El voto de censura     
 
 El País.    22/05/1980.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

OPINIÓN

EL PAÍS

El voto de censura

AYER Y anteayer, el Congreso fue parcialmente liberado del secuestro que ha

alejado a la opinión pública de los representantes de la soberanía popular por

la acción. " combinada del consenso. La moción de censura presentada por el

Grupo parlamentario" Socialista, precedida del discurso, espléndido en su forma

y notable por su contetenido, de Felipe González, refuerza, en esa perspectiva,

la tendencia a ésa ruptura del consenso y a la dinamización de la vida política

y del sistema parlamentario. Sería imperdonable que el debate que se reanudará

la próxima semana para discutir y votar esa moción no tuviera la cobertura de

televisión y radio del Pleno que ayer concluyó.

Resulta por lo demás muy improbable, por no decir imposible, que la moción de

censura presentada por el PSOE, que para prosperar necesitaría la mayoría

absoluta del Congreso, llegue a ser aprobada.

No parece, sin embargo, que el propósito de los socialistas sea tanto obtener

para Felipe González la presidencia del Gobierno, aparejada a la aprobación de

la moción de censura, como presentar su propia alternativa, forzar las restantes

formaciones políticas a clarificar sus posiciones y dramatizar los errores,

insuficiencias y torpezas del gobierno Suárez.

No faltan motivos, desde luego, para ese rejón de castigo. Las graves

responsabilidades, por acción o por omisión, del Gobierno en el acoso al

ejercicio de la libertad de expresión, en los recortes de otras libertades, en

la reaparición de la violencia fascista y en la cobertura dispensada a la

corrupción y el despilfarro en Televisión Española no significan sólo una

congelación del proceso democrático, sino una preocupante involución hacia las

prácticas autoritarias anteriores al 20 de noviembre de 1975. Es altamente

significativo que el Gobierno no termine de darse cuenta de que su renacido

talante autoritario es una voluminosa joroba en sus espaldas de la que sólo UCD,

por falta de espejos, no advierte.

La llamada segunda lectura del título VIII de la Constitución, por lo demás, no

podrá ayudar a la reorganización territorial del Estado en tanto que las heridas

abiertas por las inconsecuencias y arbitrariedades de UCD, que ha pasado de la

teoría de tabla de los quesos a la consigna de café para todos, no cicatricen en

las regiones cuyos agravios comparativos fueron despertados a destiempo y luego

mandados a la cama sin cenar por el Gobierno. Y para lograrlo es preciso que los

centristas realicen una reflexión mucho más critica sobre sus anteriores

planteamientos, dejen de fingir coherencia en su estrategia autonómica y no

intenten comprar voluntades políticas multiplicando cargos y escaños que

aumenten el gasto público sin más función que contentar la vanidad de la clase

política desempleada.

El paro y la inflación son, en buena parte, consecuencias de la crisis económica

internacional. Pero esa obvia constatación no puede ser manejada por el Gobierno

como una coartada para ocultar sus insuficiencias y sus errores. La crisis

energética hunde sus raíces en el alza de los crudos. Pero hay todavía mucho por

hacer en la utilización de nuestros recursos y en el ahorro energético. Y el

galopante déficit del gasto público, en abierta contradicción con los

compromisos asumidos por el Gobierno hace pocos meses, está siendo empleado, en

buena parle, en gastos corrientes para el automantenimiento de la propia

Administración y en balones de oxígeno para empresas públicas mal gestionadas o

para escandalosas bolsas de despilfarro. El Gobierno del señor Suárez no es

responsable, evidentemente, de la crisis económica mundial o del afea de los

crudos, pero es el principal culpable de que la reforma de la Administración y

de la empresa pública siga aplazada hasta las calendas griegas.

Finalmente, Suárez no ha logrado despejar las. incógnitas de su política

exterior, incógnitas alentadas con el hermético silencio que ha guardado, tanto

en esta ocasión como a lo largo de los meses anteriores, sobre los objetivos y

el sentido de nuestra acción internacional. Silencio que lo mismo puede encerrar

secretos cargados de peligros para nuestra soberanía y nuestra seguridad que el

puro vacío. Es sencillamente inaceptable que, en estos tiempos de guerra fría,

de amenazas y chantajes procedentes del Norte de África, de dudas y vacilaciones

acerca de la integración española en Europa; de indefinición de nuestra política

latinoamericana y de riesgos de conflicto bélicos en el Oriente Próximo,los

ciudadanos ´ sean mantenidos en una completa ignorancia del significado y los

propósitos de los viajes del presidente del Gobierno.

Un Gobierno, en fin, que ha reajustado su plantilla en un penoso parto de los

montes del que sólo conocemos los lamentos de los excluidos y las sonrisas de

los recién llegados, pero cuyas claves y razones se nos escapan. La moción de

censura del PSOE sólo podría prosperar en el improbabilísimo caso de que UCD se

rompiera en el momento de votarla. Sin embargo, la supuesta fragilidad del

partido del Gobierno se revela cada vez más como una fábula escrita por la mala

conciencia de aquellos de sus líderes deseosos de nadar y guardar la ropa.

Paradójicamente, en este sentido la moción de censura contra el presidente del

Gobierno puede ser para él un regalo del cielo que fortalecería la unidad de U

CD en torno suyo y le garantizaría el éxito —hasta ahora problemático para él—

en el congreso del partido el próximo otoño.

 

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