Autor: González Muñiz, Antonio José. 
   La estrella de Sevilla     
 
 Ya.    29/05/1980.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Acotaciones a la sesión

LA ESTRELLA DE SEVILLA

• El señor Suárez (don Adolfo) se puso cómodo en su escaño, clavó su atención en

el aspirante a sustituirle en la presidencia del Gobierno, el joven y apuesto

líder socialista, señor González (don Felipe), y esperó, dispuesto a aprender —

que siempre es bueno en un político— cuanto quisiera enseñarle el candidato

sevillano.

• El señor González (don Felipe), cuando al filo de las casi dos horas de

discurso, exhausto y con las cuerdas vocales laceradas, dijo aquello de que

«había estado lento y pesado», el propio señor González (don Felipe) había hecho

el diagnóstico honesto y real de su intervención.

• El señor Suárez (don Adolfo), sin duda, sintiéndose bien afincado en su escaño

de presidente del Gobierno parlamentario, después de escuchar el programa

gubernamental de su adversario, acaso recordando a Churchill, se haya dicho:

«Siempre estoy dispuesto a aprender, aunque no siempre me gusta que me enseñen».

• El señor González (don Felipe) no enseñó mucho con la exposición detallada, y

a veces minuciosa, de lo que pudiera ser el programa de Gobierno si los

socialistas llegasen al poder en la tarde de hoy, por la voluntad de los votos,

y sin necesidad de ganar unas elecciones. Es decir, llegar a la Moncloa por el

atajo del Congreso.

• En otras ocasiones hemos elogiado la imaginación política, el sentido realista

y la labia salada y salerosa del señor González (don Felipe). Era cuando estaba

en su papel de ser oposición, es decir, de exigir y prometer más y mejor,

sabiendo que el Gobierno no se lo iba a conceder. Cómoda postura.

• Mas ayer el candidato a sustituto del señor Suárez tenía que exponer un

programa concreto y esperanzador de Gobierno, y demostró que es mas sencillo

criticar que construir; azuzar en los debates que escribir un programa con mano

de estadista en vísperas solemnes y comprometedoras. No le hemos visto con aire

de presidente del Gobierno.

• Gracián decía, refiriéndose a un político: «Tu vida es un discurso». Ese

discurso lo pronunció ayer el señor González (don Felipe). El discurso no parece

tan atractivo como para arrastrar a la grey parlamentaria. No tuvo más aplausos

que los de sus afines. Antes del discurso el señor González era una esperanza;

después del discurso nos parecía una desilusión.

A. J. GONZÁLEZ MUÑIZ

 

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