Autor: Alonso Nadales, José Ramón. 
   Ante un debate nacional     
 
 Hoja del Lunes.    19/05/1980.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Ante un debate nacional

DARÁ mañana martes, día 20, está anunciado el comienzo de un debate en el Congreso, en torno al cual se ha acumulado posiblemente una excesiva carga de expectación e incluso de sensacionalismo. Es normal que ante (os acontecimientos de un país —reflejo de un mundo convulso, donde todos los problemas se acumular»—-, et Gobierno acuda de tiempo en tiempo al Parlamento para hacer un balance de sus proyectos e incluso exponer ante los diputados, depositarios de la opinión pública, los grandes interrogantes que plantea la vida nacional. «Acudo ante sus señorías —-decía don Antonio Maura en el gran de--bate de diciembre de 1918— no para discutir, sino para reflexionar.» Hoy y en un régimen de democracia los programas de gobierno se expresan en el discurso de investidura, que requiere una satisfactoria dosis de parlamentarismo. Existe una democracia sana y positiva y otra que llamaríamos democracia negativa, que, como diría Ortega, es aquella que está basada en «los valores ínfimos». Desde Costa acá han sido muchos los españoles que han opinado que los parlamentos no sirven para nada y a su lado quienes sostienen que la vida parlamentaria lo resuelve todo, los dos, sin duda, equivocándose en sus opiniones encontradas y extremosas. Ls parlamentos son indispensables para que a través de ellos expresen los pueblos su voluntad decisoria, pero sin caer ni en espejismos fáciles ni en milagrismos inútiles. En definitiva, en estos grandes debates vence quien está en poesión de ¡a mayoría. O la democracia se basa en esto o las instituciones democráticas se encontrarían en peligro.

PERO el parlamentarismo puede convertirse en una falacia, en una enfermedad, que en Italia ha llegado a ser una peligrosa endemia y que en Francia condujo a la muerte de la IV República, que falleció por la debilidad p por la insania de un parlamento estéril, inútil, barullón y caduco. Sólo cuando se produce un equilibrio entre la crítica parlamentaria y quienes tienen la responsabilidad creciente de la acción de gobierno, como es el caso de Norteamérica o de Francia, allí donde existe un ejecutivo fuerte, es posible ese equilibrio de los poderes sin los cuales cualquier sociedad entra en un .rápido declive. No olvidemos que fue también Ortega, un desengañado del parlamentarismo estéril, quien afirmaba que «la democracia negativa es el natural resultado de una sociedad fundada en los valores ínfimos». Esto es: de los valores superfetatorios o añadidos, que de muy poco o de nada nos sirven. Todas las hinchazones pertenecen, a la patología.

HOY un amplio sector de nuestra prensa, que no necesariamente de nuestra opinión pública, ha puesto en el debate del martes y acaso de los días siguientes una hinchazón excesiva. ¿Por qué alientan tanto el parlamentarismo aquellos que cuando triunfan suprimen todo parlamento y se quedan en su apariencia para dar un barniz de falsa democracia a un buró político? Cuando hemos vivido cuarenta años imitando en la tramoya a las viejas Cortes de Castilla, ir de pronto al extremo opuesto es un notorio peligro. En una democracia equilibrada y sana los parlamentos son imprescindibles, no sólo para la definición de las opciones, sino para que se clarifiquen las opiniones políticas. El examen parlamentario es imprescindible en la democracia, pero sin la ingenuidad prefabricada de que un debate va a resolverlo todo, porque no estando ningun partido dispuesto a mudar de opinión esto resulta imposible en el sistema de partidos. Cada cual defenderá su ptopio punto de vista, y puede suceder que el debate no deje las cosas más claras, sino ante la opinión pública mayormente confusas y difíciles. Existiendo siempre varias opciones de poder, cada grupo político tiene el suyo y los cambios se miden por largos períodos.

Nuestra historia sólo conoce un debate en el cual todos concordaron en el hemiciclo, y fue cuando en 1839 Olózaga se abrazó con los espárteoslas.

