí, aquello fue tan bueno que el

Gobierno nos cerró las puertas de Televisión a partir de ese momento.» Sus mejores palabras son para

Agustín Sahagún. «No tiene nada que ver con la imagen que da. Es una persona extraordinaria, humana,

muy inteligente, muy fiel; sobre todo muy fiel. Quería vender todas sus obras de arte para financiar la

campaña. Estaba dispuesto a hacer cualquier cosa.» Y salta cuando se le dice que Suárez ha dado en

algunos momentos una imagen agresiva. «No, no es agresivo; es valiente.» Luego habla de sí mismo: «Yo

no tenía ni idea de esto, de campañas políticas, y no sé muy bien cómo he llegado a meterme. Dios me dio

una especial suerte, que consiste en saber lo que a la gente le gusta y cómo llegar a la gente. Y de eso he

vivido, y vivo desde hace dieciocho años. Hablo poco pero me fijo mucho.» En cuanto a la diferencia en

trabajar para un político o para un cantante, dice que «en el mundo del espectáculo se pueden utilizar

argumentos que en el mundo de la política estarían mal vistos, como, por ejemplo, un romance. La forma

de comunicar es diferente. En el político hace falta credibilidad, que convenza. En el espectáculo, que el

personaje distraiga». En un momento determinado desliza el nombre de Manuel Monífort, el publicista

catalán que ha diseñado los carteles del CDS, persona por la que Fraile parece tener una gran admiración.

Personas con cansina

Y vuelve a hablar de la política, de campañas políticas, ese mundo en el que acaba de estrenarse: «Adolfo

y Felipe son las dos personas con mayor carisma de la política española, con más fuerza. Creo que lo que

Suárez defiende lo podría defender Felipe, y muchas de las cosas que defiende Felipe las podría defender

Adolfo. Felipe comunica muy bien y en televisión es un genio, traspasa la pantalla. ¿Guerra? Me divierte

mucho, creo que tiene mucho ingenio. Fraga es más difícil. Creo que es una bellísima persona, pero ha

transmitido durante mucho tiempo de su vida un autoritarismo que a la gente le asusta. Estoy seguro de

que es una persona muy buena, pero su imagen es difícil de hacerla cambiar. ¿Si yo lo haría? No sé, me

suelo atrever a locuras muy grandes.»

 

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