EL debate del 20 de mayo de 1980 debe centrarse en torno a los 16 puntos de una declaración gubernamental que abarca desde el desarrollo constitucional hasta el terrorismo, desde la economía hasta la crisis energética y las autonomías. Dieciséis temas son muchos, pero ya han comenzado su Itanto quienes sostienen que faltan cosas, y que la política internacional debera definirse con vistas a la Conferencia de Madrid. Pero si lo que reclama la Conferencia de Madrid es precisamente que no nos situemos en bloque alguno, y que podamos ser invitantes de los dos para asentarnos en una neutralidad previa, exenta de peligrosos neutralismos! El documento que desde mañana va a ser sometido a debate es uno de los más amplios que sé hayan conocido en nuestra historia parlamentaria, y el que más abiertamente recoge ios temas del momento difícil en que vivimos. Pues bien: no se ha hecho otra cosa que anunciarlo y ya desde algunos sectores ha comenzado el pateo, que sería el mismo si los ternas fuesen un centenar, porque se trata de oponerse y no de enterarse del contenido. ¿Es que vamos a llevar el

partidismo hasta la ceguera, y convertir infortunados casos personales en traumas nacionales, elevando a categoría determinados y personalísimos ombligos? Estamos una vez más ante la irreductible ceguera de algunos, egoísmos. ¿Quién puede hoy aducir, sin sentir un íntimo rubor, que se está recortando el uso de las libertades cuando en una región española existe cada día el drama sangriento del liberticidio? «El imperio de la ley se traduce en la primacía de la Constitución.» Lo demás son lloriqueos O pataletas de niño. CURAR a ta democracia de algunos de sus males mas visibles-y no es el Gobierno quien asesina— es lo que debe resultar del debate de los proximos dias. Se ha salido sin gravísimos traumas del pasado, y para caminar hacia ef futuro hay que hacerlo con pie seguro y firme. Decía aquel gran liberal que fue Bertrand Russell que «he hablado de la libertad coma un bien, pero no es un bien absoluto. La libertad debe ser limitada por ley y sus formas más valiosas sólo pueden existir dentro de un marco de leyes».

Otra vez nos encontramos en lo que llamó John Dos Passos et intento de «encajar un taco cuadrado en un agujero redondo», porque se trata desaplicar un texto constitucional y autonomista a un Estado moderno construido en un molde autoritario y centralista». Adolfo Suárez, hay que decirlo, es el hombre que acaso con inevitables fallos humanos —y no sería hombre si no los tuviese, sino un Dios del Olimpo—, ha sabido llevarnos a Ja democracia desde el vórtice del autoritarismo. Cuando precisamente todo es posible si caminamos paso a paso, algunos extremistas plantean el desafío de «todo y ahora mismo». Quererlo todo y ahora es lo que desde 1810 hasta ayer nos ha llevado a los mayores desastres nacionales y políticos. Tropezamos siempre por querer • demasiado, como un día dijo Nietzsche. SIGLO y medio de experiencias desdichadas deben acostumbrarnos a no jugarlo todo a una misma carta, a no confiar et mañana a las volanderas palabras, por importantes que sean, de un debate político. España seguirá existiendo, y tendrá otros problemas, y otros debates, y otros dolres, y otras alegrías. ¡Que la vana política no lo envenene todo, y antes que nada que el partidismo ciego no nos extravíe! Estamos en ese momento en el cual, con tiempo y pausa, o la democracia se consolida o tropezamos otra vez en las querellas kabileñas de quienes no se avienen a la prudencia de las conductas y la moderación de los principios.

Hace muy poco más de un siglo escribió Carlos Marx sobre los sucesos españoles que los extremistas «nos han dado un ejemplo insuperable de cómo no se hace una revolución». ¿Vamos a repetir lo mismo por gracia de quienes creen que el rebuzno sustituye a las ideas y que la democracia se construye en el Parlamento golpeando los pupitres?

Del debate de los días próximos podrá deducirse si somos un pueblo adulto o si caemos de nuevo en un irracional infantilismo. Respaldar a la democracia es lo contrario de asesinarla con la artillería de los gritos. Exigirlo todo es fácil. Lo difícil es recordar que la política, y sobre todo la democracia, son el arte de lo posible. Exigirlo todo es acorralar a la democracia en un callejón sin salida.

Jose-Ramon ALONSO

 

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